COSTA RICA VOLCÁN

El volcán Turrialba, un viaje entre la ceniza y lo lúgubre

  • La ceniza provoca que las plantas no puedan realizar la fotosíntesis y su acidez quema los árboles y las plantaciones

El volcán Turrialba, un viaje entre la ceniza y lo lúgubre Vegetación muerta por las erupciones de ceniza del volcán Turrialba. EFE/Jeffrey Arguedas

EFEverde.- Las casas abandonadas, los árboles sin hojas y el exceso de ceniza, es lo que se puede observar en el sector oeste de las faldas del volcán Turrialba de Costa Rica, que en el 2014 volvió a encender las alarmas por su constante actividad.

“Esto ha provocado que pueblos que antes eran de color verde ahora sean grises”, describió a Acan-Efe el vulcanólogo de la Red Sismológica Nacional (RSN), Gino González.

El dinamismo del volcán durante el segundo semestre del 2014 puso a correr a las autoridades de emergencias de Costa Rica ya que desde hacía 150 años no se reportaban grandes erupciones de ceniza en el sitio.

El volcán Turrialba, que desde el 2007 había demostrado que estaba activo, aumentó su actividad sísmica y expulsó material magmático en pequeñas cantidades, situación que los vulcanólogos no se esperaban.

“El volcán entró en un periodo de actividad muy diferente, en el cual aumentó un poco más su peligrosidad. Pasamos de ver emisiones freáticas (de gases y agua) a tener magma y a partir de eso la actividad ha continuado en aumento”, explicó González.

Toda esta situación provocó que algunos pueblos cercanos al volcán tuvieran que ser desalojados para resguardar su seguridad.

bosque cubierto por ceniza en los alrededores del pueblo de San Gerardo de Irazú

Bosque cubierto por ceniza en San Gerardo de Irazú.EFE/Jeffrey Arguedas

 

Según los datos de las autoridades, la ceniza expulsada en octubre del 2014, cuando el coloso aumentó su actividad, fue transportada por los vientos del oeste al suroeste, recorriendo cerca de 65 kilómetros, sin embargo, los más afectados fueron quienes estaban a su alrededor.

Efectos sobre la naturaleza

En el panorama de las faldas del oeste del coloso ahora destacan las casas abandonadas, la falta de animales, los árboles sin sus hojas y la ceniza.

“Este es un cambio paulatino del volcán que inició desde el 2007. La caída de ceniza provoca que las plantas no puedan realizar su fotosíntesis y su acidez hace que se quemen los árboles y las plantaciones”, indicó el experto.

Según explicó González, la ceniza “es un polvo incómodo” y su partícula se adhiere más a las cosas, destruyendo así los artículos del hogar principalmente tecnológicos.

“Imagínese una persona que tenga que lavar la ropa por la mañana, la pone a secar y en la tarde la tiene que volver a lavar porque está llena de ceniza”, describió.

A pesar de que no se pueden hacer suposiciones sobre el futuro eruptivo del Turrialba, el vulcanólogo explicó que es muy probable que se vuelvan a presentar erupciones como las del 2014.

“En las observaciones de campo hemos ratificado que el volcán está muy activo y ha realizado una serie de explosiones incluso de magma. Partiendo de ahí es posible que hayan erupciones como las del año pasado, pero todavía tenemos que ver cómo evoluciona”, dijo González.

Añadió que históricamente el Turrialba, y otros volcanes de Costa Rica, como el Poás, ubicado en la provincia de Alajuela (centro); el Irazú, en Cartago (centro) y el Rincón de la Vieja, en Guanacaste (Pacífico norte), se han mantenido por periodos de unos dos años luego de realizar una erupción fuerte.

“Son volcanes que tienen erupciones que duran grandes ciclos e incluso años de manera intermitente. Con el Turrialba es como decir que se está ‘enfermo’ y tiene recaídas. Está en una fase de desequilibrio”, aseguró.

Parque Nacional

El Turrialba, que también es un Parque Nacional, está localizado unos 70 kilómetros al este de San José y ya ha tenido episodios como este en los cuatro años anteriores.

La Comisión Nacional de Emergencias (CNE) mantiene una alerta amarilla (intermedia) para prevenir a las poblaciones cercanas.

El panorama lleno de ceniza contrasta con las bellezas naturales que rodean al volcán y donde la ceniza no ha causado daños.

El coloso se ha convertido en un atractivo turístico más de la zona de Turrialba, una comunidad que en los últimos años ha apostado por el turismo de aventura en sus ríos rápidos y por el contacto cercano con la abundante naturaleza del lugar. EFEverde




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