FIESTA ÁRBOL

Villanueva de la Sierra celebra la Fiesta del Árbol más antigua del mundo

Villanueva de la Sierra celebra la Fiesta del Árbol más antigua del mundo Imagen facilitada por Miguel Herrero de la recreación histórica en la fiesta. EFE

La pequeña localidad de Villanueva de la Sierra, (Cáceres) celebra el domingo 26 de febrero la Fiesta del Árbol más antigua del mundo ya que data de 1805, aunque ha sido declarada como Bien de Interés Cultural (BIC) hace sólo un par de meses.

Esta iniciativa fue impulsada por el párroco Ramón Vacas Rojo “con criterios muy modernos, pues no fue una simple plantación sino un festejo de varios días que implicó a todos los habitantes de este pueblo de la Sierra de Gata, motivados por razones ecológicas”, ha explicado a Efeverde el naturalista, escritor y divulgador Miguel Herrero Uceda.

Fiesta del Árbol más antigua

En la documentación original de principios del siglo XIX, se recomienda repoblar el municipio “no por una mera cuestión de ornato sino para proteger un bien común necesario en el ciclo del agua” ya que, “talados los árboles, las lluvias arrasan todo y, cuando se van las aguas, queda la sequía” mientras que en un territorio con bosque y vegetación “la humedad se mantiene todo el año y ello beneficia también a la fauna y, por supuesto, a los seres humanos”.

El sacerdote redactó un manifiesto para que la propuesta fuera imitada en otros pueblos, con perspectivas de futuro y pensando en las siguientes generaciones.

Usando las palabras de Vacas Rojo: “perfeccionemos esta obra que alabará la posteridad” para que “nuestros nietos reposen a su sombra y nos bendigan, y miremos en adelante con ceño y horror la pérfida mando que intentare aplicar la segur -el hacha- a sus troncos”.

Para Herrero Uceda, es una actitud “sorprendente” en un momento en el que “Napoleón estaba dando palos a diestro y siniestro por Europa y no había ecologistas, porque la gente veía la Naturaleza como algo inabarcable, que siempre estaría allí” para aprovecharla a discreción.

Villanueva de la Sierra ha celebrado esta fiesta desde entonces con el acto central en martes de Carnaval aunque, para su declaración como BIC, ha sido necesario fijar un día concreto del calendario y el pueblo escogió el 26 de febrero, por ser aniversario de la primera.

La fiesta, hoy

El próximo domingo, los vecinos plantarán árboles y desarrollarán diversas actividades como una muestra de artesanía, un banquete popular con cabrito al estilo 1805 o la presentación del libro Vive la fiesta del árbol, escrito por Herrero Uceda y su hermana Elisa, doctora en biología e ingeniera informática.

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Imagen facilitada por Miguel Herrero en la que aparece junto a su hermana Elisa presentando el libro oficial de la fiesta. EFE

“Es un texto lleno de curiosidades, anécdotas, adivinanzas y poemas” relacionados con los árboles “más emblemáticos de nuestro paisaje” como olivos, encinas, alcornoques, castaños, hayas, robles, pinos o álamos, entre otros.

Respecto al hecho de que la fiesta sea poco conocida, cree que “pasa como con todo en España, donde hemos tenido pioneros en todos los campos pero sufrimos un complejo de inferioridad” y “pensamos que todo lo que viene de fuera es necesariamente bueno mientras que lo nuestro no merece la pena, lo cual es absurdo”.

Por ello, ha recomendado implantar esta fiesta en otras pequeñas localidades para dinamizarlas pues el mundo rural está “seriamente” amenazado por la urbanización y una “excesiva legislación diseñada desde despachos donde se decide exclusivamente desde el punto de vista de la ciudad, a menudo diferente del de los pueblos”.

El mundo rural, en peligro

Herrero Uceda denuncia que “muchas actividades y tradiciones están muriendo tontamente” por esta ausencia de perspectiva que “intenta aplicar a un pequeño productor, que trabaja para sí mismo y sus vecinos, las mismas normas que para industrias que elaboran productos destinados a millones de personas”.

Cita como ejemplo el hecho de “una persona con un rebaño de cabras tiene que tener una cartilla por cada cabra y entretenerse en un exceso de papeleo y legislación que, al final, acaba cansándola, por lo que abandona esta actividad”.

También se queja de los “profesionales de gasolina” como funcionarios o maestros que residen en ciudades y no conviven con los vecinos de los pueblos donde trabajan, sino que se limitan a pasar allí sus horas laborales.

De esta manera, las urbes “absorben los recursos naturales que producen los pueblos, sin protegerlos, y eso a la larga nos costará caro”, ha advertido. Efeverde.




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Pedro Pablo G. May
Periodista y escritor, con más de treinta y cinco años de experiencia, siempre interesado en la Naturaleza, la ciencia y las nuevas tecnologías.

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