ENTREVISTA AMBIENTAL

Luis Espinosa Galleguillos, el hombre que resolvió el enigma de una de las aves más viajeras del mundo

Luis Espinosa haciendo trabajo de campo. Foto: Luis Espinosa Luis Espinosa haciendo trabajo de campo. Foto: Luis Espinosa

Michelle Carrere / Mongabay Latam en @efeverde.- Luis Espinosa Gallegillos descubrió hace cuatro años unos de los viajes más largos del mundo realizado por un ave migratoria: el del zarapito de pico recto (Limosa haemastica), también conocido como aguja café.

Profesor de biología de profesión, Espinosa se volvió uno de los ornitólogos más destacados de Chile practicando el oficio al mismo tiempo que se dedicaba a dar clases en colegios y escuelas.

Pasó años tratando de entender por qué veía a miles de zarapitos en la isla de Chiloé durante el verano y prácticamente ninguno en invierno. Probablemente se trataba de un ave migratoria, pero ¿a dónde se iba?

Tras descubrir el sorprendente viaje del zarapito, Espinosa siente haber coronado su vida como investigador de aves.

Actualmente esta ave playera migratoria se encuentra nuevamente en Chiloé. Se quedará hasta inicios de abril para luego emprender nuevamente su sorprendente travesía de 16 000 kilómetros hasta Alaska para reproducirse.

Mongabay Latam conversó con él sobre sus hallazgos y su vida dedicada a las aves.

Zarapito de pico recto. Foto: Luis Espinosa

¿El zarapito de pico recto ya está en Chiloé? 

Así es, empezó a llegar a finales de septiembre de un viaje que inició desde la nidificación en Alaska, Canadá, un proceso que empezó en julio. Colocó huevos y a mediados de agosto inició el viaje hacia el hemisferio sur donde está comenzando la primavera.

¿Cómo descubrió que el zarapito de pico recto migraba desde Alaska a Chile?

Todo partió con una pregunta. Veíamos a estas aves en nuestro verano pero en nuestro invierno —junio, julio— no estaban o se encontraban en números bastante reducidos.

Yo me di el trabajo de consultar amigos en toda la costa del Océano Pacífico desde Canadá, Estados Unidos, México, Centroamérica, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y prácticamente nadie lo veía en gran parte del año. Algunos tenían algunos registros que fueron anotados científicamente, pero realmente no eran resultados muy contundentes.

Hice una vez un intento con éxito de marcar un zarapito de pico recto y le puse un anillo con las reglas que tenemos para hacer ese trabajo, pero nadie lo vio en alguna parte de América, porque no está en otro lugar del mundo. Nunca más supimos de él.

Algunas investigaciones de comienzos del 1900 decían que esta especie prácticamente estaba en vías de extinción. Lamentable suerte que alcanzó también al zarapito boreal (Numenius borealis), que prácticamente desde el 1900 no se ha visto ni en Chile ni en ninguna parte del mundo por lo que se asume que está en extinción.

Entonces esta investigación que hicimos fue un poco en respuesta a nuestra gran intriga.

Zarapito de pico recto. Foto: Luis Espinosa

Hace cuatro años atrás, un amigo pudo costear un transmisor satelital. Desde hacía varios años que sabíamos de esos aparatos, pero la tecnología todavía no llegaba a grandes avances y no había para el tamaño del zarapito. Habían puesto transmisores satelitales en especies de albatros, allá en la Antártida. Y claro, gracias a ellos se podía seguir a los albatros por donde viajaban, pero esos transmisores pesaban una gran cantidad de gramos. El zarapito de pico recto, debido a su tamaño y su peso, no lo habría aguantado. Así es que tuvimos paciencia y esperamos hasta que existiera el transmisor satelital que es una pequeña plataforma de casi de un centímetro, con una antena de unos 15 centímetros de largo y un panel solar para cargarlo. Lo instalamos a seis zarapitos.

¿Dónde se instala?

En la espalda. Se coloca como si fuera una mochila. Las alas quedan descubiertas, extendidas y los tirantes, que son de un material muy especial y liviano, se adosan al resto del cuerpo y se amarran de una manera bien segura.

Este transmisor no pesa más del 3 % del peso del zarapito. El que conseguimos era de cinco gramos. Creo que hoy día hay incluso algunos más livianos, pero bueno, ya pasó el tiempo.

¿Qué fue lo que el transmisor les mostró exactamente?

Cada uno de los transmisores tenía un código y nosotros podíamos seguir, a través del celular o del computador, su posición. Le preguntábamos dónde estaba el zarapito y veíamos el lugar. Los zarapitos que marcamos partieron a comienzos de abril su viaje y volaron, sin detenerse, desde Chiloé hasta Houston, Texas. Fueron prácticamente unos 7000 o 7500 kilómetros sin detenerse y lo hicieron en cinco días, un poquito más.

Uno de ellos salió atrasado porque hubo un temporal a comienzo de abril que con toda seguridad no le permitió volar. Pero apenas descampó ese temporal, voló e hizo el viaje en un poco más de cuatro días.

En Chiloé, en Chile, se concentra el 99% de las aguja café (Limosa haemastica) que salen de Alaska cada año. Esta ave ha visto reducido sus hábitats debido a que debe de compartirlo con comunitarios dedicados a la extracción del alga pelillo, que se usa en la industria farmacéutica. Foto: Brad Winn/RHRAP

El único lugar cercano a tierra por donde pasaron fue por una localidad llamada Maullín, también al sur de Chile. Eso fue lo más cercano que pasaron de la Tierra. No pasaron por las islas Juan Fernández, pasaron volando por sobre las islas Galápagos, por Centroamérica y llegaron hasta Houston. Luego fueron deteniéndose para alimentarse y llegaron hasta Canadá y desde allí continuaron hasta Alaska para nidificar. En total fueron prácticamente dos meses en proceso de viaje.

¿El hallazgo fue una sorpresa para ustedes? 

Absolutamente. Me atrevo a decir que fuimos los primeros del mundo en tener ese registro tan directo. Pero no es para una cosa de alabarse, sino para estar contentos.

He sabido que algunos investigadores hicieron lo mismo el año pasado y también vieron lo mismo. Incluso uno de esos zarapitos voló más de ocho mil kilómetros sin detenerse.

¿Cuáles son las amenazas a las que está expuesta esta ave en Chiloé?

Muchas especies en muchos ambientes enfrentan problemas para su conservación. En el caso del zarapito de pico recto y otros similares, la principal amenaza que vemos es la intromisión humana en los hábitats que él frecuenta, es decir, zonas intermareales, de marismas.

En un momento del día la marea está bastante alta y después de seis horas la marea baja, y quedan descubiertas grandes extensiones de suelo fangoso y allí se encuentran organismos que sirven de alimento para el zarapito: gusanos principalmente, poliquetos, pequeños crustáceos y también larvas de algunos moluscos.

La aguja café (Limosa haemastica) es un ave que viaja desde Canadá hasta la isla de Chiloé, en Chile. Las aves migratorias de larga distancia son las que experimentan mayores números de reducción poblacional. Foto: Natalia S. Martínez-Curci.

El hombre está interviniendo mucho en esos ambientes, por ejemplo, con la actividad salmonera. En esos centros de crianza de salmones se desprende mucha basura, pero también influye la circulación de vehículos motorizados que van a dejar a los centros de cultivo alimentos y todos los instrumentos necesarios para la producción de salmones. Esos camiones o vehículos, al pasar por este fango, cada vez lo están aplanando más y por supuesto que el alimento necesario para los zarapitos desaparece.

Se agrega a eso también la presencia de animales domésticos, como perros principalmente, que acompañan a la población humana que ha ido creciendo y habitando estos lugares de marismas. Esos perros quedan sueltos y caminan por la playa persiguiendo aves y eso altera la calidad de vida de los zarapitos.

También muchos recolectores artesanales del alga pelillo se acompañan de perros y gatos y causan el mismo problema.

¿Las salmoneras realizan una evaluación de ese impacto?

Ninguna. Por parte de los salmoneros es muy poco o prácticamente nulo el aporte al conocimiento de esta fauna.

Los perros que acompañan a los recolectores de pelillo son una amenaza para el zarapito de pico recto. Foto: Natalia S. Martínez-Curci.

¿Se han visto ya impactos sobre la población del zarapito?

Felizmente no de manera notoria. La población de zarapito en la zona de Chiloé es prácticamente del 90 o 95 por ciento de toda la población del Pacífico. Aquellos que nacieron en Alaska usan esta ruta hasta Chiloé. Calculamos que es una población no inferior a 21 mil ejemplares y no ha habido una notoria disminución de los números totales, pero nosotros detectamos que hay mucha interferencia en su desarrollo normal.

Lo que deben hacer los zarapitos aquí en el sur de Chile, en Chiloé, es descansar y alimentarse durante siete u ocho meses para adquirir una gran cantidad de energía que necesitan para realizar este viaje de 8000 mil kilómetros hasta Canadá, y luego aproximadamente 8000 kilómetros más hasta Alaska.

Si no encuentran esos lugares para obtener tranquila y cómodamente esa energía, sin duda que estamos provocando un efecto de alteración en su ciclo, tanto alimentario como posteriormente reproductivo.

Las aves migratorias de larga distancia son las que experimentan mayores números de reducción poblacional. Foto: Natalia S. Martínez-Curci.

¿Por qué ha enfocado sus investigaciones en aves playeras migratorias? 

Yo tengo el título de profesor. Soy profesor de Biología y Ciencias con la especialidad de ecología y la parte de ornitología fue un agregado. Yo no tengo el título de ornitólogo en una universidad. Sin duda que tengo muy buenos contactos con universidades y locales o cerca de aquí.

Compré un libro de aves de Chile y fui conociendo en la literatura a algunas aves y me quedé en ese campo porque lo tengo muy cerca. En los bosques los árboles no dejan ver las aves, mientras que en las playas y marismas está totalmente despejado. Entonces realmente fue por proximidad.

¿Cuál ha sido su trabajo más satisfactorio como ornitólogo ?

No me cabe duda que la investigación que hicimos con el zarapito de pico recto.

Ese resultado que yo estuve esperando por muchos años, buscando, usando telescopio, binoculares, caminando, embarrándome, mojándome, pasando hambre, finalmente lo tuve sin moverme de mi escritorio.

Una cosa similar logré en mis inicios con el marcaje o el anillamiento de aves playeras, pero a nivel local con una especie que se llama chorlo chileno (Charadrius modestus) y que nidifica principalmente en Patagonia. En el invierno, cuando ya la Patagonia es muy cruda, se viene a esta zona, pero en el verano se regresa. Hicimos muchos experimentos para capturarlos y cuando finalmente lo logramos, los marcamos con anillos de colores. Descubrimos que al año siguiente, volvían al mismo lugar donde fueron capturados.

En esos años también hice un trabajo muy parecido con un ave migratoria, pero del bosque, el fio (Elaenia albiceps). Lo capturé en el bosque de Chiloé y coloque un anillo metálico con un registro. Pues bien, lo liberé y al año siguiente otra vez vi al mismo fío, en el mismo bosque y prácticamente casi en el mismo metro cuadrado donde lo había capturado. Más satisfacción obtuve con ese fío porque lo vi durante seis años seguidos y demostró su fidelidad al lugar. Es algo que realmente me emociona, me emociona el alma.

Yo tengo un poco de corazón y cerebro en este trabajo. Soy riguroso con lo que es científico, pero no dejo de hacer funcionar también el corazón.

¿Qué es lo que más le gusta de las aves?

Su presencia, lo que significan, lo que simbolizan. Mira, yo al comenzar la universidad estudiaba con unos amigos en Temuco los insectos. Pero algo no me satisfacía en el hecho de capturarlos, tenerlos, pincharlos y dejarlos coleccionados en una caja. Teníamos los mejores registros de insectos en la Novena Región, especies que prácticamente nunca habían sido vistas o eran muy raras. Pues yo lo tenía, en una caja. Mi amigo también. Pero eso no me satisfacía. Pensaba que ese insecto tendría que haber continuado volando, viviendo, y que cumpliera su ciclo normal. Entonces hice un cambio y qué mejor que las aves que representan esos años de joven, los ideales de libertad, de volar por donde ellos quieran. Me quedé estudiándolas a ellas.

¿Cuál es su ave favorita?

El zarapito de pico recto y la golondrina, la golondrina chilena, que creo que fue la culpable de dar inicio a mis estudios más científicos. Me llamó la atención la belleza de esa golondrina y ahí me picó el bichito, como decimos, y pasó a ser una de mis predilectas.

Le construí varias casitas y yo creo que ya tengo como cuatro generaciones de golondrinas tataranietas. Converso con ellas y me traen felicidad.

Golondrina. Foto: Luis Espinosa

Esta entrevista se publica en EFEverde por gentileza de Mongabay Latam




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