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El vaso de agua de Marina Abramovic para cambiar el mundo

El vaso de agua de Marina Abramovic para cambiar el mundo El vaso de agua de Marina Abramovic para cambiar el mundo. EFE/Rolex Dela Pena

Carmen Rodríguez.- EFEverde.- Beber un vaso de agua requiere unos segundos, pero hoy la artista Marina Abramovic hizo que varios cientos de personas le dedicasen casi diez minutos, en una performance para concienciar sobre el aumento del nivel del mar y que presentó en el llamado Diálogo de la Semana Nobel.

Las cerca de 400 personas que participaron en el “diálogo” que este año trató sobre la importancia de cada gota de agua, fueron las protagonistas de la “lectura-performance” de la artista serbia en Estocolmo.

“La única manera de cambiar el mundo es cambiarte a ti mismo”, dijo Abramovic al acabar su actuación, y eso es lo que había intentando hacer minutos antes con todos aquellos que se enfrentaron a un vaso de agua colocado ante sus butacas.

Tras contar la diferencia molecular entre el agua no potable y la medicinal, la artista invitó a beber, pero tomando plena conciencia de ello, para lo que, en una especie de meditación guiada por su voz, llevo a una audiencia con los ojos cerrados a buscar su armonía interior y conectarla con la del agua.

artista invitó a beber, pero tomando plena conciencia de ello, para lo que, en una especie de meditación Guiada por su voz, llevo a una audiencia con los ojos cerrados a buscar su armonía interior. EFE/David Fernández

Abramovic, vestida con pantalón y larga chaqueta negras y una camisa blanca, usó su voz perfectamente modulada para que todos hicieran una docena de respiraciones en medio de un silencio solo roto por esas toses nerviosas que resuenan en las audiencias mudas.

Ese fue el momento para que, siempre con los ojos cerrados, el publico tomara el vaso y “despacio, muy despacio” sintiera el frío cristal y luego el “agua que llega a la lengua”.

“El agua que alimenta, que lúbrica todos tus sistemas”, mientras se bebe lentamente, y es que “siempre lo hacemos deprisa, entre dos cosas”.

Sin embargo, Abramovic hizo que la audiencia bebiera “en calma”, “con plena conciencia” y poniendo su “mejor energía en ese vaso de agua”.

Un beber que se prolongó diez minutos, “pero porque nos estamos quedando sin tiempo, que sino esto duraría una hora mínimo”, precisó la artista entre las tímidas risas del público, que había vuelto a la realidad del auditorio y del escenario bañado de luz amarillenta donde Abramovic les seguía hablando.

El agua, despertar la conciencia

La artista les contaba su último trabajo realizado en colaboración con el colectivo Acute Art y en el que se pasa a la realidad virtual gracias a un avatar realizado a partir de su cuerpo.

“Rising”, como se llama este trabajo, es “algo parecido a un videojuego” en el que Abramovic ofrece su “punto de vista” y compromiso con el problema del aumento del nivel de los mares, debido que los hielos se funden por el cambio climático.

Su yo virtual está atrapado en un tanque, al más puro estilo Houdini, y cuando el espectador pertrechado con gafas de realidad aumentada toca sus manos a través del cristal el agua empieza a subir y pugna por ahogarla, mientras al fondo enormes pedazos de hielo se descuelgan desde los icebergs del Antártico al océano.

“Rising” (creciente, ascendente) tiene dos significados, explicó, “el del aumento del agua, que es evidente, pero también el despertar de la conciencia y de cómo podemos hacer algo”.

Catálogo de buenas prácticas

Abramovic y los Premios Nobel han lanzado una aplicación para móviles basada en “Rising”, en la que el usuario puede evitar que el avatar de la artista muera ahogado por la subida de las aguas si adopta medidas para cuidar el medioambiente e intentar frenar el calentamiento global.

Y es que Abramovic llamó a la acción personal porque “es muy fácil criticar cómo funciona la política o el sistema”, pero hay cosas que cada persona puede hacer por sí misma.

Así, propuso un pequeño catálogo de buenas prácticas: reducir la basura que genero; conservar la energía y el agua; reutilizar lo que pueda; ser respetuoso con todas las formas de vida; animar a los demás a conservar los recursos naturales y educar a los más jóvenes en conciencia ecológica.

Pero, sobre todo, “reflexionar durante tres minutos sobre el bienestar de la Tierra”, ese “pequeño planeta azul que ni siquiera está en el centro de la Vía Láctea (…) donde vivimos en el paraíso, pero al que tratamos tan mal”. EFEverde




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