CONSERVACIÓN ARTEMISAN

Unos 11.000 cotos participan en programas de conservación de especies protegidas

Unos 11.000 cotos participan en programas de conservación de especies protegidas EFE/Patrick Pleul

Ciudad Real (EFE).- Cerca de 11.000 cotos de caza españoles participan de forma activa en programas de conservación de especies protegidas como el lince, el oso, el urogallo y el águila imperial, entre otros, según un informe que ha elaborado la consultura Deloitte para la Fundación Artemisan.

Estos datos supone que uno de cada tres cotos está comprometido con la recuperación de estas especies, de acuerdo con los datos contenidos en el ‘Informe de Impacto Socioeconómico de la caza en España’, que ha dado a conocer hoy la Fundación Artemisan en una nota de prensa.

Asimismo, ha subrayado que los datos ponen de manifiesto que los terrenos cinegéticos “son ideales para la recuperación de especies por su gestión”, por lo que suelen ser los espacios seleccionados para trabajar con las especies más delicadas, como es el caso del lince.

El presidente de la Fundación Artemisan, José Luis López-Schümmer, ha recordado que la caza es una actividad “legal, legítima y, sobre todo, necesaria”, sin la que se perdería el equilibrio de los ecosistemas.

Programas de conservación de especies protegidas

En este sentido, ha subrayado que es imprescindible el control de poblaciones de especies -como el caso del jabalí-, así como la gestión que lleva a cabo el sector cinegético para mejorar el entorno.

También ha recordado que el sector de la caza es el principal inversor privado en todo lo relacionado con la conservación del medio ambiente, con más de 230 millones de euros anuales.

Además, ha recordado que muchos parques nacionales y la mayoría de los espacios protegidos actuales en España fueron, en sus orígenes, cotos de caza, de forma que el aprovechamiento sostenible de especies cinegéticas y su cuidado han contribuido a que lugares de un alto valor ecológico hayan llegado a nuestros días.

Es el caso del Parque Nacional de Picos de Europa (Asturias, Castilla y León y Cantabria), Parque Regional de la Sierra de Gredos (Ávila), Parque Nacional de Doñana (Andalucía), Monfragüe (Cáceres), Cabañeros (Ciudad Real) y la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila (Zamora), entre otros.

Por otra parte, ha indicado que tal y como recuerda el informe de Deloitte, la caza mayor constituye una herramienta más dentro de la gestión ambiental.

Así, ciertas especies de ungulados, como los ciervos y arruís, ayudan a paliar los efectos negativos de la desaparición de la ganadería tradicional en extensivo, mediante la ingesta de hierbas y alimentos que solían ser alimento para vacas, ovejas y cabras, contribuyendo así al mantenimiento de hábitats como la dehesa y otros localizados en media y alta montaña, al tiempo que ayuda a prevenir incendios.

A su vez, las piezas de caza mayor proporcionan alimento a aves carroñeras como los buitres.

En el caso de la caza menor, su gestión y conservación es imprescindible para que especies protegidas como águilas y linces puedan encontrar la alimentación que necesitan para su supervivencia, según se apunta en el informe. EFE
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Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

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