ANIMALES-TERAPIA

Un águila ayuda a los enfermos de Alzheimer de una residencia vizcaína

Un águila ayuda a los enfermos de Alzheimer de una residencia vizcaína

Enfermos de Alzheimer de una residencia de la localidad vizcaína de Loiu expresan emociones ya olvidadas tras tomar contacto con un águila, llamada "El duque", en sesiones de terapia en las que desde junio de 2011 se utiliza este animal para estimular a estos residentes.

Los enfermos reaccionan de forma “muy positiva” al encontrarse frente a este animal, al que algunos incluso llegan a tocar, según ha explicado a Efe la directora de la residencia, Mari Sol Cuceiro.

Este águila comenzó a protagonizar las terapias con estos enfermos casi “por casualidad”, al ser entrenada por el operario de mantenimiento de este centro, federado como cetrero.

Historia

En el verano de 2011, el entrenador del ave, a la que se dirige con el nombre de “El duque”, ofreció por primera vez una exhibición de cetrería en las instalaciones de esta residencia. Couceiro cuenta que la sesión fue concebida no como una forma de terapia, sino dentro del programa habitual de actos de animación para los ancianos que se organizan en el centro.

Sin embargo, su aceptación entre las personas con patologías cognitivas fue tan inesperada que sus responsables decidieron repetir las sesiones una vez al mes, siempre que el águila estuviera preparada. “Tanto el personal de la residencia como los propios familiares de los residentes, que estuvieron presentes, se sorprendieron con la reacción de muchos de ellos. En lugar de sentir miedo, parecía como si el águila hubiera formado parte siempre de sus vidas”, apunta con sorpresa la directora de esta residencia de plazas concertadas con la Diputación foral. El ave, de cuatro años de edad y más de un metro de envergadura, es invitada durante las sesiones de terapia que se desarrollan en el interior de la residencia a volar para comer de la mano de los residentes, que utilizan un guante de protección.

Respuesta de los enfermos:

Las respuestas de los enfermos ante este animal son distintas y, mientras los que pueden hablar tienden a contar sus experiencias viviendas con estos animales, quienes presentan un mayor deterioro cognitivo interactúan con este ave. “Algunos tocan al animal, sonríen y, cuando les vuelves a poner el guante en el brazo, están encantados. Pero igual antes les has sentado a jugar al bingo y no les motiva mover las fichas, ni cogerlas. En cambio, con el águila no tenemos que hacer ningún esfuerzo para que participen”, destaca.

Algunos familiares, presentes en estas sesiones, han expresado también su asombro al ver en los rostros de sus allegados manifestaciones ya olvidadas. “No me lo puedo creer, mi madre sonríe al mirar al águila”, ha llegado a afirmar la hija de una de las residentes. Para el psicólogo del centro, Unai Pérez, la posibilidad de interactuar con un águila favorece la autoestima de los residentes, al sentirse “reflejados” en la imagen de fuerza de este ave y creerse, como “El duque”, igual de “poderosos”.

“Es un tema filosófico, pero yo creo que el ser humano ha perdido un poco la relación con la naturaleza y parece que necesitamos recuperarlo. Con el águila, se recupera ese contacto y las personas se sienten bien”, aprecia. EFE




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