MÉXICO TERREMOTO 1985

Treinta años bajo techos de chapa sin olvidar el terremoto de 1985

  • En medio de la psicosis de que el techo se les viniera encima, potenciada por las réplicas de las horas y días posteriores, los residentes de aquel bloque cuarteado se mudaron donde pudieron, cuenta a Efe en una entrevista.

Treinta años bajo techos de chapa sin olvidar el terremoto de 1985 Imagen de la Ciudad de México. EFE Jorge Nuñez

Como para miles de habitantes de Ciudad de México que sufrieron el terremoto del 19 de septiembre de 1985, aquellos 8,1 grados en la escala de Richter fueron un punto de inflexión en la existencia de Adriana Garrido, que desde entonces vive bajo techos de chapa en un terreno baldío.

Aquella mañana de hace treinta años, Adriana observó cómo las paredes de su casa de la calle Alfarería, en el popular barrio de Tepito, “se abrían”, aunque no fue consciente de la magnitud del desastre hasta que salió a la calle y vio “las banquetas (aceras) levantadas” y el caos.

En medio de la psicosis de que el techo se les viniera encima, potenciada por las réplicas de las horas y días posteriores, los residentes de aquel bloque cuarteado se mudaron donde pudieron, cuenta a Efe en una entrevista.

Fueron a un terreno baldío enfrente de su casa que un día había acogido unas caballerizas. A partir de aquel septiembre de 1985, aquellas familias humildes lo convirtieron en su hogar.

“Empezamos a comprar madera, plásticos, para empezar a armar los cuartos. Al principio íbamos al edificio de enfrente a bañarnos y al baño”, cuenta Adriana.

Luego llegaron el agua y la luz -tomadas ilegalmente- y también las carencias económicas que les obligaron a quedarse.

“Veíamos que programas (de ayuda) iban y venían”, apuntó, al detallar como fueron acostumbrándose a esa vida.

Creían que un día les tocaría a ellos la oferta de un nuevo hogar, pero con una ciudad destruida y miles de afectados, nunca les llegó su turno; por ello decidieron dedicar sus esfuerzos a mejorar su situación con la construcción de baños comunitarios y cocinas.

Con los años, algunos habitantes que llegaron tras el terremoto fueron marchándose y arribaron otros, familias agobiadas también por las circunstancias económicas.

Adela llegó con su familia en 1989 y, al igual que la de Adriana, tras perder su vivienda en el terremoto de 1985. Su casa quedó muy dañada y fueron trasladados a vivir a un campamento que terminó desmantelado.

Como pudo constatar Efe, las viviendas improvisadas de Alfarería han sido testigo del paso de los años, de la llegada de nuevos miembros de las familias e incluso de nacimientos.

Pese a que sus techos son de chapa o uralita, “todo es de lámina, como la de los chochinitos, que con un soplido se cae”, según Adriana, este lugar, famoso por sus negocios turbios, es hoy un lugar “seguro” y “cómodo”, cuenta la resignada Adriana, al explicar cómo han controlado la seguridad y han evitado que entren extraños.

Hoy el lugar pertenece al Instituto Nacional de la Vivienda (INVI), que está en plena negociación con los vecinos y con una constructora para edificar en ese espacio nuevos hogares.

Según explicaron a Efe fuentes del INVI, ya hay estudios y un proyecto para realizar esta construcción y están pendientes de la aprobación de una de las líneas de crédito.

Y las personas que puedan comprobar su arraigo al lugar, como es el caso de Adriana, tendrán prioridad para poder adquirir una vivienda.

Hoy este conjunto de infraviviendas, ubicadas en Alfarería 62, tienen hasta internet y modernas televisiones de pantalla de plasma.

“¿Qué gastas aquí? No hay renta, no hay luz, no hay agua. Entonces compras una pantalla, el ventilador, el dvd… ciertas comodidades que vas adquiriendo”, confiesa Adriana. EFE

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