La pérdida de arena se vio acentuada por los temporales Filomena y Gloria, por lo que el MITECO plantea el trasvase de esta cantidad de material extraído de áreas como la península del Fangar, las playas de La Marquesa y la Isla de Buda, entre otras.
El proyecto, cuyo período de información pública finaliza este miércoles, cuenta con un informe de impacto ambiental que contempla «el ruido, el polvo y los posibles vertidos de aceites o combustibles» como principales amenazas pero no prevé afecciones en la fauna, flora, morfología del paisaje o suelo del Delta.
No obstante, «la cantidad de arena a trasladar se corresponde con la que pierde, cada año, el Delta del Ebro», ha explicado Carles Ibáñez, director científico del Centro de Resiliencia Climática en Eurecat, por lo que una actuación de este tipo «debería repetirse con una frecuencia anual para cumplir con su cometido y esto es completamente inviable tanto económica como ecológicamente».
Recuperación del flujo de sedimentos
Por ello Ibáñez plantea otras medidas para solucionar el problema incluyendo el ensanchamiento de las playas mediante la compra de arrozales para transformarlos en terrenos naturales y, sobre todo, la recuperación del flujo de sedimentos que se quedan en los embalses donde en la actualidad «son retenidos un 99 % de los que antes llegaban al Delta».
A ello habría que sumar la construcción de «pequeños diques para evitar inundaciones», en un modelo similar al empleado en los Países Bajos.

Un parche ambiental
Desde Ecologistas en Acción, su portavoz Santiago Martín Barajas ha definido la reubicación de arenas como «un parche» cuya eficacia es «dudosa» ya que «no va suponer ningún aporte de sedimentos».
En su opinión, «mover arena de un lugar a otro sólo tendrá un coste energético» por lo que coincide con Ibáñez en que «el problema únicamente puede solucionarse actuando sobre las presas», en especial la de Mequinenza (Zaragoza) y la de Riba-roja (entre Zaragoza y Tarragona).
En la misma línea se ha expresado Manolo Sánchez, del Grupo de Estudio y Protección de los Ecosistemas Catalanes, quien lamenta que «desde hace años, hemos escuchando promesas sobre intervenir en los embalses, pero no se ha avanzado nada en este aspecto».

«La inacción de las administraciones en el Delta del Ebro intenta paliarse ahora con actuaciones que sólo sirven para detener el golpe cuando lo que urge es ir un paso más allá», ha insistido.
Y aunque el informe no prevé daños en la fauna local, la presidenta de la asociación ornitológica Picampall Sofia Rivaes ha advertido de que las obras en la zona sí pueden afectar a las aves ya que «el paso de camiones a través de la playa, en ocasiones con rutas de más de 15 kilómetros, causará efectos negativos en las limícolas, que se alimentan en la costa».
Rivaes también aboga por reforzar el «muro natural» integrado por humedales, playas, dunas y salobrales que sirvan «como colchón para contrarrestar los efectos del mar» porque el simple traslado de arena «es una actuación cosmética» que terminará por suspenderse «cuando se tome conciencia de que para conseguir algún beneficio sería necesario repetirlo anualmente». EFEVerde





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