NATURALEZA TRASHUMANCIA

Trashumancia, el camino que une lobo, pastor y mastín para sembrar biodiversidad

  • La trashumancia es una profesión apasionante, como narra Jorge Escudero en el libro que acaba de publicar “Lobo y trashumancia”

Trashumancia, el camino que une lobo, pastor y mastín para sembrar biodiversidad Un lobo observa el ganado en trashumancia. Foto: Luis Alonso

Efeverde.- El cambio climático se ceba en las zonas más desprotegidas de la naturaleza, abandonadas por los usos rurales tradicionales que mantenían el equilibrio cinegético, como la trashumancia, una profesión apasionante, como narra Jorge Escudero en el libro que acaba de publicar "Lobo y trashumancia".

Lobo y trashumancia” es el segundo volumen que el ingeniero industrial convertido en pastor y con vocación trashumante desde los siete años, Jorge Escudero, ha elaborado junto con el fotógrafo Luis Alonso, que ha aportado un gran trabajo gráfico con el que da vida a pastores, lobos y mastines, para convertirse en parte imprescindible del texto.

Escudero explicó a Efeverde cuál es el trabajo del pastor y cuáles los papeles que les corresponden a los lobos y a los mastines en una convivencia básica en la trashumancia que va sembrando por los caminos que pasa vegetación y vida.

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Ganado en trashumancia. Foto: Luis Alonso

“Desgraciadamente, la trashumancia  se va perdiendo”

“Los caminos de la trashumancia se han convertido en un bien inalienable e intansferible, pero eso es en teoría. La realidad es que todo el mundo se ha aprovechado de ellos, las fincas vecinas, los olivos que aumentan en número, etc. Desgraciadamente, la trashumancia se va perdiendo y si se pierde la trashumancia se va a perder biodiversidad de la zonas del sur”, se lamentó Escudero.

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Jorge Escudero a caballo realiza el camino de la trashumancia. Foto: Luis Alonso

La extinción de gran parte de las camadas de lobos en los años 90 movió a gobiernos locales a introducirlos para su expansión en áreas alejadas del ser humano.

“En estas circunstancias, los lobos se encontraron que no tenían con qué alimentarse por la falta de ganado trashumante, de manera que modificaron su territorio, pero -sustentó Escudero- el lobo puede convivir en un ecosistema completo y biodiverso. Es una equivocación decir que el hombre tiene que vivir en la ciudad y que el campo es para los animales”.

Jorge Escudereo argumentó que “el lobo es el superdepredador y toda su obligación es cazar para comer y cazar para cazar, es decir, para establecer el equilibrio en el ecosistema. Es peligroso para el ganado, pero no para el hombre porque le tiene miedo”.

“Lo que pasa -añadió el autor- es que en la evolución conjunta desde el paleolítico, el hombre, el ganado y el lobo han llegado a conocerse entre ellos. Además, es natural que el lobo ataque al ganado, pero para eso está el perro mastín y el sistema del manejo tradicional de la ganadería”.

Jorge Escudero vive en el pueblo de Riópar, situado en el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas y aseguró que “yo he convivido siempre con lobos y nunca me ha pasado nada, hasta los años 90, cuando ya desaparecieron de aquí, de Sierra Morena”.

El lobo mata una oveja o siete al año pero, para Escudero, se trata del diezmo que hay que pagar por tener una ganadería extensiva, pero eso “no quiere decir que sea peligroso ni para la gente ni para el ganadero”.

“Pero la desaparición del lobo en muchas zonas que ahora se están recolonizando, había hecho que se perdiera la cultura en los usos del pastoreo”, indicó Jorge Escudero.

“A consecuencia de ello, los pastores cambiaron el manejo de su ganado, dejaron que desaparecieran los mastines porque ya no les hacían falta, porque no tenían el problema del depredador y dejaban el ganado abandonado durante días y sin vigilancia”.

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Un mastín de Escudero en el camino de la trashumancia. Foto: Luis Alonso

La recolonización del lobo, al que no estaban ya acostumbrados los pastores les ha sorprendido “y esta nueva situación se ha convertido en la ilusión del lobo, que es que desaparezcan sus enemigos y tengan a su alcance el supermercado de la carne”.

“Si queremos que haya lobos tiene que haber ganado y tiene que haber mastines. El ganado tiene que seguir existiendo porque si abandona el campo, éste se llena de matorral que impide la vida a los herbívoros y acaba con la biodiversidad”.

El ganado proporciona muchas más especies  y muchos más entornos

“Además, -continuó Escudero- si en la actualidad se recoloniza el lobo, éste no tiene alimento, mientras que cuando hay ganado, el ecosistema, con una capacidad de carga biológica mucho más grande, va a proporcionar muchas más especies porque hay muchos más entornos, zonas de pradera, bosques donde, además, los animales se pueden proteger y criar. Entonces hay una serie de especies que se interrelacionan y eso es lo que da la ganadería”.

Lo lobos también cumplen una función sanitaria que es la de saber cuándo sus presas están enfermas. Para el hombre es imposible saber si un ciervo tiene tuberculosis o no, pero un lobo lo nota, lo huele y lo sabe, y le es más fácil matar al que tiene esa enfermedad porque está más débil, evitando así que la enfermedad se propague.

Los caminos que recorren el ganado y sus pastores en la trashumancia siguen siendo los mismos que en 1273 creó la Asociación de propietarios ganaderos de Castilla, con Alfonso X El Sabio, cuyo verdadero nombre era del de Honrado Concejo de la Mesta.

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Una loba cuida a su cría en el camino de la trashumancia. foto: Luis Alonso.

“Los 1.300 caminos de trashumancia que se crearon entonces son los mismos que se transitaban a lo largo de toda la Edad Media y, en la actualidad, hay reconocidas unas 125.000 hectáreas de territorio común de la ganadería y de la mesta”, subrayó el ingeniero.

“Son los mismos porque son los que se necesitan, es decir, un pasillo de norte a sur, y otro de este alto a oeste, más lluvioso y más bajo”.

Estos caminos forman “un bien de aprovechamiento común inalienable que no se pueden cambiar ni se pueden hacer nuevos porque, aunque ya no tienen entidad de trashumancia, pero sí pueden reconvertirse en caminos, sendas verdes para aprovechamiento del senderismo o turismo ecológico”.

En el libro, Escudero acompaña plano y fotos aéreas de algunas de las sendas ya pobremente utilizadas para que puedan aprovecharse con ese fin, “ya que son unos territorios muy bonitos, en los que nunca se podrá hacer nada que los cambiara de fisonomía porque tienen que seguir siendo siempre los mismos”.

“Mantener una cabaña ganadera como la que había hace 30 años -sostuvo Escudero- ya es imposible pero sería bueno que se mantuviera por lo menos un reducto trashumante para ayudar a la biodiversidad, por el mantenimiento del territorio, la sostenibilidad y poder fijar población en el campo, aunque no sea rentable. Pero hoy en día, la gente joven prefiere ganar dinero fácil y mantener comodidades a su alrededor”.

Para Jorge Escudero “la trashumancia es la manera más natural de aprovechar un territorio, la forma de aprovechar ese regalo de la naturaleza”. Efeverde




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