TRÁFICO PRIMATES

Crece el tráfico de primates: un gorila, 400.000 euros, un chimpancé, 70.000

Tráfico de primates: un gorila, 400.000 euros, un chimpancé, 70.000. EFE/Rungroj Yongrit/Archivo

Toni Conde (Barcelona).- Por un gorila se pagan hasta 400.000 euros en el mercado negro, mientras que un chimpancé se puede adquirir por 70.000 a los traficantes internacionales de animales, un comercio ilegal de primates que está creciendo en el mundo, especialmente en China.

Así lo han puesto de manifiesto la directora adjunta del Instituto Jane Goodall, Laia Dotras, la directora del Centro Darwin, Montserrat Ubach, la directora de la Fundació MONA, Olga Feliu, y la directora técnica del santuario Rainfer de Madrid, Marta Bustelo, durante un encuentro en el que han participado esta semana en el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona.

Dotras denunció el “gran problema del tráfico internacional de primates”, un “negocio millonario” que causa que en China hoy en día “un chimpancé se pueda vender en el mercado negro por 70.000 euros”, o, como puntualizó Feliu, que en el país asiático “se compren gorilas por 400.000 euros”.

Estos animales viajan de forma ilegal en pequeñas cajas y solo llega vivo “uno de cada diez, muchas veces con papeles falsos y drogados”, explicó Dotras.

El auge de este tráfico en China se debe a que los primates se consideran “un bien de prestigio”, lo que ha provocado que se adquieran para zoológicos, como mascotas o para espectáculos como una muestra de poder económico sin tener conciencia de las consecuencias en su salud, “como ocurría aquí en los años 90”.

Dotras pidió no culpar a las comunidades locales que “solo tratan de vivir de forma digna” y resaltó que un cazador local tan solo gana “unos 15 euros por chimpancé”, por lo que señaló a “los grandes culpables, que son las mafias internacionales”.

Las expertas advirtieron de los problemas que causa el uso de primates en espectáculos de circo, de televisión o su tenencia como mascotas en su salud física o mental, ya que, como señaló Bustelo, se les entrena a base de castigos violentos para llevar a cabo actividades que no forman parte de su naturaleza.

Enfermedades crónicas por su paso en espectáculos

Bustelo puso de relieve el trabajo que llevan a cabo los centros de primates como Rainfer, que tratan de rehabilitar a los primates a través de su socialización con individuos de su misma especie y a los que aplican tratamientos para enfermedades crónicas causadas por su paso en espectáculos.

Aun así, estos animales ya no son reintroducidos a su hábitat por las graves secuelas que sufren, como ilustra el caso de ‘Tarzán’, un chimpancé que “no se atrevió a salir al aire libre hasta nueve años después de llegar a Rainfer debido a un trastorno de agorafobia causado por haber vivido siempre en espacios cerrados en un circo”.

Ubach pidió medidas para evitar el tráfico ilegal e indicó que la legislación española solo permite las transacciones de primates entre instituciones y no entre particulares.

Sin embargo, Ubach recordó que “el Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) legaliza que un primate sea de tu propiedad cuando nace bajo tu tutela, aunque sus progenitores hayan sido adquiridos de forma ilícita”.

Por ello, reivindicó una proposición no de ley aprobada por todos los grupos del Congreso en julio de 2017 que prohíbe explícitamente “la tenencia particular de primates y solo se lo permite a zoos y centros de rescate”.

Todas las participantes en el debate pidieron a la administración que apoye a los centros de rescate y Bustelo reclamó que “el millón de euros que recauda el Estado en incautaciones de tráfico de animales cada año se destine a centros de rescate, así no haría falta mover el dinero de otras partidas del presupuesto”.

¿De verdad sonríen?

Las diferentes expertas resaltaron la necesidad de la concienciación para entender que los primates no pueden tenerse como animales de compañía porque son animales salvajes.

Por ejemplo, Bustelo destacó que la sonrisa que ponen los primates en anuncios de televisión y películas, que asociamos a la emoción humana de la felicidad y tenemos normalizada porque “asociamos los monos como animales divertidos”, en realidad es “una señal de miedo”.

“La gente cree que un primate es como un perro y quiere que le toquen y le achuchen cuando no es así, hay una falta de información tremenda”, lamentó Bustelo, que reprochó que “la gente se informa cuando ya tiene un primate como mascota y no antes”. EFEVerde




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