SOSTENIBILIDAD PAISAJES

De Tapia, un botanófilo que recupera los paisajes esquilmados por graveras

De Tapia, un botanófilo que recupera los paisajes esquilmados por graveras Foto: Mirian Martín y Víctor Domínguez El biólogo Raúl de Tapia mientras realiza trabajos de campo.

El biólogo Raúl de Tapia es un enamorado del paisaje que trabaja entre dos ámbitos: como científico, en la recuperación de terrenos que las empresas dedicadas a la extracción dejan yermos y, además, como "degustador de paisajes", en su propia definición, transmitiendo las experiencias poéticas que le proporcionan.

De Tapia lleva trabajando desde el 2000, año de creación de la Fundación Tormes EB de Salamanca, de la que es director de proyectos paisajísticos, en la recuperación de los paisajes desvitalizados por las graveras y caFundación Tormes EBnteras, para devolverles las condiciones ecológicas necesarias para reactivar su entorno natural.

Pero su estrecha relación con los paisajes le ha llevado a utilizar el término de botanófilo con el que además ejerce como escritor poético, y cuyos trabajos publica a través de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET).

La transformación a un humedal y Centro de Iniciativas Ambientales

En el mismo año de creación de la Fundación Tormes – EB, De Tapia y su equipo acometieron el primer trabajo de restauración de los terrenos dejados por una gravera, que “transformamos en un humedal y, posteriormente, en el Centro de Iniciativas Ambientales”.

“La gravera pertenecía al hoy presidente de la fundación Francisco Espinosa, que se puso en contacto con nosotros para donar sus terrenos y, desarrollar la re -naturalización de dicho espacio, que hoy pertenece a Red Natura 2000”. A raíz de esa experiencia, dos grandes multinacionales, Heidelberg Hispania y Silbeco, también pusieron en manos de la Fundación sus terrenos.

El equipo de Raúl de Tapia trabajando en una gravera para su recuperación. Foto: Mirian Martín y Víctor Domínguez

“Ambas empresas, que tienen bastante recorrido en España y están en la cabeza a nivel mundial en el sector de las graveras y las canteras, se pusieron en contacto con nosotros para contar con nuestro asesoramiento a través de técnicos especializados en biodiversidad y restauración, con el fin de devolver los terrenos utilizados en el mejor estado posible, según fuera un humedal u otro tipo de ecosistema”.

En la actualidad, la Fundación trabaja en diez Comunidades Autónomas, con 14 empresas que pertenecen a estos dos grandes grupos multinacionales, “que son muy fuertes, tienen bastante movimiento en el nivel internacional y eso les permite invertir en Planes de Gestión de la Biodiversidad y de restauración pioneros”, indicó el biólogo.

“A partir de las primeras actuaciones, empezamos a desarrollar toda una labor de educación y comunicación con todo el aprendizaje que obtuvimos en los años de la primera restauración, y que luego comenzamos a exportar investigación aplicada por otras partes de España”, subrayó De Tapia.

Gracias al conocimiento y la labor recogida, “estamos apoyando la convocatoria de los Premios Nacionales de la Federación de Áridos de Desarrollo Sostenible en Graveras y Canteras 2018, que luego se eleva a categoría de Internacionales, promovidos por la ANEFA, Asociación Nacional de Fabricantes de Áridos”.

La recuperación, fruto de una demanda social

Según Raúl de Tapia “la intervención en esos terrenos para recuperarlos es fruto de una demanda social, por lo que desde hace ocho años intervenimos en esos espacios, mejorando las exigencias de la legislación y siendo conscientes de que dependemos de los recursos que se extraen de ellos para la construcción de hospitales, autovías, universidades, viviendas, colegios…”. “Todos somos los destinatarios de esos recursos y todos queremos que todo esté lo mejor construido y que se haga con los mejores avales medioambientales”, indicó De Tapia.

Con este fin, la ley minera es la que marca el ámbito jurídico de explotación y restauración de estos terrenos “para que se adapten a las necesidades del siglo XXI y sean más compatibles con el entorno”.

El biólogo había dedicado, anteriormente a la restauración de graveras, cinco años a la investigación científica, “al estudio de la ecología vegetal en bosques de roble de España y Portugal. Esa es la época que considero que fue mi etapa de ciencia pura en investigación”.

“Cuando dejé esa primera línea de frente y me pasé a la investigación aplicada, lo comencé a definir como botanofilia, es decir como una filia hacia las plantas, sus paisajes y la diversidad animal que generan”.

Degustadores de paisajes y consumidores de paisajes

Pero, además, ese camino le introdujo por otros terrenos que le condujeron a componer textos poéticos inspirados en la contemplación del paisaje.

La composición literaria surgida a raíz de su trabajo es un “privilegio” que Raúl de Tapia vuelca en la Red Internacional de Escritores de la Tierra (RIET), “porque todos queremos compartir la pasión por la Tierra y además crear un compromiso en el nivel internacional”.

El biólogo y botanófilo Raúl de Tapia. Foto: Mirian Martín y Víctor Domínguez

La definición de ‘degustador de paisajes’, con la que él mismo se identifica, “es una expresión que procede de Miguel de Unamuno, quien decía que la degustación de un paisaje es uno de los mayores placeres de la naturaleza”.

“Es enriquecedor entender el paisaje desde un punto de vista intelectual, es decir, no solo disfrutar el paisaje desde un punto de vista contemplativo, sino con un hecho intelectual de comprender qué significa ese paisaje, qué recorrido histórico ha tenido y cómo ha llegado hasta nosotros”, explicó el botanófilo.

Para De Tapia, en la actualidad, en lugar de degustadores de paisajes lo que hay son “muchos consumidores de paisajes.” “He visto consumir paisajes en tres segundos con una foto sacadas desde el móvil. Le ponemos al visitante el gran mirador observatorio del paisaje con un gran aparcamiento para que llegue y literalmente lo consuma cuanto antes, cuando lo normal era ir a esos lugares con un poco de esfuerzo, así como 20 minutos de caminata, y cuando llegabas, por lo menos tenías ese ratito de descanso mientras estabas contemplando el entorno”.

“Ahora todo eso queda atrapado en un instante y, encima, para poder observarlo hemos construido una carretera o hemos asfaltado una pista forestal. Hemos hecho accesible algo que ni siquiera se degusta, se consume”, concluyó De Tapia. EFEverde




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