AGUA TAJO

El río Tajo recibe del Jarama un aporte de aguas residuales 3 veces mayor de su caudal

En la imagen de archivo, vista del caudal del río Jarama. EFE/Rafa González

El río Tajo recibe en su confluencia con el Jarama, en Aranjuez (Madrid), un aporte de aguas procedentes de aguas residuales más de tres veces superior a su caudal, con altas concentraciones de contaminantes que los sistemas de depuración actuales no son capaces de reducir.

Es una de los aspectos que destaca, en un artículo, la Cátedra del Tajo UCLM-Soliss, que se constituyó en 2021 para impulsar la recuperación integral y la mejora del estado ecológico y químico del río y sus afluentes a través de la investigación científica, la formación y la divulgación.

En la confluencia de los dos ríos destacan dos detalles: la desproporción de caudal entre el Jarama (afluente) y el río Tajo (receptor) y la diferente tonalidad de las aguas, un azul verdoso las del Tajo y un pardo oscuro intenso las del Jarama.

Alta concentración de contaminantes

El motivo es la alta concentración de contaminantes, ya que según la Confederación Hidrográfica del Tajo el volumen de vertidos de aguas residuales urbanas e industriales en los ríos Manzanares (afluente del Jarama) y Jarama supera a los caudales circulantes, «lo que impide que se den procesos de autodepuración en el cauce, y por consiguiente, que se cumplan las normas de calidad».

La Cátedra del Tajo UCLM-Soliss ha explicado con cifras esa información calculando el volumen de vertido autorizado en la Comunidad de Madrid en la cuenca del río Jarama y ha obtenido que este río aporta al Tajo hasta 15,86 metros cúbicos por segundo de aguas residuales: si el caudal medio del Jarama en la estación del puente de Titulcia es de 17,9 m3/s «podemos afirmar que casi la totalidad del agua del Jarama que desemboca en el río Tajo en Aranjuez tiene su origen en vertidos de aguas residuales urbanas o industriales», señalan.

El hecho de ser aguas residuales no implica necesariamente que estén insuficientemente depuradas, pero en este caso así sucede, puesto que estas aguas transportan elementos contaminantes, como fósforo y nitrógeno, en concentraciones muy superiores a las naturales.

Tienen una concentración de nitratos cinco veces superior a la del Tajo, de fosfatos siete veces superior y de amonio por encima de 100 veces más, por término medio, y «a pesar de que el Canal de Isabel II dice depurar estas aguas para devolverlas en condiciones óptimas, cumpliendo la normativa de tratamiento de aguas residuales urbanas Directiva 91/271/CEE, las aguas receptoras se encuentran en mal estado», subraya el informe de la Cátedra del Tajo.

Incumplimiento de los objetivos ambientales

Esta «alta proporción» de aguas residuales, con una alta concentración de contaminantes, en la cuenca del Jarama es la principal causa del incumplimiento de los objetivos ambientales de calidad en las aguas de sus ríos, así como del río Tajo en curso medio, según concluye la tesis doctoral de Antonio Bolinches en 2021, quien demuestra que, con los niveles actuales de depuración y aunque se cumplieran los niveles exigidos en cada depuradora, no se llegaría a alcanzar el buen estado en las aguas del tramo medio del Tajo.

Bolinches destaca la necesidad legal de establecer condiciones más restrictivas para cada depuradora, así como otras medidas como la modernización de varias de las depuradoras madrileñas o la construcción de nuevos tanques de tormentas si se quiere llegar a alcanzar el buen estado ecológico de las aguas del Tajo en su tramo medio.

Un problema añadido «grave» es que estas aguas, además de nitrógeno y fósforo en concentraciones superiores a las naturales, contienen metales pesados en algunos puntos con concentraciones superiores a los marcados en las normas de calidad ambiental.

Sistemas de depuración incapaces

La conclusión es que el Tajo recibe en su confluencia con el Jarama un aporte de aguas procedentes de aguas residuales más de tres veces superior a su caudal, con altas concentraciones de contaminantes que los sistemas de depuración actuales no son capaces de reducir, y además, estas aguas van cargadas de otros contaminantes que pueden tener efectos tóxicos sobre los seres vivos del río.

Aunque el origen del color pardo oscuro intenso del eje del Tajo se encuentra en el río Jarama, el requerimiento que se hace a las depuradoras madrileñas para que el río Tajo pueda alcanzar el buen estado debe extenderse a todas las depuradoras de la cuenca.

«Tanto si el vertido se produce antes como si se produce después del río Jarama, cualquier efluente al Tajo o que acabe desembocando en el Tajo contribuye a incrementar su grado de contaminación», subraya el informe. EFEverde

 




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