CRISIS CLIMÁTICA

La crisis del Covid-19 permite avistar que la sostenibilidad es posible

Acceso al control de seguridad del Aeropuerto de El Prat (Barcelona) hoy. EFE/Alejandro García

El descenso de la contaminación atmosférica, la reducción del ritmo de la economía, del movimiento de personas así como del  consumismo son algunos de los “efectos colaterales” de la desaceleración y parada imprevista y repentina de la actividad en las ciudades.

Estos aspectos son justamente algunas de las demandas que los científicos y los expertos, los ciudadanos y los grupos ecologistas exigen a los gobiernos para encontrar soluciones a la crisis climática creada por el calentamiento global y la pérdida de ecosistemas y biodiversidad.

Reducción de los traslados y el movimiento de personas

Y aunque de esta situación “me cuesta mucho pensar en algo positivo, es verdad que de situaciones como ésta se pueden sacar enseñanzas, y, una de ellas, es la ralentización de la actividad económica y de ese movimiento frenético de personas”, explica a EFE el coordinador de Conservación de WWF España, Luis Suárez.

Aclara, sin embargo Suárez, que una de las cosas que “estamos intentando es desligar que esta pandemia pueda tener algo positivo, porque no queremos que nadie nos acuse de frivolidad por estar pensando más en otras cosas que en el bienestar de las personas”.

No obstante, “la ralentización y la reducción del tráfico aéreo y en ciudades, está influyendo en la reducción de emisiones”.

Descenso de la contaminación 

Según el sistema europeo de observación Copérnico, la Agencia Estatal Europea y la NASA, en los últimos días ha descendido la contaminación en China, Italia y España, entre los países más afectados por la propagación del Covid-19.

En España, Greenpeace ha informado de que los valores medios de dióxido de nitrógeno (NO2) en esta semana apenas han alcanzado el 40 % de los límites fijados por la Unión Europea y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus (CAMS) registró en el norte de Italia una disminución semanal del 10 % en las concentraciones de NO2 en superficie desde mediados de febrero.

En China, la NASA observó en los primeros días de marzo cómo los niveles de dióxido de nitrógeno, el gas tóxico que emiten los vehículos, la industria y las centrales eléctricas, se han reducido tras el cierre decretado por el Gobierno del país asiático para contener el coronavirus.

Todo esto “nos va a enseñar que todo ese frenesí que tenemos para desplazarnos, en primer lugar no es tan necesario, ni siquiera para ir a trabajar, porque en muchos lugares, donde es posible, se están montando estructuras de teletrabajo”.

Sin embargo, “hasta hace dos días se hacían reuniones presenciales o viajes para convocatorias en Bruselas”, reuniones empresariales, de ministros o de Gobierno, “que ahora mismo se evitan por el riesgo de contagio”.

Consumo sostenible

Es una “lección a considerar y hay muchos retos para afrontar tras esta crisis, como reducir la movilidad y desplazarse lo mínimo, pero también consumir de manera sustentable, y esas son algunas de las grandes peticiones que tenemos”, asevera el director de Conservación de WWF.

Pero “no es solo cuestión de que nuestra economía sea sostenible sino también de reducir los niveles”, como el de la energía, “porque no se trata solo de pasar todo a renovables sino también de reducir el consumo energético, porque si seguimos en esos niveles llegará un momento que el planeta no lo podrá asumir”.

La ralentización del ritmo de vida y de consumo, filosofía que propone el “Slow Movement”, es un “ejemplo de cómo nos podemos adaptar a nuevas circunstancias”.

“Nuestro destino no es permancer encerrados en casa”, dice Suárez, pero en el futuro habrá que “darle más valor a las cosas que hacemos y las consecuencias que tienen y empezar a seleccionar mucho más las cosas que hacemos, las compras que realizamos, los viajes y desplazamientos que programamos”.

“Quedarnos con lo realmente esencial y evitar en la medida de lo posible despilfarro de energía, de recursos sobre todo con vistas al futuro de nuestro planeta y nuestro futuro”.

Protección de la biodiversidad

Sobre la realización de las cumbres previstas este año sobre Biodiversidad para estudiar la preservación al menos del 30 % en tierra y océano, señala el director de Conservación, que ahora mismo todo es “incertidumbre” ante la situación sanitaria.

Sin embargo, “fijar la protección de la biodiversidad en un 30 % con toda la biodiversidad que hay, es un porcentaje de mínimos” y hay otro tema fundamental, “en las zonas de protección o de máxima protección debemos preservar al máximo la naturaleza, los ecosistemas, los recursos naturales y los equilibrios”.

No obstante, “de nada nos sirve si todo al rededor lo esquilmamos totalmente”, de ahí, que “son cada vez más los que abogan por la existencia de espacios protegidos, pero a lo que hay que ir es a un sistema que nos permita una explotación sostenible de todo el territorio, de todo el otro 70 %”, concluye. EFEverde

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