DÍA MIGRANTE

Sergine Mbaye, de migrante climático a impulsor de la alimentación natural

Sergine Mbaye, foto cedida a EFE

Sara Elisa Fernández.- “Nuestra tierra estaba seca y del mar se lo habían llevado todo”, recuerda el senegalés Sergine Mbaye, quien en 2006 se vio obligado a arriesgar su vida subiendo a una patera para convertirse en un migrante climático que, 14 años después, ha rehecho su vida y promueve desde un restaurante agroecológico vegetariano el consumo de productos de proximidad en Madrid.

Nació en Kayar, un pueblo pesquero del norte de Dakar, cuyo nombre en wólof significa “ven a ver a esos dos”, haciendo referencia, por un lado, a su río y, por otro, a un mar que les daba la vida a sus habitantes.

Cuando Sergine era niño, Kayar era un lugar rebosante de árboles, plantas y campos fértiles; a su familia no “le faltaba de nada” porque podían cultivar berenjenas, calabazas… “un poco de todo”, cuenta en una entrevista con Efe.

Él y sus amigos pasaban los domingos en la playa y los pescadores les regalaban peces para que se ganasen unas monedas vendiéndolos en el mercado… Por la tarde, iban al campo a atiborrarse de frutas silvestres: “era una vida maravillosa”.

Sequía, subida del nivel del mar y sobreexplotación

Sergine detalla que con hacer un agujero en el suelo de menos de 60 centímetros ya encontraban “agua abundante y limpísima”, algo que “ya no sucede” por lo que ahora tienen que recurrir a grandes máquinas para extraerla y poder regar los cultivos.

“Vuelvo a esos campos y me da muchísima pena… están todos secos y abandonados, lo poco que quedaba cuando me marché ni siquiera existe ya”, explica Sergine, quien achaca la situación al cambio, climático y a la sobreexplotación de los recursos naturales.

“El capitalismo y el mercado internacional nos exigen producir más y más”, lo que obligó a muchos agricultores a emplear productos químicos gracias a los que obtenían plantas vistosas y cosechas abundantes pero que, junto con las sequías-“en África el calor es cada vez más insoportable”-, acabaron dejando estéril el suelo que alimentaba a todo el pueblo.

También narra que en Kayar el mar “ha avanzado sin parar”, llegando a zonas donde hace 30 años no estaba presente y destruyendo numerosas casas: “antes solo se hablaba del cambio climático, pero ahora es algo que sufrimos”.

Sus padres siguen en Senegal, pero ya no pueden cultivar la tierra y viven gracias al dinero que les manda su hijo desde España.  Además, Sergine incide en las malas prácticas de las flotas de grandes buques chinos y europeos que “han arrasado todo el fondo marino” de la costa senegalesa, dejando sin sustento a los pescadores artesanos y a los pequeños comerciantes que vivían de la compra-venta de productos procedentes del mar.

Sergine en una pequeña embarcación en Senegal, continuando la tradición pesquera de su familia.

“Los países del sur como Senegal no tienen medios para controlar el mar y las multinacionales se aprovechan de ello”, explica.

Su llegada a España, cuando tenía 30 años, “no fue precisamente una bienvenida” y asegura que él y muchos de sus compañeros no hubiesen tendido necesidad de migrar, “si otros países no hubiesen sobreexplotado sus recursos”.

Reivindica una alimentación sostenible

Tras años sufriendo persecución y multas, ya tiene los papeles y ahora es socio de ‘El fogón verde’, un restaurante agroecológico y vegetariano en el Paseo del Prado, que se sirve únicamente de “productos locales sin envasar procedentes de la sierra de Madrid”.

Este negocio es su manera de reivindicar un modelo de alimentación sostenible, basado en el consumo de productos cercanos y de temporada, para no depender de los que se cultivan a miles de kilómetros, contaminando en el trayecto y favoreciendo la sobreexplotación de las regiones de origen. EFEverde




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