SEBASTIÀ ALZAMORA

Sebastià Alzamora: «Matar un animal de manera gratuita es un acto de maldad»

El escritor mallorquín Sebastià Alzamora, 50ª premio Carles Riba de poesía. EFE/Alberto Estévez

Irene Dalmases.- Mientras el escritor Sebastià Alzamora acababa su anterior novela, «Reis del món», en el verano de 2019, alguien envenenó a su perro Cooper. Este hecho, que le golpeó y dolió profundamente, también le llevó a preguntarse por qué ocurren este tipo de muertes, lo que refleja en su nuevo título «Ràbia».

En una entrevista con Efe, comenta el mallorquín que su último título es una «historia vivida», que surge a partir de lo que le sucedió hace más de dos años, justo cuando se encontraba inmiscuido en la creación de la ambiciosa «Reis del món», donde confrontaba al banquero Juan March con quien fue su amigo, el orientalista Joan Mascaró, divulgador del pensamiento místico hindú en la cultura occidental.

Publicada por Proa, en «Ràbia» relata lo que le ocurre a un hombre de mediana edad, que tiene una perra llamada Taylor, con la que vive en una zona de chalets adosados en el núcleo turístico de Bellaterra, en una isla que podría remitir a Mallorca, y donde, un día, el can muere envenenado, sin poder entender esta muerte absurda, igual que otra que sucede en el relato, la de una persona que conoce, víctima de un incidente en la calle cerca de un bar de tatuajes.

Sebastià Alzamora sostiene que «matar a un animal de manera gratuita es un acto, por un lado, estúpido, y por el otro una muestra de maldad, una combinación que me parece que es una característica de cómo vivimos desde hace ya bastante tiempo y que se va haciendo más y más presente».

Ha querido un narrador que fuera explicando «de una manera desapasionada lo que ocurre a su alrededor y, a pesar de ese desapasionamiento, que el lector perciba que hay una especie de amenaza latente, de que tiene que pasar algo».

Al final, ocurrirán dos muertes «violentas, absurdas que me llevan otra vez a esta sociedad del siglo XXI que quería reflejar de alguna manera, en su tendencia a hacer cosas sin sentido lógico, como matar a un animal, que es algo que no tiene propósito alguno, que no sirve para nada, más que para hacer daño, es una maldad gratuita, la forma de expresión de alguna cosa, que aquí denomino rabia».

La paradoja, además, es que siendo una historia protagonizada por un animal «quien tiene la rabia no es el perro, sino que es el mundo. Es curioso, porque hace unos años si tenías un perro tenías que ir con cuidado de que éste no hiciera daño a nadie y ahora si lo tienes debes vigilar para que nadie le haga daño a él».

«Lo que hemos hecho como sociedad, igual se puede resumir de esta manera», argumenta Alzamora, aunque también tiene claro que «el mal no es algo reciente, evidentemente, existe desde que existe la humanidad, pero las formas que coge en nuestro tiempo, en este siglo XXI, que empezó con la caída de las Torres Gemelas y que desde entonces no ha parado, son muy características».

A su juicio, en estos primeros 22 años de siglo, «vemos que esta crispación, este malestar, este rencor, esta violencia que vivimos han estado siempre en el orden del día, es como en el siglo XX, pero intensificadas».

Aunque no le gustan los planteamientos fatalistas, el novelista piensa que «en realidad, la condición humana no tiene salvación, pero tampoco tiene condena. Quizá ahora estamos viviendo un ciclo especialmente complicado y uno tiene la esperanza de que vendrá otro más luminoso, aunque no hay ninguna certeza ni me atrevo a vaticinar nada».

Lo único que sí constata, por desgracia, «es que aquella idea ilustrada de que la educación y la cultura nos salvarían de según qué comportamientos no es así. En el primer mundo, la inmensa mayoría estamos educados y escolarizados y no nos ahorramos nada de lo que estamos hablando».

Por otra parte, tampoco es partidario tanto de los tópicos que idealizan a los animales como los que los menosprecian, porque «si hay algo totalmente obvio es que tienen una vida emotiva, pero con una percepción de la realidad absolutamente diferente de la nuestra, por lo que es un error intentar humanizarlos, convertirlos en pequeñas réplicas nuestras».

Viviendo actualmente con dos gatos y sin descartar volver a tener otro perro, Sebastià Alzamora está trabajando en un nuevo libro de poesía y tiene un proyecto incipiente de novela muy diferente, que transcurriría en el siglo XIX, del género de aventuras e incluso de humor, «una obra para divertirnos un poco todos». EFEverde

 




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