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‘Sacapuntas’, historia del viaje de Europa a África de una aguilucha ceniza

Sacapuntas, una hembra de aguilucho cenizo. Acuarela de Pablo Ortega

El aguilucho cenizo, una de las rapaces más amenazadas de España por la fragmentación de su hábitat y unas cosechas tempranas vinculadas al cambio climático, es el protagonista de ‘Sacapuntas: una vida de aguilucha’ (editorial Utopía Libros).

Aunque no es una especie “de primera plana” como el águila imperial, el menos conocido y más discreto aguilucho cenizo (Circus pygargus) está asociado al entorno que “más estragos está sufriendo”: el ecosistema de estepa o de campiña, ha explicado a Efeverde el secretario general de la Fundación Savia y autor del libro, Antonio Aguilera.

El aguilucho cenizo y la agricultura

El aguilucho cenizo “es una de las pocas rapaces que crían en el suelo”, por lo que una cosecha temprana “puede llevarse por delante la puesta” asegura el autor.

Un factor fundamental para entender su declive es “el cambio climático” por una parte y “el manejo del cereal” por otro, unos impactos que “hacen que las cosechas sean más tempranas”.

De esta manera, a los aguiluchos “no les da tiempo a adaptarse” y su población no solo disminuye, sino que “en algunas comarcas ha llegado a desaparecer”, lamenta Aguilera, que asegura que de las “15 o 20 parejas que poblaban la comarca de La Janda (Cádiz) hace 20 años, sólo quedan dos”.

Cuando el tractor se aproxima en los campos de cereales, la hembra del aguilucho cenizo protege “hasta el último momento” a su descendencia extendiendo sus alas sobre los huevos, aunque “por instinto de supervivencia” huyen cuando el choque es inminente.

Sacapuntas, una aguilucha superviviente

Éste fue el comienzo de la historia de la hembra Sacapuntas, nacida el 25 de mayo de 2019, que esperaba su momento dentro de uno de los huevos rescatados del nido que sus padres habían construido en la Finca de las Cándidas -en la campiña del Puerto de Santa María, Cádiz- antes de que fuera aplastado por el tractor de un agricultor que detuvo la máquina al ver que una hembra adulta levantaba el vuelo.

Su nombre fue elegido en honor del propietario de la finca donde después se liberó, Miguel Pelayo, apodado “El lápiz”.

Para lograr su conservación, un proyecto de anillamiento de aguiluchos cenizos marca los ejemplares con GPS con el objetivo de conocer su trayectoria en su periplo migratorio.

El programa es posible gracias a “las pequeñas asociaciones locales” que trabajan en su pueblo y en sus municipios, como el Grupo de anillamiento ornitológico Tumbabuey y la Fundación Savia” que canalizan “el trabajo y compromiso ciudadano” para conservar la biodiversidad.

Aguilera ha querido arrancar el relato con “la sensación del peligro inminente” y de la “importancia de la complicidad de todos los actores que participan en su ecosistema”, como agricultores, regantes y agentes medioambientales.

 

Cruzar el Sáhara, uno de los grandes hitos migratorios

El aguilucho cenizo es una rapaz pequeña, de 300 gramos de peso, pero a pesar de su discreto tamaño es una de las especies que lleva a cabo uno de los grandes hitos migratorios: “cruzar el desierto del Sáhara en solitario, sin comer ni beber”.

Para cruzar este “mar de dunas” emplean entre 12 y 14 horas de vuelo ininterrumpido durante 4 jornadas en las que soportan temperaturas “altísimas”, asegura Aguilera.

Estos aguiluchos “poseen un organismo absolutamente diseñado para ser capaz de volar miles de kilómetros”, lo que les permite alcanzar “el golfo de Guinea, Senegal, Mali o Mauritania”.

El periplo africano de Sacapuntas

Aguilera explica que pocos días después de la partida de la aguilucha ceniza Sacapuntas hacia África, el 21 de agosto de 2019, “el emisor GPS dejó de mandar información en plena migración”, cuando se encontraba en Mauritania, a punto de cruzar el Sáhara.

Después de más de siete meses sin dar señales de vida, el 1 de abril de 2020 se acercó a un poblado con suficiente cobertura móvil y “se descargó de golpe toda la información almacenada en su emisor”.

Durante ese tiempo, Sacapuntas estuvo explorando la cuenca del río Níger en Mali, donde pasó todos esos meses, antes de completar su migración primaveral, llegando a Europa el 27 de abril de 2020.

Para que el lector pueda imaginar las evoluciones de Sacapuntas por los cielos de Cádiz o por el Sahel, la obra incorpora las “magníficas acuarelas” del naturalista y presidente del Grupo Ornitológico Tumbabuey, Pablo Ortega. EFE



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