Roble, un árbol longevo que descubre su “corazón”

Roble, un árbol longevo que descubre su

La experta Ana María Viéitez, parte del equipo de científicos que logró interesantes progresos en la reproducción del roble 'in vitro', pasos que abren la puerta a la clonación de especímenes seleccionados, celebra el reconocimiento de la comunidad investigadora porque la satisfacción de ver que se valora el esfuerzo hecho "no hay dinero que la pague".

Tampoco la que uno se encuentra cuando un árbol longevo como éste descubre su corazón. Científicos del Grupo de Biotecnología y Mejora Forestal del Instituto de Investigaciones Agrobiológicas de Santiago de Compostela, perteneciente al CSIC, han logrado un nuevo avance en el cultivo ‘in vitro’ de una especie de notable interés económico y ecológico: el roble.

A través del método conocido como embriogénesis somática, han logrado “la regeneración -in vitro- de plantas a partir de especímenes adultos”, según ha especificado en una conversación con EFE la profesora de investigación del CSIC Ana María Viéitez Martín.

La relevancia de esta técnica reside en que se trabaja a partir de hojas y ápices caulinares de especímenes centenarios, un modo de proceder que “permite seleccionar árboles que interesen por sus características” especialmente favorables, asegura esta especialista.

Tras cuatro años de ensayos, el proyecto, financiado por la Xunta, “Biotecnología aplicada a la producción vegetal”, ha salido a la luz como parte de un capítulo del libro ‘Tree Biotechnology’, publicado en el mes de abril por CRC Press (Nueva York); un reconocimiento que esta investigadora confiesa que les causa “una satisfacción que no hay dinero que pueda pagar, porque es muy importante para un científico que lo reconozcan en su país, pero sobre todo a nivel internacional, ya que de esta manera más gente conocerá el trabajo efectuado”.

En el capítulo de ‘Tree Biotechnology’ centrado en este aspecto, el equipo de científicos del CSIC también realiza una síntesis de los diferentes procesos alcanzados a nivel internacional en el cultivo ‘in vitro’ del roble y de otras especies del mismo género como el alcornoque y la encina.

Las principales ventajas de esta nueva metodología frente a las técnicas ‘in vitro’ predecesoras residen en que “puede producir un mayor número de plantas en un mismo tiempo, y permiten almacenar de manera indefinida en nitrógeno líquido el germoplasma”, por lo que aunque el árbol muera, se podría volver a plantar.

También en que abre nuevas posibilidades a través de la “transformación genética”, asegura la investigadora del CSIC.

Una vez conocidas las dificultades de propagación vegetativa que tiene el roble por vías tradicionales, la embriogénesis somática ofrece soluciones alternativas y complementarias, concreta en su relato.

Para Viéitez, el siguiente paso en el que tiene que profundizar esta investigación es en el de “tener una buena tasa de producción, germinarlos en un porcentaje alto y en el mayor número de especies y genotipos” posibles.

La investigadora recalca que, una vez estos individuos “se sacan a la parcela de experimentación, la recuperación es factible y el almacenamiento de ese germoplasma también”.

La próxima fase de este proceso sería la transformación genética en roble y castaño, algo en lo que ya “se ha comenzado” a trabajar desde el laboratorio compostelano: “Es posible”.

Para llevar a cabo este nuevo proyecto de transformación genética, junto a otros equipos investigadores de Madrid y Valencia, falta la concesión correspondiente por parte del Ministerio del ramo.

Por el momento, desde el laboratorio gallego están “trabajando en mejorar el proceso de embriogénesis en general” para poder estar a punto una vez que cuenten con el presupuesto necesario para iniciar este proyecto, porque -afirma Viéitez- cuando la Administración dé el visto bueno, “los científicos tenemos la obligación de tener todo a punto”.

Todas estas mejoras en las que están trabajando podrán “aplicarlas a la transformación genética de robles, encinas y alcornoques”, con las que lograr individuos más resistentes a, por ejemplo, las “enfermedades fungicidas” que padecen este tipo de especies. EFE

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