REPOBLACIÓN NÁYADES

Los ríos Ter, Fluvià y Muga, repoblados con 4.500 náyades en el marco de la Red Natura 2000

Los ríos Ter, Fluvià y Muga, repoblados con 4.500 náyades en el marco de la Red Natura 2000 Imagen cedida de la repoblación de náyades en el marco del Life. EFE

Las cuencas de los ríos Ter, Fluvià y Muga han sido repobladas con más de 4.500 juveniles de náyades (mejillones de agua dulce) en el marco del proyecto europeo Life de conservación de fauna fluvial en espacios de la Red Natura 2000.

Los responsables de estas actuaciones han presentado hoy en Olot unos resultados que muestran como se han creado localidades de esta especie en riesgo de extinción.

El proyecto ha permitido que aparezcan veintisiete colonias en puntos donde no había náyades, mientras que se han reforzado otras quince en las que la población era muy reducida.

El principal sistema de recuperación ha sido el de reproducción en cautividad y liberación de ejemplares de más de dos años, aunque también de peces infestados con larvas.

Entre el pasado año y el actual se ha repoblado con 4.505 juveniles criados entre 2011 y 2016 en el laboratorio del Consorcio de l’Estany, situado en la localidad de Porqueres.

Características de la zona

Además, en el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, también en la provincia de Girona, se han liberado 1.345 juveniles de más de un año y 25.520 nacidos en 2017 para repoblar seis localidades, tres de ellas de nueva creación.

Para escoger los puntos idóneos se han tenido en cuenta criterios ecológicos, de estado de las poblaciones, tipo de hábitat y presencia de especies exóticas.

Se han descartado zonas con mucha abundancia de cangrejo americano, carpas y otros peces exóticos, así como espacios con elevado efecto de las riadas, y se han seleccionado canales y tramos de ríos con importante presencia de vegetación, entre la que destacan alisos y árboles con raíces que son refugio de náyades.

Bioindicador de ambientes

Esta especie en riesgo de extinción es un bivalvo de agua dulce que vive medio enterrado en el sedimento y que ejerce de bioindicador de ambientes en buen estado.

Las larvas, para vivir, necesitan parasitar durante un tiempo un pez anfitrión, normalmente autóctono, para desprenderse después de un plazo de entre diez y treinta días. Efeverde




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Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

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