CRISIS CLIMÁTICA

Reducir el ritmo de la navegación para auxiliar al clima

basura Foto de archivo. EFE/ Jun Dumaguing

Reducir la velocidad de los grandes barcos cuyo impacto redunda automáticamente y de forma exponencial en el consumo de carburante y por ende en sus emisiones de CO2 es una de las propuestas más eficientes para contribuir desde la industria naviera en la lucha climática.

Así lo manifiesta hoy a Efe Carlos Bravo, responsable de la organización de protección marina OceanCare, coincidiendo con las reuniones esta semana de forma virtual de la Organización Marítima Internacional (OMI), el regulador de la navegación de la ONU, con sus estados miembros, que ascienden a 174.

“Pequeñas disminuciones de la velocidad de los barcos reducen muchísimo el consumo de combustible, y asimismo las emisiones de CO2, porque el impacto no es lineal, sino exponencial”, asegura Bravo.

Los gases de efecto invernadero procedentes de la navegación mundial tienen un gran impacto climático y superan en su conjunto a los emitidos por grandes países industriales como el Reino Unido, España, Brasil, Australia. De hecho, si la navegación mundial fuera un país ocuparía el quinto lugar en la lista de los más contaminantes, que encabezan China y Estados Unidos.

En sus reuniones esta semana la OMI intentará avanzar en la regulación del CO2 de 60.000 buques comerciales que en conjunto transportan el 80 % del comercio mundial; la decisión que se adopte quedará pendiente de aprobación por el Comité de Protección del Medio Ambiente Marino (MEPC75), que está previsto que se reúna a mediados de noviembre.

“La medida más barata y eficaz a corto plazo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de los barcos es precisamente reducir su velocidad”, ha añadido Bravo.

Existen más opciones en la lucha climática desde el sector naviero aunque más costosas y con efectos muy a largo plazo, como las grandes innovaciones, por supuesto muy importantes, pero cuya implementación es lenta, habitualmente coincidiendo con la renovación de las flotas, y la vida útil de las embarcaciones suele extenderse unos 25 años.

La contaminación acústica desorienta a los animales

Además de las ventajas climáticas de la ralentización de la navegación, este tipo de actuaciones tiene otras ventajas ambientales, como la reducción del ruido marino, que al fin y al cabo es otro tipo de contaminación, que desorienta a las especies y hace que colisionen, por ejemplo, con barcos, como los cetáceos, a los que causa problemas para comunicarse con normalidad bajo el mar, en donde apenas hay visibilidad.

Precisamente OceanCare trabaja “mucho” para reducir el ruido submarino, no solo el de los barcos, sino también el de las prospecciones de hidrocarburos, con el objetivo de avanzar además, desde la reclamación de la paralización de este tipo de proyectos hacia la descarbonización, en línea con el Acuerdo de París en la lucha contra el calentamiento global.

“Si destruyes el sistema auditivo de los cetáceos por culpa del impacto de las explosiones acústicas generadas por este tipo de prospecciones, estos pierden la capacidad de ubicarse en su medio, comunicarse con sus congéneres, localizar presas y evitar colisiones con barcos, y finalmente terminan muriendo, muchas veces aparecen varados en la costa”, ha advertido el experto. EFEVerde

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