Residuos

Proyecto hispano-francés crea bioplásticos con residuos vegetales de frontera

Plásticos. EFE/Archivo

David Álvarez.- La frontera que comparten España y Francia cuenta con kilómetros de terreno rural donde se acumulan residuos vegetales que, gracias a una investigación cofinanciada por el programa europeo POCTEFA, se convierten en bioplásticos que se descomponen en la naturaleza sin afectar al medioambiente.

Diferentes empresas e instituciones participan en el proyecto, denominado Bioplast y enmarcado en el programa de cooperación transfronteriza Interreg España-Francia-Andorra (POCTEFA).

Una de ellas es la Universidad de Girona, que ha puesto a trabajar en él a un equipo liderado por José Alberto Méndez, doctor en Ciencias Químicas especializado en el ámbito de los materiales poliméricos.

El proyecto arrancó en enero de 2018 y el objetivo es que el plástico que habitualmente llega a nuestras manos y que tantos problemas comporta en materia de sostenibilidad se convierta en un bioplástico, obteniendo polihidroxibutirato principalmente o algún otro polihidroxialcanoato a partir de subproductos agrícolas.

“El material conseguido de esa forma es totalmente biodegradable”, subraya Méndez, quien explica a Efe que uno de los socios franceses lo sintentiza a partir del cultivo de unas bacterias.

“Es como cuando comemos azúcares y los transformamos en moléculas que almacenamos para cuando necesitamos esa energía, engordar para luego gastar”, ejemplifica.

El “alimento” de esas bacterias es el que se obtiene de residuos vegetales como paja de cereales o hierba del campo, aunque se optó por la paja de cebada, ya que es la que menos contenido de lignina tiene, un elemento que ayuda poco en todo este proceso.

De todo ese trabajo se obtiene finalmente el polímero deseado, el polihidroxibutirato, el plástico biodegradable que se degrada en la naturaleza.

Tiestos y nuevos materiales

La Universidad de Girona obtuvo muestras de ese material que destinó a ensayos, pero el equipo de Francia optó por crear piezas finales, en su caso tiestos.

La producción de polímero era en cantidades muy inferiores a las necesidades del proyecto y, para compensarlo, se optó por comprarlo ya sintetizado a Alemania.

En todo caso, aquellos tiestos han dado un resultado excelente, ya que se entierran con la planta en el momento de la siembra sin que sea necesario extraerlos posteriormente, ya que se integran al terreno e, incluso, sirven para alimentar al cultivo.

Los investigadores del País Vasco que participan en el proyecto le han dado una vuelta más y han sido capaces de confeccionar el filamento con el que elaboran piezas mediante impresoras en tres dimensiones.

Otras líneas de investigación

En Girona se ha realizado la simulación medioambiental de esos materiales, que se han introducido en una cámara que simula condiciones de humedad o temperatura.

En un par de semanas empiezan a degradarse, aunque Bioplast introdujo entonces otros factores como si la utilización de estos polímeros tan sostenibles es realmente eficiente si se tiene en cuenta el coste de todo el proceso.

Además, se ha realizado un estudio social con entrevistas a agricultores para saber cómo se deshacen de los residuos plásticos y si cambiarían por este tipo de nuevos materiales.

El resultado es que son “proclives”, en palabras de José Alberto Méndez, a afrontar el cambio, conscientes también de las exigencias desde Europa a corto y medio plazo en materia de sostenibilidad, pero su precio es muy superior al polímero convencional.

“Ahora mismo no es competitivo, queda mucho trabajo por hacer, pero toda esta investigación supone un avance en el camino que hay que recorrer”, señala Méndez.

Su equipo ha tenido como socios en Bioplast a la Universidad de Lleida, los centros tecnológicos Gaiker del País Vasco y Apesa y Catar de Francia, el instituto biotecnológico y de ingeniería química de Toulouse (TBI) y el Nacional de Ciencias Aplicadas de esa misma ciudad. EFEVerde




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