PRESTIGE ANIVERSARIO

Siete días “hacia ninguna parte”, carta náutica del Prestige 18 años después

El marinero José López Redonda hoy en el 18 aniversario del hundimiento del Prestige. EFE/Cabalar

Elizabeth López.- Martes, 19 de noviembre a las 8:00 horas, el Prestige se parte en dos trozos. Tres remolcadores tirando del barco durante siete días hacia ninguna parte hasta que al final se tiene que hundir a 130 millas del Cabo Finisterre y otras tantas de las Cíes, a una profundidad de 3.500 metros”. Así termina la carta náutica de la deriva del Prestige, 18 años después.

Su autor, José López Redonda (Sardiñeiro, A Coruña, 1941), más conocido como Pepe Olegario, lleva más de 50 años descubriendo pecios mientras buscaba meros en su barco de pesca -es sabido que todos los barcos importantes de mero están donde hay barcos hundidos-, y ahí empezó su trayectoria cuasi arqueológica hasta convertirse en uno de los mayores expertos en Galicia.

Hundimineto del Prestige

Con motivo del 18 aniversario del hundimiento del Prestige, el Parador Costa da Morte ha presentado este viernes la carta náutica de aquel fatídico accidente del petrolero. EFE/ Cabalar

 

Cientos, “miles” de pecios desde Estaca de Bares a Portugal han recuperado su nombre olvidado frente a la costa gallega de la mano de Pepe Olegario, cuenta a Efe ya jubilado con motivo de la presentación en el Parador de Muxía (A Coruña) de la carta náutica del dramático accidente del petrolero Prestige, que se hundió cargado con 77.000 toneladas de fuel pesado provocando un inmenso vertido que anegó las costas de Galicia y afectó a más de 1.700 kilómetros de litoral, desde Portugal hasta Francia.

El veterano marinero, que estudió Náutica en la Marina en Ferrol, hizo la carta náutica del Prestige en una semana, documentándose en las noticias diarias de la prensa y de lo que publicaba el instituto francés Cedre, dedicado a analizar la contaminación de las aguas. Mide alrededor de un metro por 70 centímetros.

La idea surgió de los propios clientes del parador que, curioseando en las diez cartas náuticas expuestas en el edificio, también de Pepe Olegario, se preguntaban dónde estaba la del Prestige.

“No estaba”, relata su autor, porque todos los planos que había expuestos están dentro de la plataforma continental, a unas 20 millas, y el Prestige se hundió a más de 130, aunque llegó a estar a tres millas de Muxía. El director del parador, Julio Castro, le trasladó el interés de los visitantes, sobre todo foráneos, y así empezó a trazar la deriva del petrolero con todo detalle.

“Año 2002, miércoles 13 de noviembre a las 15:15 horas, con temporal, el Prestige lanza una señal de socorro. Mayday, mayday, mayday. Tiene una vía de agua de 15 metros y una escora del 25%. Se evacúan 204 tripulantes, quedan el capitán y dos oficiales”, comienza a detallar la carta de Pepe Olegario, que en sus inicios buscando pecios utilizaba una sonda de papel.

Normas sobre los puertos refugio

Después de “tantos días a la deriva al final se hundió porque no iba a ninguna parte, nadie lo quería, daba miedo a la gente”, recuerda. Al final los remolcadores lo engancharon pero era un petrolero muy grande, había viento muy fuerte, de fuerza 8, iba cargado y “no era fácil, los remolcadores no podían con él”.

“Dibujé la carta por inercia, hago mis cálculos mentales y lo tenía prácticamente asimilado, no me costó mucho trabajo ni pensé mucho la cosa”, asegura su autor, que para él es “un plano más”. “Aquello fue un desastre y espero que esta carta sirva para que no vuelva a ocurrir”.

El experto marinero dice que este tema es “delicado” y que quizá “ahora la cosa cambiaría, sabiendo lo que se sabe”, pero en aquel momento “las decisiones eran complicadas” y “en política no es como antiguamente, la Marina mandaba y decidía y nadie decía nada, un político si mete la pata está quemado”, añade. Este caso llegó tras la marea de “Nunca máis” a los tribunales, donde el chapapote anegó la esperanza de un resarcimiento justo.

Sin embargo, Pepe apunta otro caso, el del accidente de un petrolero en 1961 a la altura de Cabo Vilano que le ocurrió lo mismo que al Prestige, pero un remolcador alemán lo llevó a la playa de Fisterra, donde le extrajeron el petróleo.

“Estas cosas, para que no se repitan, debían estar acordadas de antemano” acerca de la necesidad de establecer unas normas sobre los puertos refugio y cómo resolver estas situaciones, zanja Pepe Olegario, que ha montado un pequeño museo en su casa de Sardiñeiro y tiene expuestos una decena de planos en el Museo Naval de Madrid. EFEverde

 

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