COP24 CLIMA

Polonia, el país del carbón, acoge la COP24

Polonia, el país del carbón, acoge la COP24 (Polonia) EFE/EPA/ATEF SAFADI

Varsovia, (EFEverde).- Polonia, país totalmente dependiente del carbón, será la sede de la próxima cumbre del clima (COP24), que comienza el próximo 3 de diciembre en Katowice, donde el país centroeuropeo quiere demostrar que es capaz de reducir su adición a este carburante y apostar por el desarrollo sostenible aunque, eso sí, sin que eso frene el desarrollo de su economía.

La primera paradoja de esta cumbre del clima es que su sede es un país donde el carbón representa casi el 80% del mix energético, lo que supone que 33 de las 50 ciudades más contaminadas de Europa se encuentren en Polonia, según la Organización Mundial de la Salud, y causa la friolera de 45.000 muertes prematuras al año en un país de algo más de 38 millones de habitantes.

De hecho, y ésta es la segunda paradoja, la mayoría de estas poblaciones se encuentran en las zonas mineras de Silesia, donde se ubica Katowice, la sede de la COP24, una ciudad tradicionalmente ligada a la minería del carbón.

Pero mantengamos la calma, porque como ha dicho el presidente de Polonia, Andrzej Duda, su país es “un modelo ideal” de desarrollo sostenible, no en vano las emisiones se han reducido en los últimos años, y el carbón ha pasado de suponer casi el 100% del mix energético en los 90 al 80% actual, con entrada de fuentes alternativas como la energía eólica.

“La economía polaca está en constante desarrollo, nuestro PIB ha aumentado de forma regular durante los últimos 30 años y, al mismo tiempo, hemos reducido las emisiones. Se puede decir que nuestro modelo es un modelo ideal”, ha afirmado el presidente polaco, quien hará de anfitrión el próximo día 3 de diciembre en la inauguración de la COP.

Para Duda, y podemos decir que sus palabras sintetizan a la perfección la posición polaca ante esta cumbre, “es importante que el desarrollo sostenible se implemente de una manera que permita a los países desarrollar su economía tan rápido como sea posible, y que permita elevar el nivel de vida de la población”.

Las palabras de Duda nos llevan a otra paradoja, representada por la posición del Gobierno polaco, presidido por el partido nacionalista Ley y Justicia, que se opone al aumento de los objetivos de reducción de CO2 de la UE para el año 2030, ya que esto tendría un impacto negativo en el sector eléctrico y en la economía polaca en general.

Efeverde ha contactado con varias organizaciones ecologistas presentes en Polonia, cuyos responsables han preferido no valorar las intenciones del Gobierno polaco de cara a la COP, aunque sí han lamentado el “inquietantes señales” como el hecho de que el mayor productor de carbón de coque de Europa, la minera estatal JWS, sea una de las empresas colaboradoras con la próxima Cumbre del Clima.

Para estas organizaciones, es paradójico que el Ejecutivo polaco se comprometa con el desarrollo sostenible o con mejorar la calidad del aire y, al mismo tiempo, apoye de una manera tan simbólica a la industria del carbón, al mantener un perenne romance con un carburante tan contaminante como éste, con una industria del carbón subvencionada que extrajo 65.5 millones de toneladas en 2017.

“Hoy día, ya no es suficiente garantizar una energía barata, la ciudadanía polaca es consciente de los riesgos que entraña para la salud el aire contaminado y también demanda la protección del clima como un pilar de la política energética, y con la reducción del coste de las energías renovables podemos lograr ese objetivo”, explicaron a Efe responsables de la ecologista WWF.

Según datos oficiales, Polonia supone la quinta mayor emisión de gases de efecto invernadero en la Unión Europea, y mientras la UE busca la fórmula para reducir aún más las emisiones de dióxido de carbono para el año 2050, el Gobierno polaco, anfitrión de la COP, sigue desarrollando una industria energética basada en el carbón, denunció Greenpeace días atrás.

Esta organización recuerda los planes del Ejecutivo polaco de construir una nueva planta de energía eléctrica en Ostroleka, donde se prevé que se lleguen a consumir más de 10.000 toneladas de carbón diarias, y su renuncia al desarrollo de la eólica con políticas que imponen más trabas que facilidades, otra paradoja cuando se trata de organizar una Cumbre del Clima.

Por su parte, el Gobierno polaco asegura que las cosas van a cambiar, y recientemente presentó un plan para reducir el peso del carbón en su mix energético, que pasaría a suponer el 60% para 2030 y el 30% para 2040, tomando como referencia los niveles de 1990, y se reemplazaría por la energía nuclear con la construcción en 2033 la primera de las seis plantas previstas.

Además, Polonia también aprovechará previsiblemente la cumbre para presentar nuevos proyectos de desarrollo del transporte eléctrico y opciones para la reconversión de su potente sector minero (con cerca de 85.000 trabajadores) porque, a fin de cuentas, se espera que las reservas polacas de lignito se agoten en 2030, mientras que el carbón duro podría durar un poco más, pero no mucho.

El país centroeuropeo también ha decidido apostar firmemente por el gas natural, con los recientes acuerdos suscritos con Estados Unidos para importar gas licuado de ese país, y con el proyecto de gasoducto desde los países escandinavos, aunque para los ecologistas estas medidas son insuficientes, mientras que tampoco alcanzan los objetivos marcados por Bruselas. EFEverde
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Redacción EFEverde
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