EXTREMADURA RÍO JERTE

Plasencia, allí donde el Jerte se vuelve ciudadano

  • El Jerte, truchero, es abulense de nacimiento y extremeño por vocación

Plasencia, allí donde el Jerte se vuelve ciudadano Puente de san Lázaro sobre el río Jerte en Plasencia (Cáceres). EFE/Txema Ruiz

EFEverde.- Muy conocido por el valle al que da nombre, el río Jerte, lo es menos en su vocación ciudadana, tal vez porque es corta, o quizá por qué quede ensombrecida por los cerezos en flor que, año tras año, asombran a millares de personas de todo el mundo.

Pero, esa vocación, existe y merece la pena una mirada sobre ella por que para el paseante puede suponer además de un respiro, acumular más conocimientos sobre Plasencia, que ya de por sí merece muchos, pues es precisamente allí donde el Jerte se vuelve ciudadano.

El Jerte no es un río muy largo, solo unos 70 kilómetros, y a la vieja Ambracía, nombre que tuvo la villa extremeña antes de la llegada a la ciudad de Alfonso VIII, su oficial fundador, llega ya con un recorrido de 50.

Sus aguas son bravas lo que da oportunidad de contemplar corrientes fuertes en su bajada hasta esta ciudad que es la puerta del renombrado valle.

El posible recorrido fluvial tiene varias alternativas: la más larga es de unos 13 kilómetros, llegando hasta la presa del Jerte y vuelta al punto de partida junto a la puerta de Coria y otras más cortas como la que une el puente Nuevo como en el puente de San Lázaro por la que se podrá contemplar la parte más urbana del río y unas estupendas vistas de la ciudad, con dominio de sus catedrales, a lo largo del camino.

Cómodo para paseantes de toda edad y condición y para los ciclistas, que disponen de carril “bici” se puede acortar todavía más cruzando por cualquier de los puentes intermedios, como el de Trujillo o la inconfundible pasarela verde, que nos conectan con alguna de las puertas de acceso a la Plasencia intramuros.

El Jerte a su paso por Plasencia (Cáceres).

El Jerte a su paso por Plasencia (Cáceres). EFE/Txema Ruiz

Esta alternativa, más corta, es muy recomendable si se quiere, al mismo tiempo, aprovechar para ir sin prisa observando con detenimiento el panorama y ¡como no! usar nuestra querida compañera la cámara fotográfica, que es indispensable en este caso.

La mayor parte de la ciudad queda prácticamente en la margen derecha contemplando, un poco elevada, como pasan rápidas las aguas hacia terminar, 20 kilómetros más allá, en el Alagón que a su vez las depositará en el Tajo.

Este Jerte, truchero, abulense de nacimiento pero extremeño por vocación, bien merece una mirada atenta a su paso por Plasencia, disfrutar de cualquiera de sus dos orillas y recrearse con los sonidos de sus aguas que, en algunos momentos, alejan los ruidos propios de las ciudades.

Por supuesto, a lo largo de este paseo se podrá avistar el buen número de aves que por allí viven, especialmente en el habilitado parque de la Isla, al que se puede acceder fácilmente por el pasadizo situado en frente de la Puerta del Sol, una de las supervivientes de las añejas murallas.

Y después, se podrá reponer fuerzas en cualquiera de los muchos restaurantes que la ciudad nos ofrece; así que buen paseo, buenas fotos y buen provecho. EFEverde




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