PIRINEOS INVESTIGACIÓN

El Pirineo aragonés registró una acumulación de polvo sahariano sin precedentes

Pinares de alta montaña en el Pirineo aragonés. Archivo EFE

El Pirineo aragonés registró el pasado mes de febrero una acumulación “sin precedentes” en las últimas décadas de polvo sahariano, con depósitos de hasta 33 gramos por metro cuadrado en el valle de Benasque tras las denominadas “lluvias de barro”.

Según informa el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE), organismo adscrito al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la investigación se llevó a cabo un mes después de recibir la Península Ibérica una sucesión de oleadas de polvo sahariano que incidió de forma especial en el este del país.

Los resultados muestran que el Pirineo aragonés aparece como una de las zonas más afectadas, con registros de entre 16 y 33 gramos de polvo por metro cuadrado en el valle de Benasque, de 17 g/m² en la zona de la estación de Astún, de 12 g/m² en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Registros más bajos de entre 8 y 9 g/m² se constataron en las zonas llanas de la provincia oscense como los municipios de Ena y Almudévar, así como en Zaragoza (7 g/m²) y en el Pirineo navarro, Cataluña y Baleares (2 y 5 g/m²).

Más del 80% del polvo acumulado en la Península

En suma, señalan las fuentes referidas, solo este episodio climatológico ha supuesto más del 80 % de polvo depositado en toda la Península a lo largo de este año.

Para los investigadores, se trata “sin duda de un fenómeno extraordinario del que no constan precedentes cercanos y cuyas consecuencias están pendientes de evaluación, aunque la fusión acelerada de la nieve podría ser la más inmediata”.

El polvo sahariano es un tipo de aerosol de origen natural que no es arena sino partículas minerales procedentes del norte de África de tamaño mucho más pequeño.

Según explica Jorge Pey, investigador del IPE y líder del proyecto POSHAPHI (Polvo Sahariano en la Península ibérica y en las islas Baleares), “en España tenemos polvo sahariano en nuestra atmósfera muchos más días al año de lo que nos pensamos. Cada vez que una masa de aire cálido nos visita, viene acompañada por una cantidad mayor o menor de partículas de este tipo”.

Así, las regiones del sur de la Península Ibérica o las islas Canarias se ven afectadas por estas masas de aire con mucha mayor frecuencia que las zonas del norte.

“Hablamos de entre un 30 % y un 40 % de días del año en las zonas con mayor incidencia, y entre un 8 % y un 10 % en las menos afectadas”, concreta Pey.

En general, cada vez que la península recibe una masa de aire que contiene polvo sahariano, éste permanece en el aire unos tres o cuatro días, tras los cuales una nueva masa de aire que reemplaza a la anterior limpia la atmósfera de este tipo de aerosol, destacan los investigadores.

Destacan que en algunas ocasiones, la simultaneidad de polvo sahariano y precipitaciones provoca las famosas “lluvias de barro” o “lluvias de sangre”, que el pasado invierno dejaron estampas “cuando menos llamativas” sobre la nieve del Pirineo.

Barrera natural

Según Pey, “la zona que registra mayores tasas de deposición de polvo sahariano es una de las zonas en las que la frecuencia de oleadas de polvo es menor: los Pirineos. Esta cordillera, con picos de más de 3.000 metros de altura, actúa como una barrera natural que favorece el lavado de la atmósfera en ambos lados”.

En su vertiente sur se lava de contaminantes emitidos o transportados desde el sur, como por ejemplo el polvo sahariano, mientras en la norte se lavan contaminantes que proceden del norte, en su mayoría generados por el ser humano.

Los investigadores creen que estas altas tasas registradas en la zona pirenaica se deben al impacto de uno o dos episodios de corta duración pero de gran magnitud, mientras que en el extremo sur de la Península el proceso de deposición normalmente es mucho más continuado y menos severo.

El proyecto POSAHPI realiza un estudio detallado de la incidencia del polvo sahariano en el dominio Iberia-Baleares en los últimos 10.000 años.

POSAHPI pretende conocer qué ha ocurrido en épocas pasadas para poder vaticinar los escenarios más probables en las próximas décadas teniendo en cuenta el contexto de variabilidad climática en el que nos encontramos inmersos. EFEverde




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