Entrevista ambiental

Parmentier: Si acabamos con el conflicto ballenero la CBI puede entrar en el S.XXI

Parmentier: Si acabamos con el conflicto ballenero la CBI puede entrar en el S.XXI

Madrid, 14 jun (EFEverde, periodismo ambiental).- Rémi Parmentier es rotundo cuando afirma que "una ballena viva vale mucho más que una muerta" y, con la vehemencia de quien es leyenda viva del ecologismo, apunta que "si acabamos con este conflicto, la Comisión Ballenera Internacional entrará en el S.XXI para afrontar los problemas actuales.

“Hoy existe esa oportunidad” que “no debemos perder”, señala Parmentier, asesor internacional del Grupo Pew Medio Ambiente, en una entrevista con EFE, en la que descifra algunas de las claves de la 62 asamblea anual de Agadir (Marruecos) a partir del próximo domingo 20.

Pregunta: ¿Porqué vuelves a la Comisión Ballenera Internacional?
Respuesta: La CBI está agonizando desde hace años, con una situación paradójica. Por una parte hay una moratoria sobre la caza comercial desde 1986, que ha sido un gran éxito, pues ha disminuido considerablemente el número de países que cazan ballenas. Pero por otra, quedan tres países que todavía la practican: Japón, Noruega e Islandia.

Aunque Japón pretende que lo hace con fines científicos, sin micrófonos dirán que es una forma de escapar a la moratoria. En su tiempo Japón no objetó la moratoria y por eso tienen que usar estratagemas. Los casos de Noruega e Islandia son distintos ya que formalizaron su objeción y argumentan que no tienen obligación.

P.- ¿Tenemos entonces un sistema con fisuras por el que se cuelan los balleneros?
R.- La moratoria fue un gran éxito, pero facilita que estos tres países puedan cazar sin el control de la CBI. La aprovechan para fijar, unilateramente, sus propias cuotas. Por eso es muy importante que se vuelva a tomar el control y que la CBI alcance un acuerdo. Además es necesario que se respete la otra gran medida de conservación de las ballenas, la declaración en 1994 de un santuario en el océano austral (Antártida).

P.- Y, a día de hoy, ¿es posible?
R.- Desde hace tres años estamos en un proceso de negociación para buscar una solución. Para ello, todo el mundo tiene que ceder algo. Se trata de que no siga en riesgo el futuro de las ballenas.

P.- Curiosamente, la CBI nació para el reparto de cuotas.
R.- Era un club de balleneros que se creó después de la II Guerra Mundial, cuando había una aguda necesidad de proteínas en Japón después de la capitulación, y en la URSS; ello llevó al desastre, a la casi la extinción de muchas especies y poblaciones de ballenas. Naciones Unidas en 1972 hizo un llamamiento para establecer una moratoria, pero fueron necesarios diez años para que se alcanzara,1982, y algunos más para que entrara en vigor, 1986.

P.- Y… ¿No ha quedado un poco desfasada la CBI?
R.- La Comisión hace un trabajo científico excelente, pero los gobiernos no hacen mucho caso. No resulta inútil, pero ha perdido parte de su credibilidad y no la recobrará hasta que todos los países acepten que sus actividades sean controladas y se respeten sus decisiones, empezando por el santuario austral.

P.- ¿Entonces, cuáles son los principales puntos de fricción para un acuerdo?
R.- Ante todo, está sobre la mesa que todos los países reconozcan la existencia de la moratoria y el santuario. Es una petición sólida y, tal vez, a cambio, no es imposible que haya alguna exención a la moratoria en ciertas condiciones muy controladas en aguas jurisdiccionales de los tres países balleneros. Supondría volver al control internacional de las actividades que afectan a las ballenas y en gran medida el fin del conflicto, Ello permitiría a la CBI entrar en el siglo XXI y ocuparse de otros problemas que afectan a los cetáceos en la actualidad.

P.- ¿Cuáles son esos problemas?
R.- El impacto del cambio climático sobre las ballenas en especial en la zonas polares, la sobrepesca de los recursos alimenticios estos mamíferos y las capturas llamadas accidentales en redes de pesca, además de las colisiones con los buques mercantes, o la contaminación acústica debido a ensayos sísmicos, maniobras militares, tráfico marítimo… Son desafíos emergentes. No pueden ser controlados por la CBI de manera eficaz si la controversia sobre la caza sigue obstaculizando la cooperación internacional.

P.- Curiosamente la posible excepción a la moratoria ha conseguido poner a todos de acuerdo.
R.- Si, de momento todos desde Japón (pro-balleneros, por considerarla demasiado restrictiva) hasta Australia (pro-ballenas, por considerarla demasiado permisiva) hacen frente común contra la propuesta del Presidente de la Comisión que discutiremos en Agadir.
En un organismo donde las opiniones son tan dispares, el presidente tiene que hacer un menú que sea comestible por todo el mundo. El propio Presidente de la CBI, el chileno Cristian Maquieira, dijo en la introducción a su propuesta que tampoco le gustaba y que es una base para la negociación, pendiente de mejora en Agadir.

Este fin de semana se ha sabido que Maquieira no podrá acudir por motivos de salud desgraciadamente, lo cual añade incertidumbre sobre los resultados de la negociación; lo reemplazará el representante de la nación caribeña de Antigua y Barbuda.

P.- ¿Entonces, sería admisible la caza de algunos ejemplares?
R.- Preferiría que no ocurriera por supuesto, pero se está planteando la posibilidad de que, a cambio de retirarse del santuario austral, se reconozca -bajo ciertas condiciones – el derecho de Japón a cazar ballenas en sus propias aguas. Para que sea factible, tendría que ser con un límite y conforme al sistema de gestión y evaluación de las poblaciones adoptado en 1994. Supondría que la flota Japonesa se retiraría del santuario. Sería un acontecimiento de gran magnitud.

Como contrapartida y al no pretender fines científicos, podrían cazar bajo el control de la CBI cierto número. Además se limitaría el consumo al mercado interno de los tres países balleneros y no autorizar la caza en ningún otro.

A los países pro moratoria les cuesta considerar una posible excepción en aguas costeras. Y a Japón le cuesta la idea de abandonar la caza en alta mar, en la Antártida y volver a ser controlado por la Comisión. También está el tema de Islandia y Noruega, pero la llave la tiene Japón.

P.- Greenpeace, WWF y el Grupo Pew han presentado su propia propuesta ; cuáles son sus ejes?

R.- Se resumen en seis puntos:
1 Fin de la caza en el santuario austral.
2 Consumo de la carne de ballena estrictamente limitado al ámbito local en los tres países donde, eventualmente, se realice.
3 Aplicación del sistema de gestión de la CBI de 1994, fijar los límites de caza.
4 Abandono de la caza científica.
5 Compromiso de todos a no objetar cualquier elemento del paquete de negociación.
6 Ninguna especie o población vulnerable puede ser capturada

P.- ¿Tal vez no somos conscientes de la riqueza ambiental de estos animales?
R.- Una ballena viva vale mucho más que una ballena muerta incluso medido en dólares. El avistamiento es una opción para el turismo sostenible. Aporta riqueza a los habitantes de las zonas costeras por donde pasan en sus rutas migratorias, por ejemplo en ambas riberas de América Latina, Atlántico, Pacífico, Caribe, hay un boom de esta actividad.

En las islas Canarias y en otros lugares del mundo también dónde las ballenas actúan como un imán para el turismo y un incentivo para el desarrollo sostenible, con flete de barcos para llevar a científicos y público a descubrir estos animales legendarios.EFE

QUIERES SABER MAS:

Columna de opinión de Remi Parmentier: Paradojas Balleneras

Sobre Rémi Parmentier

Fue miembro fundador de Greenpeace International (1979) y de varias organizaciones nacionales de Greenpeace, entre ellas Greenpeace Francia (1977), Greenpeace España (1984), el Proyecto Mediterráneo de Greenpeace Internacional (1986) y Greenpeace América Latina (1987).

Fue el responsable de una gran variedad de proyectos en nombre de Greenpeace. En la década de 1970, fue miembro de la tripulación de los primeros viajes legendarios del buque Rainbow Warrior. Ha realizado investigaciones de campo sobre temas medioambientales y nucleares en varios países y regiones, incluyendo Europa Occidental, Rusia, Norte y América Latina, el Pacífico Sur y Asia.

Se le considera el principal artífice de la prohibición en todo el mundo del vertimiento de desechos industriales y radiactivos en el mar, aprobada por las Partes en el Convenio de Londres en 1993, tras campaña de Greenpeace que se extendió por 15 años.

Fue miembro del equipo político de Greenpeace Internacional dede su creación en 1988, y el director de ese equipo durante varios años hasta que dejó este puesto para formar el Grupo Varda con Kelly Rigg en 2003. Desde 2007 es también Asesor del Grupo Pew Medio Ambiente.

La fotografía que ilustra esta información es de archivo

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