Ó.Aranda: Todos debemos redescubrir el lenguaje secreto de la naturaleza

LIBRO NATURALEZA

Óscar Aranda: Todos debemos redescubrir el lenguaje secreto de la naturaleza

Óscar Aranda: Todos debemos redescubrir el lenguaje secreto de la naturaleza Portada del libro 'El lenguaje secreto de la naturaleza' del biólogo mexicano Óscar S. Aranda. EFE

Lourdes Uquillas.- Los animales y las plantas fueron sus "amigos" de infancia, de adolescencia y fuente de aprendizaje para sus estudios de biología y ciencia, con los que después se dedicó a la protección de tortugas en México y ahora a la divulgación y que Óscar S. Aranda relata en "El lenguaje secreto de la naturaleza".

El biólogo mexicano agradece su interés por la naturaleza a sus progenitores: “Mi vida no sería la misma si mis padres no me hubiesen sacado a ensuciarme, a llenarme de barro, a que me picaran las hormigas, que me pasaran cosas en el campo”, señala en entrevista con EFEverde.

Conexión con la naturaleza

El libro, de la editorial Plaza y Janés (Penguin Random House) intenta transmitir esa conexión que se ha perdido con la naturaleza, “pero de una forma sencilla y divertida” para volver a conectar con los seres con los que convivimos día a día y pueda verse “el lado más empático de todos” ellos.

Y a las plantas, no verlas más simplemente como una planta que adorna la casa, sino un ser más que “alegra” nuestras vidas.

La sobreprotección actual a los niños “no es buena”, señala y recomienda a los padres “reeducarse ellos mismos” para poder educar a sus hijos, “dejar de ver tanto el teléfono móvil” cuando buscan qué tiempo va a hacer y levantar la mirada al cielo porque las nubes también dicen “si va a llover no”.

Neurobiología o “planteligencia”

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Imagen de uso editorial facilitada por la editorial Plaza y Janés (Penguin Random House). EFE

Sobre la Neurobiología vegetal, que él prefiere llamar “planteligencia”, recuerda que durante años se ha pensado en la relación que mantienen las plantas; sin embargo, a muchos investigadores se les “tachó de locos” por plantearla, pero a partir de los años noventa hay publicaciones científicas que la estudian.

Y es que no se ha tenido en cuenta todo lo que hay debajo del árbol -en la tierra-, que todas las raíces “forman un gran cerebro”, con líneas de comunicación, ya que cada raíz tiene transmisiones eléctricas, se comunican o chocan entre las de diferentes árboles “formando como una gran red de internet”.

Están todos en comunicación, se mandan mensajes, señales, aprovechan hongos para realizar esta comunicación, pero además se transmiten nutrientes y entablan guerras con vegetales que les pueden causar problemas, hay luchas impresionantes, como si fueran guerras entre países, sostiene.

Pero más allá de eso, en la superficie está la capacidad de transmitir mensajes químicos y complejos que no logramos entender, pero se ha descubierto que árboles atacados por orugas pide ayuda o están comunicando y advirtiendo a sus compañeros de alrededor que está ocurriendo el ataque, y ellos son capaces de producir gases o feromonas para repelerlos.

Las llamadas de auxilio que practican para comunicarse y llamar a insectos para que se “hagan cargo de los bichos que les pican”, es algo que está demostrado y “hay ciencia detrás de estas teorías que se tildaban de locuras”.

Mientras más feos, mejor

Recuerda que en su infancia en México aprendió del contacto con los animales, “como con los lagartos que tienen cuernos en la cabeza y cuando se sienten estresados sangran por los ojos”. “No sabía que ese animal llora sangre cuando se siente estresado”.

“He cometido muchos errores a lo largo de mi vida, pero vas aprendiendo. Sin embargo, sin duda son aprendizajes que te dejan raíces muy profundas”, asegura.

En sus paseos siempre iba en la búsqueda de animales “mientras más feos mejor, porque no quiere decir que sean malos o peligrosos”, convencido de que en la naturaleza hay que “saber apreciar también la fealdad porque, lo que para los humanos es feo, para los congéneres de su misma especie puede ser un bellezón”.

Ghatólico declarado

Aranda se declara “gathólico”, es decir amante de los gatos gracias a su madre, a pesar de su alergia hacia ellos, pero son animales que transmiten “una energía y fuerza tremenda”, una energía que puede cambiarle el día, según confiesa.

 

Esa relación con los gatos la siente también con las plantas y otros animales, a quienes en situaciones de peligro ha pedido “ayuda”. “No sé si son ellos o tengo una legión de ángeles detrás de mí, pero es verdad que hay una energía que transmite la naturaleza que hemos olvidado”.

Esa energía y conexión la tenían muy clara nuestros ancestros y los indígenas, asegura, pero se han perdido en muchas culturas.

“Hay una isla en las costas de India, donde viven tribus que no han tenido contactos con otros humanos, porque todo lo obtienen del equilibrio de la naturaleza”, dice un aprendizaje que “nosotros debemos retomar”.

“Hay más vida de lo que pensamos”, señala, y apunta que no es necesario ir a un bosque prístino o una selva espectacular: “La naturaleza la tenemos aquí, los animales son muy adaptables y ahora mismo con toda la evolución humana, con ese cambio que hemos hecho y la sensibilidad hacia los animales, ellos están volviendo”.

Los animales lo perciben y vuelven a repoblar las ciudades y aunque a muchos humanos puede suponer un conflicto a otros “nos agrada que un cernícalo anide en el balcón o una paloma o unas abejas estén en casa. La naturaleza esté más presente de lo que pensamos”.

Defensa de las tortugas

Su defensa de las tortugas y sus huevos le llevaron a abandonar México por las amenazas de ciertos grupos que se dedican al tráfico de especies.

Estos grupos “siempre han estado, lo que pasa es que han tomado fuerza a partir de la primera mitad de la década del año 2000”, actividad que es muy variable en cada estado de México, que es muy grande.

“Me tocó vivirlo, sufrirlo, ellos no están esperando que yo vuelva, volví en el 2014. Volví a hacer un esfuerzo de volver a trabajar con las tortugas con un organismo oficial, pero a los cinco meses ya me habían vuelto a amenazar, asegura y se lamenta “hay mucha corrupción”.

“Hay mucha gente implicada con intereses muy poderosos que va a intentar bloquear los esfuerzos de quienes se preocupan por la naturaleza”, dice, y aclara “no son pocos”, el problema es que ahí “hay mucho poder”.

Por ello, vuelve a México a ver a su familia, pero no vive con el miedo de vivir amenazado, simplemente “hay que tomar precauciones porque mi familia no sabía de las amenazas, las ha conocido ahora con la publicación del libro. Solo espero que no haya represalias porque no señalo a nadie”.

Contacto con las plantas

En España retomó el contacto con las plantas, algo que aprendió de su madre y el cuidado de los bonsáis, y explica que hay alternativas a las formas tan invasivas de agrocultivos.

Las técnicas de cultivo en invernadero han mejorado mucho, si bien sigue siendo intensivo, el aprovechamiento de agua es superior, no se desperdicia tanta como antes, está más controlado, porque el consumo es un problema sobre todo en lugares donde hay problemas de escasez y como se da prioridad al consumo humano, al final los cultivos son los que más sufren la escasez.

Pero en España, ha evolucionado mucho, siempre se puede mejorar, hay que hacer mucho esfuerzo en la utilización del plástico en los cultivos, los fertilizantes y pesticidas, algunos que están ya prohibidos, pero se va por buen camino, porque hay que verlo también del lado amable.

En la Unión Europea hay controles exhaustivos, sin embargo también se usan como en otros muchos países.

El calor y las plantas

En relación a la ola de calor que se vive en Europa, explica que las plantas también sufren estrés como las personas, no solo el hídrico, sino también por exceso de manipulación, tocar sus raíces, los transplantes.

En el caso del estrés hídrico, las plantas son capaces de plegar sus hojas, algo que no siempre se nota mucho, pero “la planta está triste, como decía mi madre, que es muy apropiado, porque la planta está sufriendo hasta que le das agua”.

Tienen un umbral para soportar y resistir unas temperaturas, siempre que no sea durante un periodo muy largo, porque son seres que han evolucionado a través de sequías, inundaciones, heladas y tantos fenómenos extremos a través de la historia. Tienen una gran capacidad de adaptación, por lo que podrán salir adelante, concluye. EFEverde




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