Vandellos, 30 años después del accidente de la nuclear

ENERGÍA NUCLEAR

Vandellos, 30 años después del accidente de la nuclear

Vandellos, 30 años después del accidente de la nuclear La central nuclear de Vandellós II (Tarragona). EFE/Jaume Sellart/ARCHIVO

Ecologistas en Acción afirma este viernes, día en que se cumple el 30 aniversario del incendio de la central nuclear Vandellos I (Tarragona), que "luchar contra el peligro nuclear" sigue siendo una prioridad y "es importante tener memoria y recordar lo que pasó para poder acabar con la energía nuclear cuanto antes mejor".

Treinta años después del incendio ocurrido el 19 de octubre de 1989 en la sala de turbinas de esta nuclear que motivó el primer cierre de una planta atómica en España, la ONG ecologista apunta -en un comunicado- que, aunque este tipo de energía ha perdido peso seguirán luchando para que el cierre de todos los reactores se produzca lo antes posible.

Producción de energía 

Recuerdan que las nucleares han pasando de producir “el 50% de la energía eléctrica a un 20%” y apuntan como señales esperanzadoras algunas iniciativas políticas como el acuerdo del Gobierno del PSOE con las empresas eléctricas “o la Ley 16/2017 del Parlament de Catalunya sobre cambio climático que contempla el cierre de las centrales nucleares en 10 años”.

Desde esta ONG destacan la importancia de recordar lo que paso en esta central, motivo por el cual Ecologistas en Acción junto con Greenpeace organiza el 25 y 26 de octubre unas jornadas sobre energía nuclear en la antigua Audiencia de Tarragona.

El incendio de Vandellós I comenzó en “uno de los ejes de las turbinas de los generadores eléctricos principales” que provocó un incendio que se fue extendiendo por el cableado de la instalación hasta dejar muy dañado buen aparte de todo el sistema.

“La falta de agua y los dos ventiladores en el sistema de refrigeración hicieron que el núcleo se calentara cada vez más”, sin embargo, una vez extinguido el fuego se advirtió que “la presión del reactor rozaron los máximos admisibles” según los ecologistas.

Por esto, argumentan, “el cierre de Vandellós I debe ser el camino a seguir para el resto de centrales nucleares en España” afirman, y establecen que seguirán luchando “para que ocurra lo más pronto posible”.

Actualmente España cuenta con cinco centrales nucleares en operación con siete reactores: Almaraz 1 y 2 en Cáceres, Ascó 1 y 2 y Vandellos 2 en Tarragona, Cofrentes en Valencia, y Trillo en Guadalajara.

Santa María de Garoña (Burgos) esta en situación de parada segura a la espera de su desmantelamiento, mientras que Zorita (Guadajalara) esta en la recta final de su desmantelamiento (86 por ciento en 2018).

Seguridad en las nucleares

Carlos Bravo es rotundo y asegura que sigue faltando cultura de seguridad a nivel mundial sobre este tipo de energía que requiere gigantescas inversiones para garantizar la seguridad.

Exresponsable de las campañas sobre energía nuclear de Greenpeace España durante varias décadas, Bravo resalta los riesgos relacionados con la antigüedad de las centrales nucleares, pese a los programas de mantenimiento periódicos y al discurso de la industria de renovación de componentes.

El principal impedimento para mejorar la seguridad en estas instalaciones es para el veterano ecologista que “se sigue anteponiendo el ganar dinero vendiendo electricidad a tener que invertir en seguridad nuclear”.

La energía nuclear es “muy cara” porque “tarda mucho tiempo en amortizarse” debido a que los sistemas fallan, envejecen, y necesitan una inversión en renovación y seguridad, pero las empresas “tratan de retrasar las inversiones y de gastar lo menos posible para poder conseguir los mayores beneficios”, eso sin contar con el problema, no resuelto, de los residuos nucleares de alta actividad.

Incendio en la sala de las turbinas

Aunque Bravo vivió el accidente como un ciudadano de a pie, pues se incorporó a Greenpeace en 1991, tuvo acceso a muchos de los “documentos oficiales sobre el accidente de Vandellós”, un incendio en la sala de turbinas que “estuvo a punto de convertirse en una auténtica tragedia si no fuera porque de forma milagrosa algunos aparatos comenzaron a funcionar”, rememora.

“Lo viví con mucha preocupación porque tenía la conciencia tras haber conocido lo que había pasado en Chernóbil, pero no fui realmente consciente de la gravedad del accidente hasta acceder a la documentación oficial”, recuerda.

Por ello opina que el presente y el futuro está en las renovables, ya que por mucho que pueda aumentar el nivel de seguridad, “la tecnología nuclear, sin importar su origen, ha sufrido graves accidentes, demostrando su peligrosidad intrínseca”.

La única solución es “el cierre progresivo pero urgente de las centrales nucleares” para pasar a las energías renovables.

Aunque en España no ha habido otro accidente tan grave como el de Vandellós I, “hemos tenido muchos problemas importantes de seguridad que han dado lugar a grandes problemas en diferentes centrales”. EFEverde




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