FERIA BIODIVERSIDAD

Niños y no tan niños aprenden en Burgos el secreto de los alimentos orgánicos

  • Hablar directamente con los productores hace que los clientes aprecien los productos naturales que vienen directamente del campo.

Niños y no tan niños aprenden en Burgos el secreto de los alimentos orgánicos Un apicultor muestra su miel natural en Expomiel. EFE/Rafa Alcaide

A estas alturas parece que no es necesario que alguien nos explique cómo se hace el pan, como se extrae la miel de los panales o qué se hace para que la leche se convierta en queso.

Sin embargo, las caras de atención de niños y no tan niños ante las explicaciones que ofrecen las personas que realizan a diario estos trabajos evidencian que no está de más echar un vistazo al proceso que siguen los alimentos hasta el momento de llegar a nuestra mesa.

Es el punto de partida que originó hace doce años la Feria de la Biodiversidad en la capital burgalesa y la razón de que esta cita se haya consolidado y atraiga cada año a cientos de personas a las orillas del río Arlanzón, junto al paseo del Espolón.

El presidente de la Unión de Campesinos de Castilla y León en Burgos, Félix Arribas, recuerda que cuando se les ocurrió que sería una buena idea ofrecer una feria distinta, en la que vender productos agrarios, pero en la que se ofrecieran también explicaciones sobre su origen, no todos tenían claro que la acogida fuera tan positiva.

Doce años después sólo han cambiado algunos pequeños detalles de una feria que sigue siendo un éxito, hasta el punto de que el año pasado se agotaron los productos que ofrecían la mayor parte de los puestos.

El buen tiempo contribuyó ayer a que la afluencia de público haya sido aún mayor desde el momento de la apertura, a las doce del mediodía, aunque “no todo el mundo compra” porque muchos se acercan en familia simplemente para curiosear y hacer alguna pregunta a los vendedores.

Explicaciones de primera mano

Una condición indispensable para poder tener un puesto en la feria es que el vendedor sea también el productor de lo que ofrece, lo que permite que puedan ofrecer explicaciones de primera mano de todo el proceso.

Hay agricultores, apicultores e, incluso, un criador de patos que utiliza luego para la elaboración de paté.

Arribas ha explicado que todos los productos son naturales y procesados por los que los venden, pero no es necesario que tengan la consideración de agricultura ecológica.

En lugar de los treinta puestos habituales, hoy solo se han instalado veintitrés porque algunos todavía no tenían el producto maduro y listo para comercializar.

Para Arribas, la feria consigue el objetivo de vender, pero también el de dar a conocer el trabajo que se hace en el campo y, sobre todo, fidelizar al cliente.

Poder hablar directamente con los productores hace que los clientes se den cuenta de la importancia de al labor que realizan o de la diferencia de productos naturales que vienen directamente del campo con otros que se someten a tratamientos industriales. EFE




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Redacción EFEverde
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