CINE NATURALEZA

El cineasta Gutiérrez Acha retrata el lado más salvaje de la naturaleza

El director de cine de naturaleza Joaquín Gutiérrez Acha desgrana en su último film, "Cantábrico. Los dominios del oso pardo", el lado más salvaje de la cordillera Cantábrica, 400 kilómetros de territorio salvaje, a caballo entre la realidad y la fantasía, donde lobos, osos y urogallos cohabitan cerca del hombre.

El largometraje desvela un trabajo de 24 meses de “duro” rodaje en Cantabria, Galicia, Asturias y Castilla y León, un paraje “inhóspito y maravilloso”, que tiene la particularidad de estar al lado de tu casa, según explica en una entrevista a Efeverde el director, quien confía que esta proximidad sirva de gancho para atraer al espectador.

Estaciones

Durante cien minutos, el film, que llegará a las carteleras españolas el próximo 31 de marzo, muestra la vida en la Cordillera bajo el prisma de las cuatro estaciones; son el hilo conductor, matiza Gutiérrez, director también del largometraje “Guadalquivir” (2013).

En el argumento las estaciones están muy diferenciadas y los animales, principales o secundarios, escenifican su propia historia -señala el director- para quien este “aparecer y desaparecer” de la fauna en función de la estación, marca el ritmo ameno y diverso que impregna su última película.

Para dar grandeza a este mosaico de animales salvajes, Gutiérrez Acha (Madrid, 1959) se ha servido de la orografía de la cordillera: una muralla paralela a la costa del Cantábrico convertida en escenario perfecto por sus cañones y bosques y donde se extiende una amplia vegetación producto de las lluvias y la influencia del mar.

Con “Cantábrico” se han conseguido escenas “maravillosas”, difíciles de ver en el cine: el ataque de una manada de lobos a un ciervo, el cortejo de siete machos de urogallos a un grupo de hembras, una osa amamantando a sus crías y la caza del gato montés entre otras.

Técnicas del rodaje

Gutiérrez desvela durante la entrevista los entresijos del rodaje y resalta, que lo más “duro” fue trabajar en la nieve y las esperas interminables de hasta quince horas para grabar una escena, especialmente cuando se trataba del lobo.

“Son unos animales muy recelosos del hombre y cualquier descuido que delatara la presencia humana significaba, que desaparecieran durante un par de semanas o incluso un mes, retrasando con ello la grabación”.

Respecto a las técnicas empleadas, explica que han utilizado desde cámaras infrarrojas, que permiten grabar en condiciones de total oscuridad, hasta cámaras de ultras alta velocidad, capaces de trabajar a más de 1.500 fotogramas por segundo para ralentizar movimientos inapreciables para el ojo humano.

Además se ha utilizado la técnica del “time lapse”, un sistema que muestra, en pocos segundos, acciones que duran días, como el nacimiento de setas en el bosque otoñal o los movimientos de una planta carnívora.

Para grabar áreas de rebecos corriendo por el cortado nevado de la cordillera, se han utilizado helicópteros dotados de estabilizadores y objetivos muy largos mientras que para filmar el interior de los bosques y el curso de los ríos se usaron drones con cámaras de alta resolución acoplados a ellos.

Sonidos de la naturaleza

Gutierez Acha, actualmente inmerso en una nueva producción con el ecosistema de la Dehesa como protagonista, subraya que los sonidos de naturaleza, de la mano de Carlos de Hita (al igual que la narración) y la música de Santi Vega, interpretada por la Orquesta de Praga, son un complemento perfecto para los paisajes de la película.

De esta manera -asegura- el público pueda sentir cada estación en total plenitud.

El director, se muestra convencido de que este tipo de cintas encuentra su hueco en el público español y a este respecto incide en la necesidad de potenciar los documentales de naturaleza y sacarlos “de la hora de la siesta” .

Cantábrico es un producto con mucho presupuesto personal y económico, alrededor de 2 millones de euros, que potencia el turismo ecológico y el desarrollo sostenible ayudando a poner en valor los paisajes tan espectaculares que hay en la cordillera, concluye. Efeverde




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