SOCIEDAD AVENTURA

Nacho Dean, aventurero que ha unido el mundo a nado para cuidar el océano

nacho dean Fotografía de Nacho Dean. EFE/J.J. Guillen

Irene Barahona.- EFEverde.-Recorrió el mundo a pie para documentar el cambio climático, tardó tres años, y sin agotarse en el camino Nacho Dean tuvo fuerzas para su siguiente reto: unir a nado los continentes habitados por cinco puntos: el estrecho de Gibraltar, la travesía Meis-Kas, el estrecho de Bering, el mar de Bismarck, y el Golfo de Áqaba.

Naturalista y aventurero profesional, Nacho Dean (Málaga, 1980) no solo ha recorrido a pie la redondez del mundo, como diría Elcano, sino que ha concluido la expedición Nemo, una aventura que lo llevó a recopilar durante el 2018 y el 2019 información del estado de los mares para divulgar la importancia de cuidar el que es el auténtico pulmón del planeta, el océano, aventura que hoy narra en su libro “La llamada del océano”.

26 de junio de 2018. Estrecho de Gibraltar (Europa-África). El primer punto de la expedición lo llevó al mar Mediterráneo, donde se desarrolla el 50 % de tráfico marítimo mundial. “Por el estrecho entran cada año unos 110.000 buques. Eso significa que cada día atraviesan el estrecho 300 barcos, es una autentica carretera”, señala Dean, quien pone el foco en el consecuente desgaste de las costas y las marismas “muy castigadas también por el turismo”.

En Gibraltar nadó entre migraciones de grandes mamíferos marinos como calderones, delfines, orcas, ballenas y cachalotes. “Es un punto estratégico para aves que buscan el camino mas corto entre África y Europa”, dice.

En declaraciones a Efeverde narra la sorpresa al descubrir los secretos de las aguas: “El mar es el gran desconocido, sabemos más de la cara oculta de la luna que de las profundidades abisales por el problema de la presión”.

1 de julio de 2018. Tavesía Meis-Kas (Europa-Asia). El segundo destino llevó a Dean a Grecia y Turquía, donde Europa y Asia se unen entre aguas turquesas y cálidas, y el extremo oriente del Mediterráneo desaparece entre tortugas y toneladas de plásticos.

Ignacio Dean, el aventurero que ha unido a nado los cinco continentes, además de dar una vuelta al mundo a pie. Foto: Guillermo Jimenez Carazo (cedida por editorial Zenith)

Este fue, sin duda, el nado más amable para él. “Participé en un evento internacional que se celebra en el Dodecaneso, una región muy bonita”, tanto, que Dean no quería llegar a la meta, “quería quedarme nadando con las tortugas” relata.

Allí tuvo la oportunidad de hacer varias inmersiones de buceo para el documental que han rodado sobre la expedición. “Pensamos que está todo separado, pero no es así, el planeta es un ser vivo conectado, lo que hacemos en un lugar puntual tiene consecuencias directas en otro punto del planeta”, afirma.

Pone de ejemplo la basura del Mediterráneo: “las corrientes la llevan al extremo más oriental. Turquía es el país más contaminado por plásticos de todo el Mediterráneo porque les llegan residuos de otros países, las tortugas los ingieren y mueren”, comenta.

Nadando en el límite del mundo

13 de septiembre de 2018. Estrecho de Bering (América-Asia). “Duro”, dice Dean sobre el pedazo de mundo que separa Alaska de Rusia y en cuya mitad se encuentran las islas Diomedes.

“La mayor pertenece a Rusia, la menor a Alaska, no solo son continentes diferentes, sino que también están en días diferentes, justo entre ambas pasa la línea de cambio de fecha”, señala.

Mientras en la isla estadounidense “es hoy”, en la rusa “es mañana. Es muy raro porque la estás viendo a cuatro kilómetros, pero es otro día. Siempre digo que fue como nadar hasta el mañana y luego volver al ayer”.

Llegar a Bering fue una odisea que costó varios vuelos y un helicóptero. “Está sobre el Círculo Polar Ártico, vimos ballenas jorabadas y convivimos con esquimales”, y es que “fueron palabras mayores”, confiesa. “Sientes frío y miedo, pero luego descubres que eres un privilegiado, nadie va nadar allí, ni siquiera los esquimales”, son muchos los peligros de un estrecho con solo 50 metros de profundidad. “Sabes que si hay un animal debajo está muy cerca”.

El naturalista y aventurero profesional, Nacho Dean, posa para el fotógrafo durante una entrevista concedida a la Agencia EFE en Madrid. EFE/J.J. Guillen

Dean se suele acompañar de personal médico y dos embarcaciones de apoyo que localiza en los mismos destinos, una nave va delante marcando el rumbo. A su lado, otra más pequeña para socorrerlo en caso de auxilio. Sin embargo, en Bering hizo el cruce con un barco de esquimales que “a veces se separaban y me dejaban solo nadando, no sé muy bien por qué, quizá fueran a buscar morsas”, explica.

29 de noviembre de 2018. Mar de Bismarck (Asia-Oceanía). Aguas a treinta grados llenas de barro y troncos de la jungla donde una medusa le picó en la cara. “Mi temor era que hubiera sido una muy peligrosa”, recuerda, pero afortunadamente el dolor aminoró y Dean continuó nadando hasta llegar al cabo que marcaba la frontera.

Sin embargo, había habido un error. “Tenía que nadar diez kilómetros más y ya llevaba doce, pensé que no lo iba a conseguir”. Se planteó abandonar aquellas aguas infestadas de tiburones y cocodrilos que lo habían obligado a adentrarse dos kilómetros mar adentro. “Personas de mi equipo se tiraron a nadar conmigo, sin ellos habría sido imposible”, comenta.

Dean describe el desastre natural que se encontró en aquellas aguas: “Había dos problemas, la contaminación y el blanqueamiento de los corales. Pensamos que el pulmón del planeta es el Amazonas, pero son los océanos, son los que mas oxigeno emiten y los que más CO2 capturan, pero es tal la cantidad que está provocando el blanqueamiento, es decir, la muerte de los corales”.

5 de marzo de 2019. Golfo de Áqaba (África-Asia). Desde Egipto hasta Jordania, la mayor dificultad de ese estrecho fue conseguir los permisos para cruzar un espacio marítimo que pertenece a Isralel, Arabia Saudí, Egipto y Jordania.

“Estamos cruzando fronteras que son zonas política geoestratégicamente muy complejas”. Dos horas bastaron para que Dean superara diez kilómetros a nado en unas aguas castigadas por la captura masiva de tiburones “para satisfacer la demanda de sopa de aleta. Son millones que se capturan y se arrojan al mar, donde mueren ahogados en las profundidades al no poder nadar por faltarles la aleta que les cortan”.

Cómo viajar de manera sostenible

Dean nos deja pistas para realizar un turismo responsable y sostenible, como priorizar los medios de transporte públicos y la bicicleta, no contaminar con basura, viajar desde el respeto y la tolerancia y aprender el idioma local para respetar la cultura de los sitios a los que vas. “Muchas veces viajamos con cierto etnocentrismo creyendo que nuestra cultura es superior a las demás” y apunta que allá donde vayamos no tienen la obligación de hablarnos en inglés o español.

Aconseja comprar productos locales como alimentos o artesanía, lo que favorece la economía y el desarrollo de las comunidades. “A veces se va a un complejo hotelero que lo mismo podría ser Singapur que Cancún, el impacto medioambiental de esto es tremendo”.

Para el futuro, Dean ya prepara una nueva expedición para el 2021 “muy ligada a la conservación de los océanos. Me gustaría que fuera navegando”, señala, por lo que está perfeccionando sus conocimientos sobre barcos, de manera que para él el viaje ya ha empezado. En unos años se verá el resultado final de tanto trabajo y dedicación por el medioambiente. EFEverde

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