NATURALEZA PAISAJE

Miradores para contemplar paisajes y miradores para ser admirados

Miradores para contemplar paisajes y miradores para ser admirados Foto: I.M.Pita. Mirador en la isla de El Hierro.

Los miradores son puntos estratégicos de encuentro visual con la naturaleza que han tenido en el transcurso del tiempo muchas transformaciones según la intervención humana, desde su total integración en el paisaje a construcciones arquitectónicas para lucimiento de sus creadores.

El naturalista, especializado en flora e interpretación del paisaje, Fco. Javier Barbadillo, colabora con la Asociación Foro Geobiosfera de Segovia en una campaña de oposición a las obras que la Junta de Castilla y León quiere llevar a cabo en enclaves singulares para la instalación de dos miradores y un hotel que, según ellos consideran, rompería la naturalidad del entorno, y a las que también se opone Ecologistas en Acción.

Barbadillo, autor de los libros “Manual para observar e interpretar paisajes” y de dos guías de campo: “Flores del Pirineo” y “Árboles y arbustos del Pirineo”, reconoce que no todos los miradores que se han construido en España pueden ser considerados perjudiciales o antagónicos con la naturaleza.

El Parque Natural de las Hoces del río Duratón, en el noreste de Segovia. Foto: JUAN MARTÍN

El pasado 3 de noviembre se presentó el Programa de Infraestructuras Turísticas en Espacios Naturales para la provincia de Segovia, en el que se invertirá 2,72 millones de euros para la creación de dos miradores y un hotel.

La “dudosa incidencia en el flujo turístico”

La Junta de Castilla y León y la Diputación de Segovia quieren de esta forma “incrementar la actividad económica y el empleo, contribuyendo a consolidar el medio rural fijando población”, argumentos excesivos para Javier Barbadillo, quien considera que “son demasiadas expectativas para algo que apenas incidirá en el flujo turístico de la provincia”.

En el proyecto elaborado por la Junta, el actual mirador de Piedras Llanas (junto a la Ermita de la Virgen de Hontanares) que supone una obra sencilla de madera, sería transformado en una pasarela elevada y prolongada hacia una plataforma ubicada sobre el vacío.

El trazado de este proyecto permitiría “observar la naturaleza de manera diferente”, a través de una construcción que incluye vidrio y materiales reflectantes.

Por otra parte, el Mirador de la Virgen de la Peña, situado en el núcleo urbano de Sepúlveda y con vistas a esa población y al Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, será sustituido por una instalación “muy poco habitual como es un Mirador sobre el vacío de las Hoces del Duratón”, que estaría dotada, entre otros elementos, con barandilla de acero y piezas de hormigón prefabricado.

“Falta de integración en el paisaje”

“Ninguno de esos montajes atiende a verdaderos criterios de integración en el paisaje, muy al contrario, ambos alterarían la integridad de sus entornos y distanciarían al observador en su percepción de unos paisajes, hasta hoy, caracterizados por su singular relevancia panorámica”, subraya el naturalista, quien añade que se trata de “meras atracciones de feria”.

Por último, un proyecto de construcción en la Dehesa de la Garganta (Gudillos) del municipio de El Espinar, donde se prevé aprovechar las casas de las Campanillas para convertirlas en hotel de 30 habitaciones ampliando la vieja edificación existente hasta unos 1.160 m² construidos. Con ello se persigue que “montañeros, familias o grupos que demandan alojamientos de calidad o singulares en su ubicación” aumenten su gasto como visitantes.

Localidad segoviana de Sepúlveda, cerca de la que la Junta quiere construir un mirador. Foto: Juan Martín

Quienes promueven estos proyectos dicen procurar “aumentar los atractivos turísticos de estas áreas segovianas. Olvidan que los verdaderos atractivos turísticos de esas zonas son ellas mismas.

El valor de estos paisajes segovianos radica en su naturalidad, en su fuerza escénica y hasta en su soledad”, según el naturalista.

Para Javier Barbadillo, “ocuparlos con obras para atraer más público es ningunear ese valor paisajístico, no saberlo gestionar. Ningún paisaje atractivo requiere un llamativo mirador para que vengan a ver el propio mirador. Esto equivale a negar el paisaje. Valorar un entorno natural es una cosa y venderlo en euros de hotel aislado y caro, otra muy distinta”.

Otros de los perjuicios que pueden ocasionar estos miradores son los materiales con los que serían construidos, como sucede en el futuro mirador proyectado para Piedras Llanas “que incluiría cristal y materiales reflectantes que provocarían deslumbramientos o visiones confusas perjudiciales para las aves que corren el peligro de chocar contra estos material como si fueran espejos”.

El mirador como punto privilegiado de observación

“Cualquier mirador es un punto privilegiado de observación, pero simplemente un punto. Un punto centrífugo que nos proyecta hacia el entorno, nunca un punto centrípeto que intente dirigir nuestra atención hacia el propio mirador. La esencia del mirador reside en su posición estratégica, soportada frecuentemente sobre elementos destacados del relieve”, explicó Barbadillo.

“Por tanto, la contemplación respetuosa del paisaje natural implica una escrupulosa integración del mirador en ese relieve, al punto de que permita percibir el territorio sin que seamos percibidos desde él. No obstante, tal punto de vista ha variado el enfoque con los siglos y las modas”.

Una imagen animada por ordenador muestra el proyecto del balcón mirador en el Gran Cañón de Arizona, EEUU,. EFE/DOERING HANDOUT

Hay que saber diferenciar, según nos explica Barbadillo, “entre miradores naturales y miradores artificiales cuya construcción puede restar protagonismo al paisaje para el que en principio estaban destinados. Estos últimos son la obra de un arquitecto que dejó su impronta más visible en un territorio”.

Pero este tipo de construcciones es una tendencia que ya comenzó a realizarse en otros países del mundo desde hace décadas. “La primera referencia que existe a través de los medios de comunicación podría ser en Estados Unidos, en 2007, cuando se inauguró el mirador del Gran Cañón del Colorado, una instalación voladiza compuesta por una plataforma con forma circular y suelo de cristal sobre una caída de 1.400 metros” .

“El mirador es espectacular y ofrece una carga de emoción añadida al pasear por esta plataforma imponente, pero la atención al paisaje se centra en ese mirador”.

Emociones extremas de miedo y vértigo

“Cuando ves a las personas que visitan este tipo de miradores te das cuenta de que lo principal que están haciendo es intentar superar el vértigo, porque realmente el vértigo que se llega a sentir es desbordante , mientras otros muchos se acercan únicamente para fotografiarse y hacerse un selfie en la atracción turística”.

Otros miradores de arriesgadas dimensiones y altura, construidos con el objetivo de que sus visitantes puedan sentir emociones extremas de miedo y vértigo, se encuentran sobre los glaciares del Mont Blanc, en los Alpes, o en China, donde la población se ha aficionado a estas obras truculentas a las que acuden para poner a prueba su resistencia a las alturas.

Uno de los más espectaculares en China es el que se encuentra en el Parque Geológico Nacional Longgang, que se inauguró el mes de agosto de 2016, y que ha llegado a superar el récord del Gran Cañón del Colorado, en Estados Unidos.

Ahora, Yuanduan, cuyo nombre significa “en el borde de las nubes”, es la pasarela más larga y alta del mundo, que se alza a 300 metros de altura sobre el gran cañón de Zhangjiajie, en la provincia china de Hunan.

Mirador de la Peña, obra de César Manrique, en la provincia de Valverde. Foto: I.M.Pita

Frente a estos miradores en los que se tiene más en cuenta el diseño o la efectividad de sensaciones vertiginosas se encuentran muchos otros que se integran en el paisaje, inmersos en su belleza sin apartarse de los materiales y la propia naturaleza que los rodea. Ejemplo de ellos son los miradores que el polifacético artista César Manrique. diseñó en algunas de las islas canarias donde vivió, entre los que destaca el Mirador del Río, en Lanzarote, o el Mirador de la Peña, en El Hierro. Efeverde




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