MINAS URANIO

Riesgo de dispersión contaminante de minas de uranio abandonadas, según estudio

minas de uranio Protesta antinuclear. EFE/Dean Lewins/ARCHIVO

Agentes meteorológicos pueden provocar la dispersión y disolución de los minerales presentes en zonas de minas de uranio antiguas y transportarlos hasta los acuíferos y la transferencia de contaminantes a la cadena trófica, según un estudio de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).

Según la investigación, en España existen numerosos yacimientos mineros que fueron abandonados una vez finalizada su explotación. Si bien la ubicación de estos yacimientos no supone un riesgo directo para el público en general, sí podría provocar la dispersión de contaminantes.

Estudio en minas de uranio abandonadas

La investigación se llevó a cabo en una mina de uranio abandonada en la provincia de Salamanca, según un comunicado de la UPM.

“Los resultados de nuestro trabajo indican que gran parte del riesgo de contaminación en el lugar que estudiamos en Salamanca se había dispersado en la zona de estudio. Creemos que el índice que hemos elaborado facilitará el uso futuro de la espectrometría gamma para caracterizar y estudiar las zonas contaminadas por la minería de uranio”, concluye la investigadora de la UPM, María José Suárez.

La espectrometría gamma es un método no destructivo que permite analizar en la misma medida varios radionucleidos y permitió determinar la concentración de actividad de los radionucleidos (átomo con exceso de energía nuclear) necesaria para la determinación del índice de contaminación.

Los resultados obtenidos con este índice permitieron a los investigadores evaluar “la dispersión debida a la erosión del terreno por el viento en las direcciones predominante según la rosa de los vientos”.

Asimismo, les permitió concluir que las “condiciones reductoras por la presencia de materia orgánica, hongos y plantas favorecieron la inmovilización de los radionucleidos en diferentes puntos de la zona estudiada”.

Para el estudio se seleccionaron dos tipos de muestras de suelos: sin vegetación y los pertenecientes a las rizosferas (zona del suelo que rodea a las raíces) de las plantas típicas de la zona de estudio.

“Existen distintos procesos que pueden producir desequilibrios en las diferentes series radiactivas naturales, cuya identificación y cuantificación pueden ayudar a descubrir los diferentes procesos bioquímico-geológicos que están ocurriendo”, según los investigadores.

“Nuestra hipótesis de trabajo era que los riesgos de una zona impactada por la minería de uranio, así como sus necesidades de rehabilitación, pueden establecerse utilizando un índice de espectrometría gamma, sin dejar de tener en cuenta las normas establecidas en el capítulo 40 del Código de Regulaciones Federales de Estados Unidos (CFR), ha señalado Suárez.

El CFR es la normativa más específica para la rehabilitación de las zonas impactadas por la minería del uranio, en la que se establecen unos criterios radiológicos con los que es posible deducir las concentraciones de actividad que deben tener los diferentes radionucleidos presentes en este tipo de terrenos. EFEverde

 

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