Naturaleza conservación

Las “malladas” de la Albufera, la rebeldía ecológica que venció al urbanismo

Parque natural de La Albufera en Valencia. EFE/J.J Guillén

Javier López.- Hablar del Parque Natural de la Albufera es hacerlo de uno de los tesoros del Levante español: dentro de sus 21.120 hectáreas se encuentran lugares tan singulares como la Devesa del Saler, las “malladas”, que logró rebelarse contra el urbanismo para conservar a día de hoy un maravilloso paisaje de alto valor medioambiental.

A escasos doce kilómetros del núcleo urbano de Valencia capital, esta zona de la Albufera, conocida por sus dunas y por sus lagunas salinas que crean a su alrededor todo un ecosistema de enorme diversidad. La Albufera estuvo a punto de ser devorada por la construcción, hasta el punto de que llegaron a arrancar un proyecto para convertirla en un gran “resort” turistico.

Más de diez años de devastación

En 1962 el Ayuntamiento de Valencia impulsó un plan para urbanizar esta zona de El Saler y convertirla en zona turística. Un proyecto que fue avalado por el entonces Ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, desarrollado por el arquitecto Julio Cano y respaldado también por grandes grupos inversores de la época.

Dicho plan fue aprobado por el entonces alcalde valenciano, Adolfo Rincón de Arellano, en 1965, año en el que arrancaron casi de inmediato las obras. Estas llegaron a alterar gravemente los ecosistemas de la Devesa con el fin de transformarla en una marina mediterránea más con grandes torres de viviendas, hoteles y zonas de esparcimiento y ocio.

“Se arrasó con todo el frente dunar para construir un paseo marítimo, se comenzó con los trabajos de saneamiento, sistema de alcantarillado, carreteras e, incluso, se llegó a iniciar las obras para crear un lago artificial a modo de puerto deportivo o un campo de golf”, señala a Efe Antonio Guillem, responsable de la Fundación Global Nature (FGN) en la Comunidad Valenciana.

“El Saler per al poble”

A finales de los 60 ya surgieron algunas voces que empezaron a alertar de los graves problemas que iba a suponer este proyecto urbanístico para el patrimonio medioambiental de Valencia, entre ellos se encontraban biólogos, profesores universitarios y hasta el propio Félix Rodríguez de la Fuente.

Fue gracias a la fuerza mediática que poseía en aquel entonces este naturalista y divulgador ambiental español cuando realmente la sociedad valenciana comenzó a abrir los ojos, especialmente a raíz de la emisión de un programa de “Vida Salvaje” en Televisión Española a principios de los 70.

El inicio de esta corriente a favor del medio ambiente, la posición de varios medios regionales y el ocaso del régimen franquista impulsó en el verano de 1974 “El Saler per al poble“, un movimiento ciudadano que se propuso hacer realmente frente al urbanismo en esta zona de la Albufera valenciana.

“Fue fundamental esta concienciación de las vecinos de Valencia y sus alrededores para lograr frenar lo que hubiera sido un desastre sin precedentes en la región. Gracias a ellos, a su lucha sin cuartel para defender nuestro patrimonio natural, hoy podemos disfrutar de estos paisajes tan maravillosos”, remarca Guillem.

En 1980, ya con la democracia instaurada en España, el alcalde Ricard Pérez Casado paralizó totalmente el proyecto urbanístico y se iniciaron los estudios para recuperar la zona con el Plan especial protector de la Devesa, que desencadenó que en 1986 la Generalitat Valenciana declarara la Albufera Parque Natural.

Reconstrucción y vuelta al origen

La Albufera. EFE/J.J Guillén

Aunque a día de hoy todavía se pueden encontrar restos de antiguas tuberías y otros pequeños malos recuerdos de aquella época, el paisaje que puede disfrutarse actualmente es prácticamente el mismo de antes de que entraran las grúas, excavadoras y toda la maquinaria que a punto estuvieron de destruir este paraje.

Pero para conseguir esta vuelta al origen se tuvo que llevar a cabo un largo proceso de regeneración y recuperación de los sistemas dunares, totalmente arrasados por la urbanización y llegados a ser convertidos en un paseo marítimo.

El primer paso fue eliminar todas las infraestructuras y volver a crear la morfología de la duna mediante una acumulación mecánica de arena. A continuación se fijó sustrato mediante empalizadas de “borró” y caña, y con la plantación de especies vegetales propias de este ecosistema.

Por último, hubo que restringir el acceso y uso público de la zona para que se regenerase por sí misma gracias al desarrollo de las plantas y a la desaparición de las empalizadas tras ser cubiertas de arena. Entre cuatro y cinco años después, la duna presentó por fin su aspecto natural.

Todo este proceso ha durado casi dos décadas, y para lograrlo han sido también vitales varios proyectos Life de la Unión Europea en los que ha participado este Parque de la Devesa del Saler, que han ayudado a que esta zona siga siendo considerada la joya de la corona para los valencianos por su alto valor ecológico y medioambiental. EFEVerde




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