LIBROS NATURALEZA

Madrid, de flor en flor

    • “La naturaleza tiene una gran vitalidad. Aunque no tenga ningún apoyo, el dinamismo vegetal se perpetúa”, concluye el autor.
Madrid, de flor en flor Foto de archivo de un hombre en el Jardín Botánico de Madrid. EFE/Sergio Barrenechea

Juan Vargas.- Los treinta años de trabajo botánico de Javier Grijalbo han dado como resultado 'Flora de Madrid', un libro que recopila el ingente catálogo de plantas que pueblan la región y demuestra que la Comunidad es un enclave privilegiado para la vida vegetal.

En declaraciones a Efe, el autor afirma que, según sus cálculos, en Madrid existen “2.580 especies” silvestres, una cifra “extraordinaria” que supera, incluso, a la de “otros países de Europa”.

La obra, “completamente editada” por el autor, muestra fotografías y dibujos de 1.419 de estas plantas, acompañadas por “una colección de 80 láminas con las distintas familias botánicas” y “mapas de localización y distribución” confeccionados por él mismo.

Divulgar los conocimientos de la naturaleza

Este dibujante e ilustrador se dedica “desde hace tres décadas” a la divulgación de la naturaleza, un trabajo basado en el estudio de la “documentación ya preexistente” y complementado por las excursiones “botánicas” que hace por toda la región.

Según Grijalbo, diversos factores se combinan para hacer de Madrid todo un vergel: la variedad de “factores ecológicos”; la diferencia de altitud “desde la alta montaña hasta los medios salinos”; la existencia de hábitats “de todas las eras geológicas” o el tránsito de “vías pecuarias de ganado” que actúan como “vector de transmisión” de especies.

“Al estar en el centro de la Península, aquí llegan influencias de muchos lugares contiguos que van dejando sus plantas características, desde las leguminosas que llegan por la sierra de Gredos hasta los tamujares que entran por el río Alberche”, relata el autor.

El libro fue presentado en el Real Jardín Botánico como una “versión aumentada y corregida” del publicado por Grijalbo en 2010, ‘Vegetación y Flora de Madrid’, que además de hacer un tratamiento “individual” de las especies (lo que se conoce por ‘flora’ en sí) incluía un estudio de los “conjuntos arbóreos” (la ‘vegetación’) de la región.

Cambios en la flora

El divulgador encontró una dificultad añadida al afrontar la redacción de ‘Flora de Madrid’, ya que recientemente “la clasificación científica de las plantas ha cambiado de forma radical”, lo que le obligó a organizar el trabajo “acorde” al nuevo método.

La publicación ofrece “materiales de interés” que “faltan” en la biblioteca científica, algo que a Grijalbo le resulta “increíble” habiendo “tantas universidades e instituciones” de por medio.

“El medio ambiente está muy abandonado por las autoridades”, critica el autor, quien sostiene que el catálogo de flora protegida es “de hace décadas, está anticuado y faltan muchas especies”.

Para Grijalbo, los ecosistemas “se mantienen bastante bien” por sí mismos, pero no gracias al “interés administrativo”, que considera bastante escaso.

Creación de “mini reservas”

Una de las medidas que propone es la creación de “mini reservas”, pequeñas zonas protegidas de extensión no superior a una hectárea, que “no empobrecerían al propietario, al contrario”, defiende.

Treinta años de paseos en plena naturaleza dan para mucho y, en ocasiones, Grijalbo ha encontrado “alguna planta que se creía extinta”, como la ‘limosella aquatica’, una flor que halló “en el embalse de La Jarosa”.

En el acervo vegetal de Madrid también sobresale una de las tres poblaciones conocidas “a nivel mundial” de la ‘gyrocarium’, una especie “voraginácea, relacionada con la borraja”.

“Siempre te llevas alguna sorpresa”, apostilla el naturalista.

Paseos por la región 

Preguntado por el lugar de la región que recomendaría para una excursión, Grijalbo destaca “el puerto de Cotos, con todo el conjunto de las lagunas de Peñalara, espectacular en verano” y agrega que “todo el valle del Lozoya es un sitio muy reconocido”.

No obstante, y pese a tener “otra estética totalmente distinta”, el autor también se hace eco de la áspera belleza del sureste madrileño, concretamente “la zona de Villarejo de Salvanés y Colmenar de Oreja, a lo largo del valle del Tajuña”.

Son sus travesías por estos y otros muchos enclaves los que han permitido a Grijalbo componer su obra, que no tiene otro objetivo que “ser útil” y acercar al público una ciencia, la botánica, que “entronca directamente con toda la vida del ser humano”.

“La naturaleza tiene una gran vitalidad. Aunque no tenga ningún apoyo, el dinamismo vegetal se perpetúa”, concluye el autor. Efeverde




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Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

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