MOVILIDAD SOSTENIBLE

¿Está Madrid preparada para la bicicleta?

¿Está Madrid preparada para la bicicleta? Dos personas circulan en bicicleta por la calle Gran Vía en Madrid. EFE/Mariscal

Un 32 % de los madrileños asegura que les gustaría utilizar más la bicicleta en sus desplazamientos cotidianos, aunque en la realidad sólo un 1 % lo hace, según el informe MobilityISDIgital elaborado por la escuela de negocios ISDI sobre hábitos de transporte y uso de los servicios digitales en la movilidad de Madrid y de Barcelona.

De acuerdo con las conclusiones de este documento, “Madrid quiere ser como Amsterdam”, donde los empleados incluso cobran por ir a trabajar en bicicleta.

En Barcelona existe una aspiración similar, ya que un 30 % desearía utilizarla más y sólo un 6 % lo hace en sus desplazamientos diarios.

Razones del poco uso

Los motivos por los que no coinciden los deseos con la realidad son variados y, así, un informe publicado en 2016 por la Organización de Consumidores y Usuarios calificaba a Madrid como la “peor ciudad española” para moverse en bicicleta por diversas razones aportadas por los propios madrileños, como la polución, el exceso de tráfico o la falta de aparcamiento para este tipo de vehículos.

El Ayuntamiento de Madrid posee sus propios estudios y, así, el Plan Director de Movilidad Ciclista de Madrid, actualizado y revisado en 2016, concluía que el 57 % de la población puede considerarse “ciclistas potenciales”, pero su aspiración se ve frenada por cuestiones como la inseguridad vial, concepto señalado como principal obstáculo a la hora de utilizar la bicicleta.

En los últimos cinco años, el número de accidentes de tráfico que han afectado a bicicletas se ha incrementado desde los casi 500 registrados en 2012 a los más de 700 en 2015, así como en 2016 y 2017.

 

Al alza

A pesar de ello, el uso de la bicicleta es una tendencia “en alza” según los autores del estudio de ISDI, quienes contabilizaron en 2017 un 16 % más de usuarios que el año anterior.

Los responsables del programa Mares Madrid calculan una cifra de crecimiento de uso de la bicicleta en torno al 20 % anual, según ha explicado a EFEverde el coordinador del proyecto en su área de movilidad, Javier Esquillor.

Enmarcada en el programa europeo ‘Urban Innovative Actions’, esta iniciativa tiene como estrategia “transformar la economía para transformar la ciudad”, en favor de una movilidad, alimentación, reciclaje, energía y cuidados más sostenibles, ha recordado Esquillor.


Ciclologística

Una de las medidas de esta transformación pasa por la puesta en marcha de cooperativas de ciclologística que apoyen la economía social y solidaria de Madrid y ayuden a resolver el reto ambiental que supone un crecimiento “vertiginoso” del sector logístico “dado el auge del comercio electrónico y la proliferación de aplicaciones móviles” para reparto de mercancías y de encargo de comida a domicilio.

Además, el sector deberá ajustarse a la normativa progresivamente más estricta que se prevé llegue desde Bruselas para limitar el tráfico rodado en los núcleos urbanos, a fin de reducir la contaminación atmosférica y mejorar la calidad del aire.

El coordinador del proyecto Mares en su área de movilidad, Javier Esquillor, muestra la maqueta del edificio que acogerá este programa en Madrid. EFE/Marta Montojo

Pese a que Madrid es, por orografía, la segunda ciudad del mundo menos apta para el reparto de mercancías en bicicleta, “sólo detrás de Ciudad de México” según Esquillor, han surgido nuevas cooperativas como La Pájara, que está en funcionamiento desde el mes de junio.

Una de sus fundadoras, la ciclomensajera costarricense Cristina Robles, ha explicado a EFEverde que pedalear en Madrid “no supone ningún peligro, pues no se trata de una ciudad violenta” para este tipo de desplazamientos, “en comparación con cualquier urbe iberoamericana”.

Más carriles bici

Esta opinión también la comparte el consultor de movilidad Iván Villarrubia, quien desde la iniciativa ‘En bici por Madrid’ acompaña a los ciudadanos que desean ir en bicicleta pero tienen miedo de hacerlo solos.

Villarrubia ha argumentado que “ese miedo desaparece una vez empiezas a circular”, aunque en su opinión lo que hace falta para fomentar la movilidad sostenible en Madrid “no son más carriles bici sino precisamente más bicis”.

Y es que “la gente se siente segura cuando va acompañada” por otros usuarios y, además, “donde hay más bicicletas es donde hay menos coches”, por lo que considera que el Ayuntamiento debería impulsar las políticas encaminadas a la restricción del tráfico al vehículo privado.

“Ahora mismo hay cientos de miles de personas en Madrid que podrían montar en bici si simplemente lo probasen, pero están esperando en su casa a que construyan carriles en su ruta al trabajo”, aduce, por lo que “al final el carril bici, más que una ayuda, está siendo un freno”.

El bikesharing

En los últimos meses han aparecido en diferentes puntos de Madrid bicicletas compartidas sin anclaje, que funcionan con sistemas de bloqueo a través de aplicaciones móviles como los proporcionados por las compañías chinas Ofo o Mobike.

Los vehículos están aparcados en puntos concretos de la ciudad, geolocalizados y bloqueados, en los que el usuario puede leer el código QR en la parte trasera del cuerpo de cada bicicleta, con lo que obtendrá un pin con el cual liberarla y pagar en función del tiempo que la utilice.

Estos sistemas “ofrecen mayor capilaridad y flexibilidad como complemento del transporte público”, pero a la vez “suponen un problema de gestión y seguridad del espacio público y acarrean altos costes de administración”, según la Red de Ciudades por la Bicicleta.

Esta asociación ha detectado, entre otros inconvenientes, una “sobreocupación del espacio público en lugares no deseados”, así como “problemas de competencia con empresas que operan con local y licencia con las que pueden hacerlo sin local o sin licencia, en ausencia de un marco regulador de su actividad”.

En su ‘Guía de recomendaciones para sistemas de bicicletas compartidas sin estación’ esta organización subraya que “sin sistemas o zonas de aparcamiento establecido, el estacionamiento incontrolado de bicicletas en el espacio público puede generar una percepción negativa de la bicicleta”.




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