HURACANES ATLÁNTICO MIAMI

Los miamenses esperan a Matthew con los dedos cruzados

  • Hace 11 años, tras el huracán Wilma, Miami estuvo ocho días bajo toque de queda debido a los saqueos y robos ocurridos tras irse la luz y dejar de funcionar las alarmas de seguridad

Los miamenses esperan a Matthew con los dedos cruzados Una meteorológa del NOAA muestra la situación de huracán. EFE/Cristóbal Herrera

Efeverde.- Los miamenses aguardan hoy al huracán Matthew con los dedos cruzados para que no toque a su ciudad y si lo hace, no se repita el caos que siguió a Wilma, el último ciclón que pasó por aquí, en octubre de 2005.

Miami, en cuya área metropolitana se concentran más de seis millones de habitantes, lleva toda esta semana preparándose para su encuentro con Matthew, un huracán que alcanzó la máxima categoría (5 de la escala Saffir Simpson) y ha azotado a Colombia, Haití, Jamaica, Cuba y Bahamas con fuertes vientos y lluvias.

Matthew llegará a Florida probablemente con categoría 4, según el Centro Nacional de Huracanes (NHC), pero aun se desconoce si solo bordeará la costa del estado rumbo al norte o tocará tierra.

Algunas proyecciones indican que el aterrizaje, si llega a producirse, sería al norte de Miami, en Palm Beach.

Acopio de víveres en un supermercado de Miami antes de la llegada del huracán Matthew.

Acopio de víveres en un supermercado de Miami antes de la llegada del huracán Matthew. EFE/Cristóbal Herrera

El miércoles las cortinas metálicas con las que se cierran herméticamente las puertas y ventanas para proteger los inmuebles, y también los más modestos pero igualmente útiles tablones de madera, se veían por todas partes y le daban un aire fantasmal, de lugar abandonado, a la llamada “Ciudad Mágica”.
También se podía ver al caer la tarde en gasolineras, supermercados y ferreterías a los rezagados, esos que siempre dejan para último momento las obligaciones que tiene todo residente en el sur de Florida cuando las alarmas se encienden por la inminente llegada de un ciclón.

Once años desde Wilma 

Aunque han pasado once años desde Wilma, los deberes siguen siendo los mismos: comprar agua, alimentos que no haya que cocinar y velas, linternas y pilas, llenar el depósito del automóvil de gasolina, proveerse de dinero en efectivo y colocar las cortinas, tablones o lo que se encuentre para que los vientos del huracán no entren a la casa, el apartamento o el comercio u oficina.

También es obligado estar enterado de cuanta información se publica sobre el ciclón, mirar gráficos sobre conos de acción y trayectorias y hacer conjeturas sobre si pasará o no por Miami.

 Un operario arregla el tendido en 2005 tras el paso de Milma.

No tener electricidad es quizás lo peor de todo, entre otras muchas cosas porque significa no tener aire acondicionado en una ciudad en la que el calor y la humedad no suelen dar respiro hasta diciembre. Un operario arregla el tendido en 2005 tras el paso de Milma. EFE/Gerardo Mora

Tras el paso del huracán

Lo que los miamenses esperan que no sea igual a Wilma es lo que viene después del huracán, que para los que ya han vivido antes la experiencia, están bien protegidos y no se ponen en riesgo suele ser la parte más temida.
Aparte de sufrir daños tanto personales como en el hogar, no tener electricidad es quizás lo peor de todo, entre otras muchas cosas porque significa no tener aire acondicionado en una ciudad en la que el calor y la humedad no suelen dar respiro hasta diciembre.

Wilma dejó sin electricidad durante días a más de seis millones de personas. Según la Florida Power & Light Company (FPL), la principal suministradora de electricidad del sur de Florida, alrededor de 1,2 millones de usuarios pueden quedarse sin servicio a causa del huracán Matthew.

La compañía dice “estar lista para responder” al desafío, con una fuerza de más de 12.000 operarios, entre personal propio y subcontratado, para atender los problemas que pueden presentarse y restablecer el servicio donde se haya interrumpido.
En 2005 hubo usuarios que tuvieron que esperar más de 15 días para volver a vivir como en el siglo XXI.

Parálisis de la actividad habitual de una ciudad

La destrucción que produjo Wilma, que impactó Miami con vientos de hasta 200 kilómetros por hora, paralizó empresas, negocios, aeropuertos y prácticamente toda la actividad comercial.
La ciudad estuvo ocho días bajo un toque de queda debido a los saqueos y robos que se produjeron una vez que pasó el huracán, se fue la luz y dejaron de funcionar las alarmas de seguridad.
El alcalde del condado de Miami Dade, Carlos Jiménez, aseveró esta semana que la región metropolitana está más preparada ahora que hace una década para hacer frente a una situación post-huracán.
Según dijo, los supermercados y las gasolineras cuentan con generadores, por lo que en caso de que se corte el suministro eléctrico, deberían poder atender al público sin dilación una vez que pase el peligro del ciclón.
El miércoles en un recorrido en automóvil por las gasolineras de Coral Way, una de las arterias viales de Miami, muchas mostraban carteles que decían que la gasolina se había acabado o directamente tenían conos de plástico u otros obstáculos para impedir el paso hacia los surtidores.

Vehiculos haciendo fila para repostar combustible en una estación de gasolina este 5 de octubre de 2016, en Miami Gardens (EE.UU.).

Vehiculos haciendo fila para repostar combustible en una estación de gasolina este 5 de octubre de 2016, en Miami Gardens (EE.UU.). EFE/CRISTOBAL HERRERA

En 2005 la falta de combustible en las gasolineras o la imposibilidad de hacerla subir del depósito a la manguera por falta de electricidad se convirtió en una pesadilla.

Matthew, calificado de monstruoso y letal

Desde el lunes los miamenses ha sido sometidos a un constante bombardeo de mensajes calificando a Matthew con adjetivos como “monstruoso” y “letal” y pidiéndoles que estén preparados para lo peor, porque les va la vida en ello.
Sin embargo, en comparación con otros lugares de la región caribeña, el número de víctimas mortales de los huracanes en Florida es siempre inferior.
Andrew, recordado como el huracán más letal, causó una veintena de muertes a su paso por el sur del estado en 1992.
Los daños materiales son siempre, por el contrario, millonarios.
Los daños de Wilma en EEUU se calculan en unos 21.000 millones de dólares, una cifra muy lejana de los 108.000 millones de Katrina, otro huracán que impactó el sur de Florida en 2005, el más costoso de la historia y también menor a los 26.900 millones de dólares de Andrew, según datos del Centro Nacional de Huracanes. Efeverde




Secciones:            

Uso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies