Caza

Los cazadores andaluces son cada vez menos y más mayores

caza mayor Recurso de archivo

Jorge Molina, Sevilla 7 sept  (EFEverde).-  El número de licencias de caza en Andalucía ha disminuido un 25% desde 2004, y la edad media del cazador ha pasado de 42 a 52 años en la última década. Así lo recoge el Plan Andaluz de Caza, cuyo borrador se somete a debate entre los colectivos implicados, documento que admite tanto el descenso de las piezas de caza menor, la más practicada, como la necesidad de introducir en las aulas escolares contenidos “en positivo” de la actividad cinegética para paliar su declive.

El Plan Andaluz de Caza cumple 10 años y su renovación se afronta con una carga política que en su origen no tuvo. El apoyo de VOX al Gobierno de PP y Cs incluye como exigencia el fomento de esta actividad, cada vez de menor peso social por diversos factores.

El documento pretende “el impulso a una mayor sensibilización e información a la ciudadanía sobre el ejercicio de la caza desde una aproximación positiva”, y recoge en su análisis varios factores como causantes de la situación.

La bajada de cazadores en Andalucía ha reducido las licencias de 300.000 en 2004, a poco más de 225.000 en 2019. Se añade el envejecimiento, pues la mitad de los tiradores alcanza más de 50 años. A escala nacional se repite la tendencia, pues se ha pasado de 1.070.000 cazadores en 2005, a 769.000 en 2018.

El Plan andaluz achaca esta “disminución a pasos agigantados” al “paso de una sociedad agraria a otra marcadamente urbana”, donde “la percepción de la caza está mediatizada por las malas noticias que se publican en la prensa”, que recoge “sólo cuando ocurren eventos extraños, negativos y no deseados; los millares de eventos normales no son noticia”.

El borrador del futuro decreto plantea para paliarlo permitir a los jóvenes tarifas reducidas, crear días de caza específicos para ellos, o que se les permita la práctica con un mentor, sin cumplimentar el proceso íntegro que culmina con la licencia.

La “drástica disminución en el último medio siglo” de caza menor en el que las principales especies como el conejo y la perdiz han descendido hasta un 90%”, lo considera el texto administrativo como un “indicativo de que puede llegar la desaparición de sus poblaciones naturales”.

El motivo se achaca a la gestión del territorio cinegético, que en Andalucía abarca el 80% de toda la región. En la zona agrícola señala a la “intensificación de la agricultura con prácticas agrarias poco cuidadosas con los hábitat de las especies silvestres”. El cambio de calendario agrícola respecto al natural, y el uso de plaguicidas,afectan directa e indirectamente a la supervivencia de las especies de caza menor, y en general a la diversidad biológica”.

El otro gran ámbito lo ocupa el suelo forestal donde, según el Plan andaluz de Caza en discusión, “las masas forestales son cada vez más intransitables para los humanos y menos habitables para la fauna, por la pérdida de productividad y disminución de biomasa aprovechable por los herbívoros”.

En general, la tendencia de las poblaciones de caza mayor (ciervo, cabra montés, corzo, jabalí, gamo y muflón) es “al aumento de las mismas, aunque quizás sería más adecuado hablar de expansión territorial que de aumento de efectivos”. El texto añade el seguimiento de los carnívoros por los expertos de la Consejería de Agricultura y Desarrollo Sostenible. La mitad de los rastros hallados fueron de zorro, un 25% del resto (comadreja, gineta, gato montés, garduña, meloncillo, nutria, tejón, turón y lince), y otro 25% de perros asilvestrados.

En este caso se advierte que estos animales abandonados tienen un efecto adverso no solo sobre las especies cinegéticas de caza menor sino sobre el conjunto de la biodiversidad, “siendo la labor desarrollada desde el ámbito cinegético primordial en el control de su presencia”.

Uno de los objetivos a corto plazo que incluye el borrador del Plan Andaluz de Caza –vigente de 2021 a 2031- permitirá crear ‘cantera’ entre los jóvenes en las aulas. Se apunta en concreto a “integrarla en los libros de texto de las ciencias sociales y naturales junto con otros aprovechamientos humanos realizados en el medio natural, como la agricultura, la ganadería, la pesca y la minería”.

La finalidad es “visibilizar la actividad cinegética sostenible en la asignatura de conocimiento del medio y libros de texto, como un aprovechamiento más de recursos naturales y una herramienta de gestión y equilibrio del medio natural, y de conservación de la biodiversidad. El tono es una “aproximación positiva a la actividad cinegética y de los beneficios que reporta”, también con actividades extraescolares vinculadas a la caza.

Según datos de la Asociación Interprofesional de la Carne de Caza (ASICCAZA), en España se capturan cada año en torno a 643.000 piezas de caza mayor, principalmente jabalí (350.000), ciervo (182.000), corzo y gamo. La caza menor captura unos 20 millones de piezas, principalmente conejo (6 millones), perdiz (2,7), y zorzal (5,5 millones).




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