PRACTICAS AGROFORESTALES

Los agricultores españoles combaten los incendios con practicas agroforestales (y muchas ovejas). Por (*) Monica Pelliccia

El sistema agroforestal de Bosques Naturales en Galicia, España, está compuesto por nogales cultivados en callejones, arbustos y ovejas que mantienen el sotobosque recortado. Imagen de Monica Pelliccia para Mongabay. Ovejas pastando en el monte. Fotografía de Monica Pelliccia para Mongabay.

Mónica Pelliccia / Galicia (Mongabay en @efeverde).-  El incendio forestal se detuvo justo antes de llegar a la granja de Nieves Fernández Vidueira, pero ardió todo el día en los alrededores de Quintela do Pando, en Galicia, al noroeste de España. “Nunca olvidaré el terror que sentí”, dijo Fernández. “Cuando nos despertamos no podíamos ni respirar, todo estaba cubierto de humo, parecía de noche, caían del cielo trozos de corteza chamuscada”.

Fernández, de 59 años, es una pastora y poeta que dice que siempre recordará el 16 de octubre de 2017, cuando todos los vecinos fueron al pueblo cercano de Fradelo para ayudar a los bomberos. “Los árboles hacían un ruido terrible y caían al suelo carbonizados. Vi conejos y corzos escapando de las llamas, la gente lloraba por todas partes. Ahora mismo, todavía lloro cuando lo recuerdo”.

Durante ese tiempo, Galicia vivió una inusual ola de calor, como ocurrió en otras partes de la Península Ibérica. “Se destruyeron muchas hectáreas durante un día de llamas y el fuego se detuvo en una zona de castaños pastoreados por ovejas, que rodeaba mi campo. El ganado es una parte fundamental en la prevención de incendios forestales, al comerse la hierba del sotobosque y los líquenes altamente combustibles de los árboles”, explica Fernández.

Ese día compuso un poema para expresar sus sentimientos de tristeza e impotencia tras ver el bosque transformado en un oscuro desierto.

Nieves Fernández Vidueira entre sus 400 ovejas pastando en el sistema agroforestal. Imagen de Mónica Pelliccia para Mongabay.

Nieves Fernández Vidueira entre sus 400 ovejas pastando en el sistema agroforestal. Imagen de Mónica Pelliccia para Mongabay.

Escribir poesía bajo los castaños centenarios

Fernández se hizo pastora a los 19 años, cuando esperaba su primer hijo. Decidió entonces dejar Madrid y volver a Quintela do Pando, donde creció.

“Antes, prácticamente sólo los hombres trabajaban como pastores: una mujer como yo rompió todos los esquemas existentes. Entonces, si mientras las ovejas pastan, te traes un cuchillo y tallas juguetes de madera para tus hijos [como yo estaba acostumbrada] rompes todos los moldes”, explica.

Todo empezó con las 18 ovejas que tenía su abuela. Ahora tiene 400 ovejas gallegas, u ovella galega, una raza clasificada en peligro de extinción, que pastan entre castaños (Castanea sativa), robles (Quercus robur), olmos (Ulmus spp.) y avellanos (Corylus spp.). Las ovejas se alimentan de líquenes y arbustos como el tojo (o aulaga, Ulex europaeus), el brezo (Erica ciliaris) y la xesta (escoba escocesa, Cytisus scoparius).

Se trata de un tipo de sistema agrícola llamado agroforestal porque se realiza entre árboles, que refrescan el entorno, proporcionan un hábitat para la biodiversidad y promueven la humedad que ayuda a que cultivos como el heno y los cereales crezcan incluso en condiciones de sequedad. Los árboles de un sistema agroforestal también secuestran carbono de la atmósfera para enfriarla. En este caso, como el ganado pasta entre los árboles, también se denomina silvopastoreo, que es un sistema agrícola ancestral típico de Galicia.

La granja de Fernández es autosuficiente, produce forraje sostenible para sus ovejas y vende carne y castañas. Todas las tardes, mientras lleva a las ovejas a pastar y se sienta bajo los viejos castaños, Fernández también escribe poesía; diseña ropa hecha con líquenes y hojas e inspirada en las mitologías celtas profundamente arraigadas en esta zona; y esculpe esculturas en las ramas de los árboles para retratar la vida a través de la lente de la naturaleza. En sus artesanías también se encuentran historias de las meigas, brujas que el folclore local atribuye a estos bosques. Su obra se expone en un pequeño museo en el centro del pueblo.

“Ser pastora me inspira, me hace sentir libre, que soy parte de la naturaleza”, dice Fernández.

En 2017, un incendio forestal ardió durante todo el día en los alrededores de Quintela do Pando. Imagen cortesía de Nieves Fernández Vidueira

En 2017, un incendio forestal ardió durante todo el día en los alrededores de Quintela do Pando. Imagen cortesía de Nieves Fernández Vidueira

La crisis climática aviva el fuego

Como experimentó Fernández en su pueblo, los sistemas de silvopastoreo prestan servicios ecosistémicos fundamentales. “El ganado reduce el riesgo de incendios forestales, eliminando [la] biomasa de arbustos y líquenes del suelo”, dice María Rosa Mosquera-Losada,  de la Federación Europea de Agroforestería (EURAF), responsable del Departamento de Producción de Cultivos de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). “Los sistemas de silvopastoreo también prestan un importante servicio de sumidero de carbono: el pastoreo aumenta el secuestro de carbono en el suelo”, afirma.

En Galicia, los investigadores observaron un cambio significativo en los días de verano durante las últimas décadas. “En la región, al igual que en España, las temperaturas han aumentado 1,7° celsius, o 3° fahrenheit, desde 1970. Están teniendo grandes oscilaciones, con periodos cálidos, seguidos de otros fríos”, explica Dominic Royé, investigador de geografía física de la USC.

Son muchas las variables que influyen en ello, como explica Royé en un artículo publicado en 2020. “La variabilidad climática hace que haya años con más o menos actividad de incendios forestales debido a las condiciones más favorables. Hay que entender que una sequía seguida de olas de calor aumenta mucho el riesgo”, dice Royé. “Los vientos del este en Portugal y Galicia son secos y cálidos en verano, lo que aumenta drásticamente el riesgo de incendios forestales, y unos pocos incendios podrían quemar enormes áreas”.

¿Cómo está el tiempo? ‘Depende’

Al norte de aquí, la sinuosa carretera atraviesa ríos y pueblos con pocos habitantes enclavados en colinas coloreadas por las flores violetas del Erica arbórea o brezo. Las noticias sobre los incendios forestales que asolan la costa oeste de Estados Unidos dominan los boletines radiofónicos del equipo de música del coche: relatos de llamas agravadas por la variabilidad climática, un problema global que forma parte de la crisis del clima.

“Depende, es una palabra que representa parte de nuestro carácter”, dice Mosquera-Losada. “Como gallegos somos conocidos [como] indecisos. Ahora mismo, depende es también nuestra actitud ante la variabilidad del clima. Tenemos más días de verano, pero nunca se sabe cómo será el tiempo: extremadamente frío, lluvioso o ventoso”.

En 2017, un incendio forestal ardió durante todo el día en los alrededores de Quintela do Pando. Imagen cortesía de Nieves Fernández Vidueira

En 2017, un incendio forestal ardió durante todo el día en los alrededores de Quintela do Pando. Imagen cortesía de Nieves Fernández Vidueira

De hecho, los pastores locales han observado que el tiempo ha cambiado mucho durante las últimas décadas. “Depende es una buena respuesta para identificar nuestro clima”, dice Javier González Méndez, de 43 años, que trabaja como bombero por el día y como pastor por la tarde, cuidando 45 reses de rubia gallega, una raza autóctona de Galicia.

El menor de siete hermanos, Javier González se hizo bombero a los 18 años, y es el único de ellos que sigue viviendo en la aldea de Robledo de Domiz, aquí en el corazón de Galicia.

Después de despojarse del uniforme de bombero, lleva las vacas a los montes de Os Ancares. Subiendo hasta los 1.600 metros, pastan en un sistema de silvopastoreo con robles, abedules (Betula pubescens), avellanos (Corylus avellana), acebos (Ilex aquifolium), cerezos (Prunus avium), teixo (o tejo, Taxus baccata) y arbustos como la uz branca (Erica arborea), la xesta y el cardo (Cirsium vulgare). También hay plantas medicinales como el árnica (acónito, Arnica montana) y la melisa (Melissa officinalis). Estos montes son también el último reducto de osos pardos (Ursus arctos) de Galicia, con los que González dice haberse encontrado varias veces en el pico cercano.

Si sólo queda uno, ¿quién cuidará de estos bosques?

“Rubia ven acá” -Rubia ven acá- llama González para reunir a cada una de sus vacas, la mayoría de color marrón claro o canela. A cada una le pone un nombre propio, como Rubia o Marella.

Cuando pastan en la cima de la montaña, las sigue con su teléfono móvil, gracias a los chips de GPS que llevan en sus collares. A lo largo de los años, dice, “he visto incendios forestales cada vez más intensos, ya que hay menos rebaños limpiando los montes”, explica, caminando por una zona que fue arrasada por un incendio forestal. Eso ocurrió en octubre de 2017, cuando ardieron 2.000 hectáreas en una semana. Todavía quedan esqueletos de robles y abedules como testimonio de las llamas.

“Antes éramos 13 pastores en este monte”, cuenta González. “Ahora soy el único en más de 100 hectáreas [250 acres]”.

Su rebaño hace el trabajo más necesario que nunca porque acaba de empezar la temporada de incendios forestales. El año pasado ardieron en Galicia 14.805 hectáreas, más que en 2018 y 2019 juntos, según las últimas estadísticas gubernamentales.

Galicia tiene la mayor densidad de incendios forestales y la mayor superficie quemada de Europa, según la investigación de la USC coordinada por Mosquera-Losada. “Hay tres condiciones que hacen que los incendios se produzcan: una temperatura superior a 30°[C, o 86°F], una humedad superior al 30 por ciento y una velocidad del viento superior a 30 km/h [19 mph]”, dice. “Estas condiciones son más frecuentes debido a la variabilidad del clima”.

Gemma San Pedro Jiménez abraza a sus border collies mientras sus cabras pastan en el sistema de silvopastoreo bajo pinos y eucaliptos. Imagen de Monica Pelliccia para Mongabay.

Gemma San Pedro Jiménez abraza a sus border collies mientras sus cabras pastan en el sistema de silvopastoreo bajo pinos y eucaliptos. Imagen de Monica Pelliccia para Mongabay.

No durarás mucho”: La mujer cabrera rompe con los estereotipos

Si nos dirigimos hacia el norte y el oeste en dirección a Lugo, el paisaje cambia. Los pinos (Pinus pinaster) y los eucaliptos (Eucalyptus globulus) emergen de un paisaje cubierto por una ligera niebla matinal.

“Cuando llegué aquí, tenía 30 años, acababa de divorciarme y era madre soltera de una niña de 4. Toda la gente decía que no duraría mucho con mis cabras”, cuenta Gemma San Pedro Jiménez, de 42 años, ahora cabrera desde hace 11. “Nadie tenía expectativas sobre mí. Decían: ¿qué haces aquí con las cabras? Pero yo sigo aquí y seguiré con mis cabras”.

Su casa está frente al prado que contiene un rebaño de 400 ejemplares. Originaria de Barcelona y licenciada en ingeniería forestal por la Universidad de Lugo, San Pedro Jiménez decidió hacerse cabrera cuando su madre heredó 50 hectáreas de pinar en los alrededores del pueblo de Borreiques.

Todas las tardes lleva a sus cabras al bosque; toman diferentes rutas a través de los pinos, que filtran la luz y dibujan sombras caleidoscópicas en el sotobosque. Pastan en un sistema agroforestal entre eucaliptos y robles, conocidos localmente como carballos, que se asoman por encima de arbustos de tojo, brezos y xesta.

Los más jóvenes, como ella, regresan a estas zonas despobladas, tomando una decisión con implicaciones sociales y ecológicas, como también ocurre en Cerdeña. “El abandono rural y el consiguiente abandono de los usos tradicionales, junto con el aumento de la superficie forestal carente de gestión forestal, los bosques a la deriva por el cambio climático cada vez más notorio, y la falta de medidas de protección en los hogares rurales son la chispa perfecta para que cada año comience el desastre de los incendios forestales”, según un informe de WWF centrado en el Mediterráneo.

Cuidar este bosque es un reto diario para San Pedro Jiménez. “Los consumidores tienen que entender y apoyar el trabajo de los pastores, cambiando sus hábitos, considerando que comer carne producida en estas condiciones tiene fuertes valores sociales y ecológicos. Los precios son los mismos desde hace 30 años y no es fácil sobrevivir”, dice mientras abraza a Chis y Jazz, sus border collies. “Me gustaría que fuéramos cada vez más los que trabajáramos de esta manera, para hacer oír nuestra voz”.

20.000 euros en pesticidas ahorrados

Avanzando hacia el oeste de la finca de San Pedro Jiménez en dirección a Santiago de Compostela, aparecen algunos peregrinos. Las restricciones del COVID-19 obligaron anteriormente a suspender la peregrinación del Camino de Santiago, pero los peregrinos vuelven a recorrer el camino.

En Boimorto, a 30 km de Santiago de Compostela, algunos peregrinos a pie y otros en bicicleta han encontrado sombra bajo los cerezos y nogales que componen el sistema de silvopastoreo de una empresa maderera local llamada Bosques Naturales.

Los investigadores de la USC estudian la resistencia de las especies arbóreas clonales de la finca al cambio climático. A la sombra de los árboles también crece el maíz, y los arbustos ofrecen forraje a las 400 ovejas que mantienen el sotobosque recortado.

La sostenibilidad económica del sistema agroforestal es crucial: con el silvopastoreo, los investigadores informan de un ahorro de más de 20.000 euros (23.500 dólares) en pesticidas y costes relacionados en Bosques Naturales, gracias al forraje que crece bien a la sombra de los árboles. También están experimentando con otros cultivos para impulsar aún más la sostenibilidad económica de la granja, como el cáñamo para textiles.

El sistema agroforestal de Bosques Naturales en Galicia, España, está compuesto por nogales cultivados en callejones, arbustos y ovejas que mantienen el sotobosque recortado. Imagen de Monica Pelliccia para Mongabay.

El sistema agroforestal de Bosques Naturales en Galicia, España, está compuesto por nogales cultivados en callejones, arbustos y ovejas que mantienen el sotobosque recortado. Imagen de Monica Pelliccia para Mongabay.

Los pastores como solución a los incendios forestales

Los pastores de Galicia se esfuerzan por encontrar un equilibrio entre su trabajo entre los sistemas de silvopastoreo y la sostenibilidad a largo plazo.

“Necesitan más apoyo administrativo para que se reconozca la importancia de su trabajo”, dice la investigadora de la USC Mosquera-Losada. “Una gestión adecuada de los montes con el pastoreo podría ser parte de la solución para evitar los incendios. Ellos entienden la naturaleza y son ejemplos vivos de las soluciones”.

Esta opinión es compartida por los pastores como Nieves Fernández Vidueira. “La administración local debería apoyar a la gente que trabaja con una finca y cuida los montes”, afirma. “Los incendios forestales se previenen con el ganado, eso es fundamental. Tienen que invertir en prevención”.

Sin embargo, en su pueblo sólo viven 18 habitantes, ninguno de ellos joven. “Si la gente se sigue yendo”, se pregunta, “¿quién protegerá el bosque?”.

(*) Monica Pelliccia es periodista multimedia independiente. Sigue su trabajo en Twitter a través de @monicapelliccia

Este artículo forma parte de la serie de  Mongabay sobre sistemas agroforestales

Referencias:

Royé, D., Tedim, F., Martin‐Vide, J., Salis, M., Vendrell, J., Lovreglio, R., … Leone, V. (2019). Wildfire burnt area patterns and trends in western Mediterranean Europe via the application of a concentration index. Land Degradation & Development, 31(3), 311-324. doi:10.1002/ldr.3450

Damianidis, C., Santiago-Freijanes, J. J., Den Herder, M., Burgess, P., Mosquera-Losada, M. R., Graves, A., … Pantera, A. (2021). Agroforestry as a sustainable land use option to reduce wildfires risk in European Mediterranean areas. Agroforestry Systems, 95(5), 919-929. doi:10.1007/s10457-020-00482-w

Artículo publicado inicialmente en Mongabay. com y, con autorización en @EFEverde

 




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