'La loba parda', el aullido del mundo rural resuena en la 64 Seminci

CINE AMBIENTAL

‘La loba parda’, el último aullido del mundo rural resuena en la 64 Seminci

'La loba parda', el último aullido del mundo rural resuena en la 64 Seminci La cineasta soriana Cristina Ortega. EFE/ Nacho Gallego

Adrián Arias / Valladolid (EFE/EFEverde).- "Estando yo en la mi choza (...) vide asomar siete lobos", reza la primera estrofa del romance 'La loba parda', que narra la última cacería de una lobuna y que sirve ahora de metáfora a la cineasta soriana Cristina Ortega para ilustrar en la 64 Seminci los últimos coletazos de un modo de vida que languidece como es la trashumancia en las Tierras Altas de Soria.

De los siete lobos en rifa para entrar en el redil, cuenta el romance que le tocó a suertes a una loba “vieja, patituerta, coja y parda”, que vio apagar ese día sus gloriosas noches de cacería al ser atrapada, un riesgo que ahora corren los modos de vida tradicional del mundo rural, como así compara la cineasta en una entrevista con Efe.

Es este romance anónimo con múltiples reinterpretaciones del que se sirve Ortega para llevar en un filme de 68 minutos la historia de los hermanos Pérez, de los últimos trashumantes de las Tierras Altas de Soria que guardan con ellos un modo de vida ancestral que nació en el mismo momento en el que el hombre domesticó los primeros animales.

Seis años de rodaje que nacieron de los cencerros oxidados que la cineasta guardaba en casa de cuando su abuelo Virgilio endurecía las callosidades de sus manos con el áspero trabajo del campo.

Aperos, cencerros, silbidos, arreos o los chirridos al rozar de las tijeras de esquilar son algunos ejemplos de utensilios y sonidos que están en “serio peligro de desaparición”, de ahí que esta obra, además de un fin catártico, también sea una cinta que guarde ese patrimonio etnográfico que puede que la próxima generación ya no pueda vivir.

Pero, arreando a las ovejas y supervisando la labor de los canes de ganado están los pastores y la gente del mundo rural, que también condensan gran parte del metraje de la cinta, donde la voz de las mujeres rurales también es el último aullido de una población envejecida y que vivió tiempos de mayor bonanza.

Son ellos los últimos testigos de un modo de vida que “languidece” y que requiere de “medidas urgentes” por parte de las administraciones, que también deben “tomar conciencia” de que estas prácticas tradicionales pueden tener un valor añadido en la actualidad, pues la trashumancia ayudaría a “prevenir incendios” o generar nuevas oportunidades como la industria lanar.

“Antes la lana merina castellana era un bien de lujo, ahora se exporta a China para hacer aislantes de discotecas”, ha lamentado Ortega, quien también ha explicado que ella es una de los “muchos sorianos que han tenido que abandonar la provincia porque allí hay carencias de todo tipo”.

Por este motivo, la cineasta confiesa comulgar con movimientos civiles como los impulsados por plataformas como ‘Soria ¡YA!’, que claman contra la despoblación y el olvido de las administraciones a los pueblos, aunque, en su opinión, estos movimientos han nacido en las urbes, por lo que el mundo rural puede quedar “otra vez relegado a un segundo plano”.

“Más apego a la tierra y más respeto a los mayores y sus costumbres”. Este es el leitmotiv que la berlanguesa (Berlanga de Duero, Soria) llevará a través de la imagen y el testimonio de los últimos trashumantes de Soria a la 64 Semana Internacional de la Seminci, que proyecta este martes el filme en su sección Doc. España.

Un retrato etnográfico que espera que los espectadores asimilen con ojo crítico y no como un “mero documental” que alguien ve sin tomar conciencia de todo el problema que hay detrás: “la pérdida del modo de vida rural y el apego y respeto por la tierra”, sentencia. EFEAGRO
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