BIODIVERSIDAD LAGARTIJAS

Falta de agua y calor afectan a especies de lagartija ibérica

Lagartos. Ejemplar de lagartija carpetana, Iberolacerta cyreni. Imagen: Roberto García-Roa Ejemplar de lagartija carpetana, Iberolacerta cyreni. EFE/Roberto García-Roa

La disminución de insectos de los que se alimentan las lagartijas, junto a la escasez de agua por las sequías y las altas temperaturas, consecuencia del cambio climático, amenazan con mermar la capacidad de supervivencia de estos pequeños reptiles ibéricos, según un estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

La investigación buscaba determinar “si la temperatura máxima que pueden tolerar las lagartijas ibéricas cambia en función de la disponibilidad de agua en el ambiente”, ha explicado el  investigador del MNCN y de la Universidad de Adelaide, en Australia, Salvador Herrando.

Para realizar el estudio sobre el grado de tolerancia a las altas temperaturas de las lagartijas ibéricas se estudiaron poblaciones de lagartija roquera (“Podarcis muralis”), adaptada a ambientes húmedos en Castellón y Huesca, y de lagartija colirroja (“Acanthodactylus”), adaptada a medios secos en Valencia y Madrid, según un comunicado del MNCN-CSIC.

Calor y disponibilidad de agua

Según Herrando, “la temperatura corporal y la cantidad de agua que almacenan nuestros tejidos están íntimamente relacionadas. Para regular la temperatura del cuerpo, cualquier animal toma decisiones en función de la disponibilidad de agua, por ejemplo, buscando una sombra si no podemos hidratarnos”.

El resultado ha determinado que la ausencia de agua para beber “reduce la temperatura máxima que pueden tolerar estos animales”.

El investigador del MNCN, David Vieites, por su parte, ha señalado que los análisis realizados en el laboratorio se midió “la temperatura máxima que toleran estas especies, si podían comer o beber, o si solo comían” con altas temperaturas.

Más tolerancia al calor de la colirroja

Se observó que la lagartija colirroja tolera temperaturas más altas que la roquera, sin embargo hay diferencias en cuanto a la tolerancia de temperatura entre poblaciones de una misma especie.

Para ambas especies estudiadas, se observó que cuando solo disponen de comida, una población toleró de 3 a 4 grados más que la otra, el doble que en condiciones en las que hay tanto agua como comida.

Según Salvador Herrando, esto implica que, “en ausencia de agua, algunas poblaciones están peor adaptadas para soportar altas temperaturas que otras, lo que implica que a “menor tolerancia térmica” existe “más riesgo de extinción ante el calentamiento global”.

Vieites ha explicado que tras una revisión de los estudios ecológicos publicados hasta la fecha, se encontró que los efectos de la temperatura del aire sobre la tolerancia térmica se han estudiado cinco veces más que los efectos del agua en animales terrestres.

Por ello, ha manifestado el investigador del MNCN, “nuestros resultados recomiendan un mayor esfuerzo en investigar las repercusiones de la disponibilidad de agua potable en cómo la biodiversidad responde al cambio climático”. EFEverde

 

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