AVIFAUNA GRULLAS

La parada cordobesa en la migración de la Grulla Común

Grullas, recurso de archivo EFE/Chema Moya

Javier Collantes  / Córdoba (EFE).- Casi un centenar de expertos de España, Portugal y Suecia participan en Añora (Córdoba) en las II Jornadas Nacionales sobre Grulla Común, en las que se exponen las últimas investigaciones sobre estas aves migratorias antes de regresar al norte de Europa.

Aunque son unas jornadas eminentemente técnicas dirigidas a expertos, investigadores y científicos, también tienen su parte lúdica, como ha explicado a Efe el impulsor de este evento y agente de medio ambiente, Juan Manuel Sánchez.

El Parque San Martín de Añora acoge en paralelo a estas jornadas el I Encuentro Ornitológico de Los Pedroches, y desde el pasado fin de semana se celebran talleres, concursos, proyecciones de documentales y excursiones para conocer in situ a la considerada joya zoológica de Los Pedroches y el Alto Guadiato.

Entre los participantes han llegado desde todos los lugares de la geografía nacional donde la grulla pasa el invierno, como Zaragoza, Teruel Navarra, Madrid, Toledo o las dehesas extremeñas y del Norte de Córdoba, pero también está presente un miembro del Museo de las Ciencias de Madrid, un portugués y el coordinador del Área Báltica de los anilladores de los pollos de grullas, Sigvard Lungdren.

Precisamente ese anillado, que se lleva a cabo en las crías porque en los adultos es realmente complicado hacerlo, y que se realiza en el Norte de Europa, ha aportado datos muy interesantes sobre estas aves.
Por ejemplo, se ha comprobado que las hay que acuden al mismo sitio, con la misma pareja y con una nueva cría desde hace años.

Y eso que realizan un viaje de unos 4.000 kilómetros desde las gélidas tierras de Noruega, Finlandia, Polonia, Alemania, Estonia, Letonia, Lituania y algunas, incluso, desde Rusia, hacia el Sur, “no porque no sean capaces de soportar temperaturas heladas, sino porque allí el hielo y la nieve no les deja alimentarse lo necesario”.

De hecho, en Los Pedroches este mismo invierno se han llegado a registrar hasta temperaturas de -7 grados y otros años de -14, pero las grullas aguantan lo que les echen, durmiendo con las patas dentro de una lámina de frías aguas para estar a salvo de los depredadores, siempre que éstas tengan acceso a la comida

“En contra de lo que se piensa, las grullas apenas comen bellotas, porque no tiene medios para pelarlas y son más bien como las gallinas, que se alimentan con todo lo que encuentran en tierra, desde pequeños tubérculos, hasta lombrices y hierba”, indica Sánchez.

El espectáculo en estos casos está servido. “Hemos llegado a pensar este año hasta 8.060 grullas, entra adultos y pollos, que son del mismo tamaño pero con la cabeza marrón, repartidos entre bandadas de 100 o 120 aves, que suelen ser muy territoriales y se quedan en su zona, cerca de donde hay agua”.

Por eso, las excursiones que se han preparado para los “profanos y curiosos”, con grupos de unas 50 personas y para las que no hace falta inscripción previa, son espectaculares.

Se trata de observarlas en tierra posadas, para lo que se requiere de un catalejo para no aproximarse mucho, porque no se dejan avistar así como así, o bien volando en bandadas.

“En este caso, al atardecer nos quedamos extasiados con la llegada de cientos de animales llegando a sus dormideros con los últimos rayos rojizos del sol: es un estampa única”, concluye. EFE




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