AGRICULTURA FRANCIA

La lucha de ecologistas franceses contra la construcción de una presa

  • Para unos son los últimos guardianes del planeta, para otros, ecologistas que se oponen al progreso, pero su presión, a riesgo incluso de sus vidas, está poniendo en jaque algunas infraestructuras en Francia.

La lucha de ecologistas franceses contra la construcción de una presa Viñedos en Gignac, cerca de Montepellier

EFEVERDE.- Para unos son los últimos guardianes del planeta, para otros, ecologistas que se oponen al progreso, pero su presión, a riesgo incluso de sus vidas, está poniendo en jaque algunas infraestructuras en Francia, como sucedió hoy con la presa de Sivens, paralizada desde hace meses por la presión contestataria.

Se han ganado el apelativo de “zadistas”, porque ocupan lo que los textos oficiales denominan como Zonas de Acondicionamiento Diferido (ZAD) y que ellos han rebautizado como “zonas a defender”.

Con aspecto desaliñado, decenas de ellos acampaban desde hace semanas en los humedales de Sivens en los que las autoridades francesas han previsto la construcción de un pantano destinado al riego agrícola en el sur de Francia, a 50 kilómetros de Toulouse.

Aguantan los insultos de los agricultores, que consideran esa obra como la única forma de combatir la sequía que, cada verano, les impide regar sus cultivos.

“Invasores”, “hijos de burgueses parisienses que no saben nada”, son algunas de las perlas que escuchan mientras duermen en el bosque, en precarias condiciones higiénicas.

Pero su combate da frutos: En Sivens han conseguido que el proyecto de construcción del pantano se paralice durante meses y que, finalmente, las autoridades lo revisen a la baja, para que finalmente se inunde menos terreno del previsto.

93 ESPECIES PROTEGIDAS CON SU FUTURO EN ENTREDICHO

No están contentos, porque el humedal que quedará bajo el agua alberga, según ellos, 93 especies protegidas, cuyo futuro queda en entredicho.

La gendarmería los ha desalojado por enésima vez, pero ellos ya aseguran que la lucha continúa y que volverán a ocupar la zona.

El precio a pagar por este combate ha sido alto. Numerosas pancartas recuerdan en Sivens el nombre de Rémi Fraisse, un joven “zadista” que en octubre pasado pereció cuando un proyectil antidisturbios le golpeó en la cabeza cuando se oponía a un intento de desalojo policial.

El drama colocó a la pequeña presa de Sivens, un proyecto de poco más de 8 millones de euros de presupuesto, en el centro de atención de los “zadistas”.

Pero no es el único. El paradigma del combate ecologista es el aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes, situado en las afueras de Nantes, en el noroeste.

En los terrenos donde está prevista la construcción de las pistas, los ecologistas montan barricadas que se asemejan a trincheras para contrarrestar las regulares cargas de los gendarmes.

Fue ahí donde nació el término “zadistas”, que después sirve para calificar a todos los nómadas que acampan en zonas que esperan la llegada de la maquinaria pesada para talar bosques, cavar terrenos y levantar taludes.

Prioritario para el Gobierno, que pretende descargar de tráfico los dos aeródromos de París, el aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes es “un faraónico lujo innecesario” a juicio de los ecologistas, que consideran que el daño ecológico no está justificado por la utilidad de la obra.

“El aeropuerto actual de Nantes no funciona a pleno rendimiento y ya quieren hacer otro mayor”, asegura la coordinadora de las asociaciones de oposición al aeródromo, Françoise Verchère.

Menos suerte han tenido las protestas contra la construcción de una línea férrea de alta velocidad entre Lyon y Turín, un proyecto que aúna la animadversión de los ecologistas de ambos lados de los Alpes, el macizo que pretende atravesar.

El presidente francés, François Hollande, y el primer ministro italiano, Matteo Renzi, le dieron el impulso definitivo hace dos semanas.

“Primero hacen creer que la obra es necesaria inflando las previsiones de uso y luego falsean los informes de impacto”, denuncia el opositor a la línea Lyon-Turín Daniel Ibanez.

El centro turístico que pretende levantarse en Roybon, en las faldas alpinas, la construcción de una “macrogranja” en el norte del país llamada “de las mil vacas”, o el tren de alta velocidad que debe unir Burdeos con la frontera española, son otros de los lugares amenazados por estos grupos ecologistas. EFEverde




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