La gran hipocresía del cambio climático. Por Javier García Breva

Por Javier García Breva* para EFEverde. Madrid, 25 de noviembre de 2013.- Tampoco ha podido ser en Varsovia que pasa a ser la última de las cumbres fracasadas contra el cambio climático. Cada vez es más grave la contradicción entre los avances científicos en el diagnóstico del cambio climático y la inacción e indiferencia de los Gobiernos. Pero la gravedad es mucho mayor cuando cada año que pasa se constata de manera más evidente el impacto económico que tiene el aumento de la temperatura del planeta y su directa relación con el incremento de las desigualdades.

El desdén ante la desigualdad es la primera causa que hace imposible un acuerdo mundial de lucha contra el cambio climático. En la Asamblea General de la ONU de 2012 se presentó un informe que cuantificaba el coste del cambio climático para 2030 en una pérdida del 3% del PIB mundial; sin embargo, el reparto de esa pérdida es desigual porque mientras en los países más ricos se situará entre el 2% y 3% de su PIB, en los países más pobres o en vías de desarrollo la pérdida alcanzará hasta el 7% y el 11% de su riqueza. Este informe confirmó el análisis de N. Stern que en 2007 preveía un impacto económico del cambio climático para las próximas décadas entre el 5% y el 20% del PIB, según las condiciones de adaptación de cada país.

El incremento de la temperatura del planeta, sobre todo en los mares y océanos, se aproxima en esta década al punto de no retorno en el que sus efectos serán irreversibles. Las cumbres ya se miden por huracanes, el año pasado fue Sandy en EEUU y Bopha en Filipinas en estas mismas fechas; este año Haiyan otra vez en Filipinas. Las aseguradoras han visto cómo el coste de los desastres naturales se ha multiplicado por cuatro en los últimos años hasta 140.000 M€ en 2012. Los millones de vidas perdidas o desplazadas pasan por los telediarios de año en año ante el negacionismo más brutal del poder político y económico que se opone a que los países más ricos y que más emisiones producen compensen a los países más pobres, que no son los principales responsables del nivel de emisiones de CO2 pero sí los que más sufren sus efectos.

La causa principal del calentamiento está en el masivo consumo de energías fósiles, carbón, gas y petróleo, y en un modelo energético que dedica cinco veces más ayudas a esas fuentes contaminantes que a las energías renovables. En 2012 fueron en todo el mundo 403.000 M€ frente a 74.000 M€, según la Agencia Internacional de la Energía que, además de reclamar la supresión de todas las ayudas a los combustibles fósiles, advierte que cada dólar que ahora no se invierta en luchar contra el cambio climático costará 4,5 dólares a la economía a partir de 2020.

El mundo camina hacia una gran crisis económica y humanitaria por un modelo energético insostenible a causa de la ausencia de políticas más contundentes de apoyo a la eficiencia energética y las energías renovables. Son las únicas políticas efectivas para eliminar las emisiones de CO2 y mitigar el cambio climático. La mejor medida que se debe adoptar para afrontar los riesgos climáticos es otra ética de la energía que prescinda de todas las fuentes de riesgo, como son el gas, el carbón, el petróleo y la nuclear, y que cambie la percepción del cambio climático en nuestra sociedad, no como algo lejano en el tiempo y el espacio sino como la causa más próxima de nuestra ruina.

Sin embargo, seguimos asistiendo a la gran hipocresía de reconocer la amenaza del cambio climático y, a la vez, seguir defendiendo la mayor producción y consumo de energía fósil. Los mismos editoriales que han atacado las renovables y defendido el gas no convencional o la energía nuclear dicen estos días que algo hay que hacer contra los tifones como el de Filipinas. Los mismos que trabajan para inundar todo el planeta con la falsa revolución del gas esquisto, más contaminante y peligroso, reconocen a la vez la urgencia de mejorar el medioambiente. Es la falta de ética que sacrifica la felicidad de las generaciones futuras para optimizar el beneficio de los monopolios energéticos en el corto plazo. En el fondo contra lo que hay que luchar primero no es contra el cambio climático sino contra la codicia de esos monopolios del gas y del petróleo.

La comunidad internacional ha dejado sola a Ecuador en su defensa de la Amazonia frente a los intereses petroleros. Trece ministros europeos de medio ambiente, entre ellos el de España, piden un billón de inversión en renovables y reducción de emisiones para apoyar el “crecimiento verde”, mientras el mismo Gobierno de España aprueba una reforma para excluir las renovables y el ahorro de energía del sistema eléctrico e introducir más gas, más carbón, más nuclear y nuevas prospecciones de petróleo y fracking con la evaluación ambiental más laxa.

En España nadie ha explicado todavía por qué contaminar, y contaminar mucho, sale gratis o por qué las empresas más contaminantes hacen caja con los derechos de CO2 adjudicados gratuitamente mientras se niegan a que se les aplique la Directiva europea de emisiones industriales o por qué las grandes ciudades superan los límites de contaminación atmosférica.

La hipocresía del negacionismo se basa en el carácter incoloro de las emisiones. Si el CO2 fuera de colorines seguro que no habría desaparecido de la agenda política. Resulta intolerable que la  percepción social del cambio climático dependa de los desastres naturales. ¿Cuántos huracanes, terremotos, sequias e inundaciones, enfermedades, hambrunas y desplazados harán falta para acabar con el desdén de los Gobiernos hacia el cambio climático?

 

 

Javier García Breva* para EFEverde.

Presidente de N2E y Presidente de la Fundación Renovables

www.tendenciasenenergia.es

jgarciabreva@imediapr.es

 

 

 




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Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

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