ESTACIÓN CIENTÍFICA

La estación científica más ecológica

La estación científica más ecológica

Con su particular aire futurista, la base belga Princesa Elisabeth, en la Antártida, se prepara para la llegada de los científicos a sus instalaciones. Es la primera estación de investigación científica del mundo que no emite dióxido de carbono a la atmósfera.

A 220 kilómetros de la costa, sobre un macizo de granito de 1.382 metros de altura, la geométrica estructura metálica se destaca como un punto extraviado sobre el blanco inmaculado del Polo Sur.

 En su interior esperan 1.900 metros cuadrados de zonas comunes y laboratorios y un equipo de doce personas, entre ingenieros, mecánicos, científicos y exploradores, cuyo objetivo es ofrecer todo el apoyo logístico necesario a los once proyectos de investigación internacionales que pasarán por aquí durante el verano austral, entre noviembre y febrero.

Los primeros en llegar, tras un viaje de dos días, primero en avión hasta la costa antártica y después por tierra hasta la base, han sido los miembros de la expedición liderada por el ingeniero y explorador belga Alain Hubert.

Su misión, antes de recibir al primer grupo de científicos, es retirar la nieve acumulada durante el invierno para desbloquear las puertas de un edificio único entre los de su género.

BASE CON “CERO EMISIONES”.

La base belga, construida en 2007, es la primera estación de investigación científica del mundo que no emite nada de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera.

El objetivo “emisión cero” se consigue gracias a los paneles solares, situados sobre la superficie de la estación, y a los nueve molinos eólicos. Así se aprovechan las veinticuatro horas de luz en verano y los fuertes vientos en invierno, generando una energía que es acumulada en baterías.

A ello hay que sumar un diseño que maximiza la eficiencia energética y una “red inteligente” controlada por ordenador que gestiona la energía y la suministra, según las posibilidades de gasto en cada momento.

“Esto implica que no podemos hacer siempre lo que queremos (..) pero hemos aprendido que gestionar la energía no significa que haya escasez”, explicó a Efe en una entrevista telefónica el director de la misión Alain Hubert, para quien este sistema no supone un problema. Tampoco hace falta. En la Antártida las dificultades vienen de serie.

DIFICULTADES DEL CONTINENTE HELADO.

Aún en verano las temperaturas rondan los veinte grados bajo cero y son poco previsibles, los vientos pueden alcanzar hasta 100 kilómetros por hora y las tormentas de nieve duran varios días.

 Ayudar a los científicos a lidiar con este entorno para llevar a buen puerto sus investigaciones es precisamente la misión del equipo de la base, del que forman parte una docena de expertos en el terreno e ingenieros en mecánica, electricidad o electrónica, entre otros.

“Es la alta tecnología al servicio de la recogida de datos”, explicó su director, añadiendo que “a veces se olvida que la Antártida está en la otra punta del mundo y no hay absolutamente nada, ni árboles, ni casas, nada. Y eso es duro”.

Así pues, además de las jornadas de preparación en los Alpes italianos, donde enseñan a los futuros habitantes de la estación a moverse por la nieve y a evitar las grietas que esconde, “es clave escucharles una vez sobre el terreno” y vigilar su adaptación, señala Hubert.

Y es que hay grupos de científicos que en ocasiones tienen que desplazarse en caravanas a cientos de kilómetros de la estación y permanecer trabajando en el exterior hasta seis semanas.

“¡Desde el punto de vista logístico es apasionante!” dijo Hubert con audible emoción.

MÚLTIPLES PROYECTOS.

Entre los proyectos de este año se cuenta uno de sismología que les obligará a viajar hasta la costa para instalar en el camino varios sismómetros que permitirán detectar microterremotos.

Otro buscará medir la masa de hielo de la Antártida gracias a dos GPS situados en sendas montañas heladas, lo que permitirá calcular el ritmo de deshielo o crecimiento de su superficie y ayudará a prever futuros aumentos del nivel del mar que puedan afectar a las poblaciones costeras.

Un tercero recogerá datos sobre la cantidad y tipo de gases presentes en la atmósfera polar y medirá la radiación solar, información especialmente útil a la hora de abordar problemas como el cambio climático o la contaminación.

 Precisamente, Hubert insiste en la contribución de estas investigaciones a la ciencia en general y en la relevancia que experimentos realizados en un lugar tan lejano como la Antártida tienen a la hora de entender y actuar frente a cuestiones tan cercanas como terremotos, inundaciones o crisis energéticas.

PARTICIPACIÓN INTERNACIONAL.

Este año participarán en los proyectos cuatro países, Suiza, Alemania, Japón y Francia, además de Bélgica, una colaboración internacional de la que el equipo belga se siente especialmente orgulloso.

“Es formidable, hemos dado a los científicos del mundo una nueva herramienta. En el siglo XXI hay que superar el nacionalismo y la Antártida, cuyo suelo no pertenece a nadie, es el lugar para hacerlo”, afirma Hubert.

La estación pasará a ser gestionada por varios países en dos años, aunque mantendrá su financiación mixta -pública y privada-.

En efecto, el continente está protegido por el Tratado Antártico, en vigor desde 1961 y con 48 países adheridos, que prohíbe que se convierta en terreno en disputa internacional o que se le dé un uso militar.

Bélgica, miembro constitutivo del mismo, inició su aventura polar en 1957 de la mano del explorador Gaston de Gerlache y la construcción de la estación “Rey Baduino”, que apenas una década después dejó de funcionar. Cuarenta años más tarde, la base Princesa Elísabeth tomó el relevo con Alain Hubert a la cabeza.

Desde entonces han sido protagonistas de hitos científicos, como el primer contacto humano con una colonia de pingüinos monje o el descubrimiento de un meteorito de 18 kilos. “Sorpresas” que, a juicio del explorador belga, revelan el potencial del continente y auguran a la estación “un futuro prometedor”. EFE

 




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Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

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