EXPERIMENTACIÓN ANIMALES

La ciencia necesita animales, pero falta investigación en modos alternativos

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Carmen Rodríguez / Madrid, 24 abr (EFE).- El uso de animales de laboratorio sigue siendo imprescindible en algunos campos de la investigación científica, aunque su uso está descendiendo. Sin embargo, existen procedimientos alternativos sobre los que en España no se investiga aún lo suficiente.

La Red Española para el Desarrollo de Métodos Alternativos a la Experimentación Animal (REMA) ha presentado esta semana un manifiesto en el que pide un plan que promueva el desarrollo de esas técnicas, con el uso de organismos como bacterias y algas o los cultivos celulares.

En 2019, los laboratorios españoles utilizaron animales para la experimentación científica más de 800.000 veces, casi un 42 % menos que diez años antes, y los científicos señalan que hay una parte de estudios para la que hay que recurrir a ellos, como en las enfermedades neurodegenerativas, raras o el desarrollo de terapias génicas.

Pero hay procedimientos alternativos que, aunque no puedan en todos los casos sustituir totalmente al animal, si “permiten obtener muchísima información previa” antes de llegar a él, indica el presidente de REMA y profesor de Toxicología de la Universidad Pablo Olavide, Guillermo Repetto.

En las últimas semanas, el supuesto maltrato animal en el laboratorio Vivotecnia, bajo investigación por la Comunidad de Madrid que ha suspendido su actividad, ha puesto el foco en por qué y cómo se realizan las prácticas con animales de laboratorio, de los que este sábado algunas oenegés celebran su día internacional.

Repetto estima que lo sucedido en ese laboratorio “debe ser una excepción”, lo cual “no significa que mañana pueda salir alguno más”, por eso hay que seguir promocionando el bienestar animal, las alternativas e intensificar la frecuencia y eficacia de los controles.

Por el momento, hay aspectos de la investigación en los que “no sabemos sustituir a los animales”. No habría vacunas contra la covid-19 si no hubieran pasado los análisis preclínicos en modelos animales, destaca el investigador del Centro Nacional de Biotecnología, Lluis Montoliu.

El también presidente del Comité de Ética del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) subraya que el empleo de animales está estrictamente regulado en España con un proceso de varias instancias que evalúan y autorizan la investigación.

“No hay ningún animal que esté aprobado cuyo uso sea redundante, gratuito o no esté justificado. Hay que razonar su uso y aportar pruebas de que no existen métodos alternativos que estén validados”, agrega.

Además, todos los que trabajan con animales deben pasar cursos de formación en aspectos técnicos y éticos. “No concibo la experimentación animal sin empatía. Los animales no son tubos de ensayo o líquidos, son seres vivos y merecen nuestro respeto”, subraya.

Las normas también recogen la severidad de los procedimientos y los cataloga en leves, moderados, severos y sin recuperación. El 86 % son de los dos primeros y apenas un 7 % severos.

Ambos expertos coinciden en que no se promueve bastante la investigación en métodos alternativos. “Creo que eso está dentro del debe que tenemos en este país. Tendríamos que apoyar más su desarrollo”, considera Montoliu, quien recuerda que en Reino Unido o Dinamarca hay centros dedicados a ello.

Aquí se usan métodos alternativos -indica Repetto-, pero “quizás no lo suficiente” y, mientras en la mayor parte de los países europeos “se está invirtiendo mucho dinero” en promover este tipo de estudios, en España “no se dedican esfuerzos ni inversión”.

Repetto enumera algunos procedimientos alternativos, como compartir la información ya disponible sobre ensayos con animales para no duplicar, a lo que obliga la legislación, o el uso de modelos matemáticos y computacionales para ayudar a deducir los efectos de una molécula química o medicamento.

Además de técnicas “in vitro”, con el uso de organismos como bacterias o algas; el de invertebrados, el de embriones animales antes de que sean organismos independientes y el empleo de cultivos celulares, entre los que destacan los organoides.

Estos últimos son un conjunto de células cultivadas “in vitro” que reproducen en gran parte lo que es un órgano humano pero en pequeño, y que -dice- está revolucionando el sistema porque “nos da una información muy parecida a la que nos estaría dando el animal pero con la ventaja de que estamos trabajando con células humanas”.

Repetto estima que en España existe “una cultura de transparencia sobre el uso de animales” y Montoliu recuerda que desde 2016 existe un acuerdo de la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce).

A ese acuerdo de transparencia sobre el uso de animales en experimentación científica se han unido más de 140 instituciones, las cuales informan de por qué y para qué los emplean; además, organizan visitas o jornadas divulgativas. “Yo mismo -dice Montoliu- he dado charlas en pubs, respondiendo a preguntas”. EFE

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