ITALIA PICUDO ROJO

A la caza del picudo rojo en oasis y paseos marítimos

A la caza del picudo rojo en oasis y paseos marítimos Dos picudos rojos, una plaga que amenaza a las palmeras mediterráneas. EFE

Los palmerales de toda la cuenca del Mediterráneo lo temen y pocos se salvan de sufrir los estragos que crea tanto en las plantas de las que depende la supervivencia de los oasis como en las que decoran paseos marítimos y otros muchos lugares.

El picudo o gorgojo rojo es un pequeño escarabajo originario del Sudeste Asiático que amenaza actualmente a unas 40 especies de palmeras, algunas de gran valor económico como las que aportan aceite, coco y dátiles.
Estas últimas representan la base de los oasis en Oriente Medio y el norte de África, un recurso natural muy resistente a las duras condiciones que impone el desierto y capaz de sostener la vida de las personas que bajo su sombra siembran diversos cultivos.
“Si perdemos este recurso aumentará la migración de esa gente a las zonas urbanas”, afirma Shoki al Dobai, técnico de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con ocasión de una reunión internacional de expertos en Roma para intentar contener la peste.

Larvas de picudos rojos en llas hojas centrales de una palmera.

Larvas de picudos rojos en llas hojas centrales de una palmera. EFE/Estación de Invest. de Phoenix

60 países afectados

Más de 60 países presentan este tipo de problema, al que son susceptibles la mitad de los 100 millones de palmeras datileras que existen en el mundo, la mayoría en países árabes.
Con los últimos brotes en el norte de Marruecos y Túnez se teme que el picudo rojo de la palma pueda extenderse a los oasis del sur y arruinar la producción de dátiles.
Sus efectos devastadores también se han sentido en Europa, dejando la imagen de numerosos árboles talados o con sus hojas totalmente caídas en el histórico palmeral de Elche (España) y en tantas ciudades de la costa española, francesa o italiana.

Importaciones en la década de los 2000

Según Al Dobai, el problema de ese insecto radica en que su larva vive dentro del tronco de las palmeras sin dar apenas señales y cuando aparecen los síntomas “ya es demasiado tarde para controlarlo”.
Michel Ferry, del Instituto francés para la Investigación Agrícola (INRA), echa la culpa directamente a las autoridades por evaluar mal o demasiado tarde los riesgos fitosanitarios del comercio internacional de palmeras, que creció entre los años 2000 y 2007 con material procedente de países que se conocía que estaban infectados.
“¿Cómo es posible mantener ese comercio cuando la evidencia es tan evidente?”, se preguntó en un acto el investigador, que abogó por generalizar la prohibición total de importar y mover de sitio las palmeras debido a que hasta ahora la estrategia de contención “ha fallado en todo el mundo”.
A la erradicación masiva de esas plantas se han dedicado “grandes esfuerzos y en vano” (cada año se pierden millones de dólares), cuando lo correcto hubiera sido -a juicio de Ferry- disponer rápidamente de los medios y aplicar soluciones más simples para frenar con fuerza la expansión de la peste.

Foto de archivo de una palmera atacada por el picudo rojo.

Foto de archivo de una palmera atacada por el picudo rojo. EFE/ Juan Carlos Cárdenas

No es cuestión de técnicas, pues ya están disponibles, sino más bien de la falta de organización para utilizarlas como ocurre en Arabia Saudí, donde los grandes oasis están conectados y las plagas se desplazan con facilidad, explica Al Dobai.

Buen ejemplo: Canarias o Mauritania

Un ejemplo de buena gestión lo han dado las islas Canarias (España). Allí se logró erradicar la peste en 2013 y durante tres años se mantuvo la vigilancia sin encontrar rastro del insecto.

Su aislamiento en el mar ciertamente ayudó, pero el especialista de la FAO insiste en que sobre todo influyó su sistema integrado para gestionar las pestes con “recursos adecuados” para recoger los datos, analizarlos y tomar las decisiones pertinentes.

En otro país menos avanzado, Mauritania, han podido controlar hasta ahora un brote detectado en 2015 en un pequeño oasis gracias a la cooperación de los agricultores y el Ministerio de Agricultura.
“En muchos casos los agricultores se resisten a quitar las palmeras o no saben del riesgo y están expandiendo el picudo rojo moviendo los materiales de un lado a otro. Por eso su participación es básica”, sostiene Al Dobai, que insta a ayudarles a mejorar sus conocimientos.
La detección visual ha resultado hasta ahora primordial, aunque han aparecido otras fórmulas con máquinas de rayos X, drones o perros rastreadores que se están ensayando.
Cuando se localiza el picudo rojo los expertos recomiendan integrar el uso limitado de pesticidas químicos, trampas con feromonas y otros métodos biológicos para atraer al escarabajo y matarlo.
El plan de acción internacional que actualmente debaten busca prevenir las enfermedades de las plantas con una aplicación efectiva de las normas transfronterizas, lo que incluye intercambiar experiencias, mejorar la coordinación y evitar el transporte de material infectado. Efeverde




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