La «calima» y su oscuro origen latino

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La «calima» y su oscuro origen latino

La «calima» y su oscuro origen latino Varios surfistas se adentran en el mar de Playa Blanca, cubierta por la calima. EFE/Carlos de Saá

David Gallego / Fundeu.-  La extinción de los incendios registrados en Gran Canaria y Tenerife se está viendo dificultada por la calima. Sabemos que este accidente atmosférico tiene su origen en las tormentas de viento y polvo en suspensión procedentes del desierto del Sáhara. Pero ¿de dónde viene la palabra «calima» en sí?

Así como leer un parte meteorológico en el que se pronostica calima no es suficiente para experimentar el polvo en suspensión, leer el significado de una palabra no basta para conocer dicha palabra a fondo. Por lo común, cuando se consulta el diccionario, centramos la atención exclusivamente en la definición y pasamos por alto otra serie de apuntes tan interesantes como la etimología del término.

En el caso concreto de calima, y empezando por el significado, el Diccionario de la lengua española recoge la siguiente definición: ‘accidente atmosférico consistente en partículas de polvo o arena en suspensión, cuya densidad dificulta la visibilidad’.

Si alguien desea más precisiones, la Agencia Estatal de Meteorología emplea la siguiente definición: ‘suspensión en la atmósfera de partículas secas extremadamente pequeñas, invisibles al ojo humano, pero lo suficientemente numerosas para darle al cielo una apariencia opalescente. El término calima se usa cuando coinciden una visibilidad reducida y una humedad relativa menor del 70 %’. Con una humedad mayor, ya se hablaría de bruma.

Pero ¿qué más nos dice el Diccionario académico sobre la calima? El espacio reservado para el origen de la palabra señala que procede de la voz calina, variante que sigue considerándose válida, aunque no es la asentada entre los profesionales y no queda incluida en el Vocabulario meteorológico internacional de la Organización Meteorológica Mundial.

Por su parte, el sustantivo calina remite a su vez a la forma latina caligo, caliginis, que el Nuevo diccionario etimológico latín-español de Santiago Segura Munguía traduce como humareda negra, nube o niebla opaca y negra, polvareda densa… Con la misma raíz nos ha llegado el adjetivo caliginoso, que significa ‘denso, oscuro, nebuloso’. Definiciones todas ellas con las que posiblemente estará de acuerdo todos aquellos que han sufrido estos días la calima en las islas Canarias.

Suele decirse que la viga en el ojo propio impide ver la paja en el ajeno. No dejemos que la invisibilidad de la calima enceguezca su lejano origen. Fundeu




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