El agua potable que cae del cielo en el suburbio keniano de Kibera

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El agua potable que cae del cielo en el suburbio keniano de Kibera

El agua potable que cae del cielo en el suburbio keniano de Kibera El agua para beber y cocinar cae del cielo en un suburbio de Kenia. EFE/ Patricia Martínez

Patricia Martínez.- EFEverde.- Hace apenas dos años, los residentes del asentamiento informal de Kibera, en Nairobi, no se imaginaban que el agua que usarían para beber y cocinar caería del cielo; hoy, su novedoso sistema de tuberías aéreas es aclamado a nivel mundial y repercute en la calidad de vida de las mujeres.

Llevar agua potable a uno de los mayores suburbios de África -donde se estima que viven entre 200.000 y más de medio millón de personas agrupadas en doce distritos- no es una tarea sencilla, pues su alta densidad de población dificulta la excavación tradicional de zanjas y la disposición de tuberías subterráneas.

Por ello, la ONG keniana Shining Hope for Communities (Shofco) decidió en 2016 elevar las tuberías a seis metros del suelo y crear un sistema más adecuado a la idiosincrasia de Kibera, que en la actualidad cuenta con tres depósitos aéreos y 24 puntos de distribución.

“La diferencia es que las tuberías que operan los cárteles del agua van a ras del suelo, junto a las aguas residuales, y cuando hay una fuga el agua se contamina, lo que aumenta la presencia de enfermedades como cólera, tifus y diarrea”, explica a EFEverde la responsable de este programa en Shofco, Anne Mutile.

Pese a que el cólera se puede controlar con un saneamiento adecuado o a través de una simple vacuna oral, el 83 % de las cerca de 63.700 muertes ocasionadas por esa enfermedad entre 2000 y 2015, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se produjeron en el África subsahariana.

La ONG Shofco facilita agua a 84.000 vecinos del suburbio de Kibera, mediante cañerías aéreas basado en tres depósitos de agua y más de una veintena de puntos de venta. EFE/ Patricia Martínez

No obstante, este porcentaje podría ser bastante inferior, ya que gran parte de la incidencia del cólera en Asia del Sur (en países como India, Pakistán o Sri Lanka) muchas veces no queda registrada.

Desde que los acueductos comenzaran a operar, estas dolencias se han ido reduciendo y en 2017 el personal médico de Shofco -que también cuenta con proyectos sanitarios y educativos- solo trató dos casos de cólera en su clínica, donde cada año atienden a más de 300 pacientes por enfermedades como malaria e infecciones del virus causante del sida (VIH).

Según Mutile, otra de las principales razones para iniciar este proyecto nace de la necesidad de proteger a las mujeres, con frecuencia agredidas sexualmente, e incluso violadas, durante el camino de una media hora hasta poder coger agua.

“Antes me levantaba a las cinco de la mañana para ir a buscar agua, y en el trayecto los hombres siempre te asaltaban o te decían algo”, relata a Efe una vecina de Kibera, Morin Awuor, que vive a pocos metros de uno de los puntos de distribución.

“Ahora es mucho más sencillo y me siento más segura”, comenta Morin.

Los cárteles o grupos que dominan la industria del agua en Kibera todavía están operativos, pero gracias a un acuerdo, la distribución de agua durante los días de semana se realiza principalmente a través de las tuberías aéreas, mientras a ellos se les reserva los fines de semana.

Abastecen a 84.000 personas

Vista aérea de Kibera en Nairobi, el barrio de chabolas más grande de Kenia y uno de los más grandes de África.
EFE/Halden Krog

No obstante, día tras día, nuevos vecinos de Kibera deciden comprar agua de estas nuevas instalaciones -pintadas de azul y que sobresalen sobre un océano de uralita-, de las que ya se benefician unas 84.000 personas, pese a que solo se hallan disponibles en los distritos de Gatwekera y Kisumu Ndogo.

“Hemos conseguido reducir los costes y vendemos 20 litros por dos chelines (0,02 euros) mientras que antes el precio no bajada de los diez. El dinero que las mujeres, en su mayoría amas de casa, se ahorran del agua lo usan para pagar el alquiler o las tasas escolares de sus hijos”, señala Mutile.

El trajín de niños que se aproximan a los puntos de venta es constante, cargados con sus garrafas de color amarillo y sus monedas de chelines, para desaparecer segundos después intentando encontrar el equilibrio con el peso añadido.

Premio internacional 

El pasado agosto, este proyecto de saneamiento recibió el Premio Humanitario Conrad N. Hilton, el más importante del sector con una dotación económica de dos millones de dólares; cantidad muy superior a la de cualquier Premio Nobel.

Ganadores anteriores del premio Hilton incluyen prestigiosas ONG como Médicos sin Fronteras (MSF) en 1998, pero esta es la primera vez que recae en una entidad centrada en mejorar el día a día de quienes malviven en los suburbios.

“Este galardón es importante porque es nuestra responsabilidad retribuir a la comunidad y luchar porque todo el mundo tenga acceso a agua potable, sanidad y una buena educación”, reclama Mutile, que aspira con ese dinero a llevar agua “a todas y cada una de las personas de Kibera“. EFEverde




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