Gallego (Barcelona, 1964) se dedica desde hace años a la comunicación -colabora habitualmente en medios de prensa escrita, radio y televisión -, si bien «por respeto a la profesión» no se reconoce periodista, sino que reivindica la figura del «divulgador ambiental».
Su prioridad, dice, es transmitir el mensaje de que «conservar la naturaleza es tan importante como conservar el patrimonio natural o el histórico», pues «a nadie se le pasa por la cabeza montar una fiesta rave en la Basílica del Pilar o hacer un campeonato de atletismo en el Museo del Prado».
Disfrutar en la naturaleza
La estrategia que él ha elegido consiste en «hechizar con la naturaleza a quienes todavía no han caído en su encanto» a través de sus artículos y los más de 20 libros que ha escrito, entre los que ahora se incluye «Disfrutar en la Naturaleza» (Alianza Editorial), que es -a su juicio- «una crónica sentimental en verde, parafraseando a Paco González Ledesma».
«Es un catálogo de propuestas para ser feliz», decide Gallego, y matiza que, «aunque pueda sonar naíf, como los libros de autoayuda de ‘¿Quién se ha comido mi queso?’ o ‘El monje que vendió su Ferrari'», su último libro «no tiene otro afán que el de despertar amor».
En él retrata, más que situaciones en la naturaleza, las sensaciones -propias y ajenas- que ha experimentado en ella: desde los campamentos Félix Rodríguez de la Fuente organizados por la ong conservacionista ADENA (actual WWF) a las que él llama «jornadas de campo sin salir de casa», apoyado por el único «elemento indispensable para todo observador del entorno: la curiosidad».
Así, dedica un capítulo a describir «la hora violeta», que es «esa hora de la tarde en que el sol se apaga y la oscuridad todavía no alcanza a echarse encima de uno, cuando la naturaleza está en un momento de ‘impás’, y no hablo de otra cosa más que de la luz», señala.
«La naturaleza necesita amantes, no coleccionistas»
Advierte no obstante que, con la naturaleza «no hay que obsesionarse», y por ello el título que ha elegido para el libro es precisamente «disfrutar en la naturaleza» y no «de» ella.
Desaconseja por tanto «salir a buscar lobos» con el único objetivo de encontrarlos pues, en su caso personal, «todos los encuentros han sido accidentales».
«La naturaleza te hace regalos», insiste, y no se trata de «apuntar en una libreta que has visto a un lince o a una especie de ave», sino de disfrutar a conciencia de su entorno, argumenta, y concluye que «la naturaleza lo que necesita es amantes, no coleccionistas».
El naturalismo en España
Considera que, en España, «hemos pasado de un momento cumbre» en cuanto a la presencia del naturalismo en la sociedad -cuando «en los años 70 el personaje más famoso que había en el país era un naturalista, Félix Rodríguez de la Fuente, que convocaba cada viernes en la televisión a todas las familias»-, a un «agujero absoluto».
Con todo, se siente optimista, y recalca que «ahora parece que se está recuperando», pues «hoy ya somos unas diez o quince personas que estamos en las radios, en las televisiones y en los periódicos empujando», y «esta infantería de amantes de la naturaleza que sale cada día a los medios me da esperanzas». Efeverde




