ECUADOR ANIMALES

Una jaguar paralizada tras recibir 18 disparos vuelve sana a la selva en Ecuador

Una jaguar paralizada tras recibir 18 disparos vuelve sana a la selva en Ecuador Foto cedida por el Instituto Tueri de la U. San Francisco de Quito de la jaguar D'Yaira. EFE

D'Yaira, una jaguar que hace año y medio quedó cuadripléjica por uno de los 18 perdigones disparados por cazadores y que aplastó su médula espinal, ha vuelto sana a la selva de Ecuador, con un collar rastreador, tras superar dos delicadas operaciones.

A finales de 2015, la Policía ambiental encontró a la jaguar -de dos años- herida en el cantón Shushufindi, en la provincia amazónica de Sucumbíos y la trasladó al hospital veterinario de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) que, a través del programa Tueri, recauda fondos para ayudar a animales.

Herida por 18 perdigones

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Foto cedida por el Instituto Tueri de la Universidad San Francisco de Quito que muestra a la jaguar D’Yaira en 2016 luego de ser rescatada por el Instituto. EFE/Cortesía Instituto Tueri de la Universidad San Francisco de Quito

Ahí constataron que la jaguar tenía 18 perdigones en su cuerpo, que, presumen, fueron disparados por cazadores desde un árbol o un lugar alto pues todos estaban en el lomo y cabeza de D’Yaira, que en lenguaje ancestral secoya significa “tigre o jaguar valiente”.

A falta de neurocirujanos veterinarios en Ecuador, se echó mano de profesionales en esa especialidad para humanos a fin de extraer el perdigón que afectaba a la médula espinal y que impedía que la jaguar moviera sus patas y la cola, explicó a Efe el coordinador ejecutivo del Instituto de Medicina de la Conservación de Fauna Silvestre Tueri, Andrés Ortega.

Después de dos meses de la operación, en la que intervinieron 18 médicos entre veterinarios y neurocirujanos, así como una fisioneuróloga, se trasladó a la jaguar a un parque ecológico en Nueva Loja (Sucumbíos) donde se trata a animales rescatados.

El co-director de la Estación de Biodiversidad Tiputini de la USFQ, David Romo,  explicó a Efe que se trasladó al ejemplar a ese sitio para que vuelva al “clima y ambiente propio del jaguar” sin contacto con humanos, una cercanía que se evitó durante todo el proceso para que el animal no genere ningún apego o dependencia con las personas.

De vuelta a su hábitat

El experto comentó que el Parque Nacional Yasuní- hasta donde ha sido trasladada D’Yaira-, es una de las zonas de mayor densidad de jaguares en América.

“Hemos escogido el Parque Nacional Yasuní y la Estación Tiputini porque está lo más alejado posible de todo tipo de comunidades”, comentó Romo y agregó que en la zona hay abundancia de comida.

D’Yaira es una hembra joven, lo que favorecerá su reinserción en la zona pues no suelen moverse mucho y no son territoriales como los machos, han explicado los expertos.

“El hecho de que sea liberada en esta zona, va a refrescar un poco la sangre de los jaguares de este sitio”, ha sostenido Ortega al recalcar que la jaguar estará en una selva virgen.

Vigilancia de sus movimientos

La jaguar porta un collar que emitirá información de su ubicación cada dos horas, ha explicado Romo y ha asegurado que si la jaguar no se mueve durante varios días, el dispositivo emitirá una señal que avisará sobre su fallecimiento.

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Foto cedida por el Instituto Tueri de la Universidad San Francisco de Quito que muestra a la jaguar D’Yaira en 2016 luego de ser rescatada por el Instituto. EFE/Cortesía Instituto Tueri de la Universidad San Francisco de Quito

Además, contarán con señal de telemetría que los guiará al lugar exacto donde esté el ejemplar de la familia de las “panthera ONCA”, en peligro de extinción, es de color amarillo-dorado con rosetas negras, que ha cambiado toda su fórmula dentaria y pesa 42 kilos.

“Es muy atenta, muy ágil, es muy guapa y ya no tiene los signos neurológicos de cuando fue atacada por cacería ilegal”, ha comentado Ortega y ha señalado que durante las intervenciones no lograron sacar todos los perdigones pues algunos “quedaron muy profundos en su musculatura o cerca de articulaciones”.

Sacarlos podría haberle causado lesiones muy grandes al animal, ha comentado y ha añadido que descartaron la probabilidad de que los perdigones que quedaron dentro de D’Yaira diseminen plomo en su cuerpo.

Ortega sostiene que la jaguar ha tenido una “segunda oportunidad” de vida y es un mensaje vivo sobre las posibilidades de protección de la naturaleza, donde los jaguares pueden vivir entre 18 y 20 años, tiempo en el que D’Yaira puede también reproducirse.

D’Yaira es “una embajadora porque ha llegado a cientos de personas con ese mensaje de regreso a la naturaleza, de volver a ser libre luego de haber sido afectada por el ser humano”, ha concluido el experto, no sin antes recordar algunas complejas y dolorosas etapas.

“En algunos momentos, dada la dificultad y el problema neurológico que tenía pensábamos que lo mejor era evitarle el dolor, el sufrimiento y hacer que ella se quede dormida”, ha explicado, y ha destacado la fuerza de la jaguar para superar la adversidad y la tenacidad de los cuidadores que ahora la han liberado. EFEverde




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